Entretenimiento

Los Calzones, la banda de ska que convirtió Bariloche en un escenario y a los egresados en su tribuna más fiel

Marcelo “Pingüino” Del Grosso no se saca las gafas negras ni para las entrevistas. Son parte del personaje, casi tanto como esa risa franca que aparece una y otra vez mientras recuerda anécdotas de una carrera que ya roza los 40 años. Fundador y voz de Los Calzones, habla desde Bariloche, una ciudad que ocupa un lugar especial en la historia de la banda.

Todo empezó en 1988 cuando todavía se llamaban Los Calzones Rotos y eran un grupo de pibes de Lomas de Zamora que pasaban horas zapando en el altillo de la casa de Pingüino. Después llegaron los primeros shows en bares y centros culturales, donde combinaban temas propios con covers de Madness, Bad Manners y The Specials, aprendidas de casetes grabados que iban pasando de mano en mano entre amigos, porque comprar uno era costoso.

De ese intercambio nació una banda que abrazó el ska cuando en Argentina el género recién empezaba a asomarse de la mano de los primeros discos de Los Fabulosos Cadillacs.

Sin compañías detrás, sin padrinos, ni productores y con más entusiasmo que recursos, Los Calzones fueron creciendo de manera independiente, editando sus propios discos, recorriendo el país y construyendo una identidad que mezclaba el espíritu festivo del ska británico con una impronta bien barrial y bonaerense.

Los Calzones en 2001, mismo año en el que lanzan Plástico, su sexto disco. Foto: Archivo Clarín

A comienzos de los años ’90 la banda llegó a Bariloche para hacer promoción, como podía haberlo hecho en cualquier otra ciudad. Pero cada vez que sonaba Porrompompero en los boliches, la reacción era explosiva. Lo mismo pasaba en los recitales. Los estudiantes que llegaban a la nieve para celebrar su viaje de egresados se apropiaron rápidamente de las canciones y no tardó en aparecer la propuesta de una empresa de turismo estudiantil para que el grupo tocara en vivo como bienvenida a los jóvenes que arribaban a la ciudad.

Durante meses tocaron todas las noches para miles de estudiantes que llegaban desde distintos puntos del país. La experiencia fue creciendo tanto que terminaron instalándose largas temporadas en la ciudad, prácticamente viviendo allí. Así, casi sin buscarlo, Los Calzones se convirtieron en la banda oficial de los viajes de egresados y de varias generaciones de argentinos.

Hoy, a casi cuarenta años de aquellos primeros ensayos en Lomas de Zamora, Los Calzones presentan Huella, su décimo disco. Entre recuerdos, risas y anécdotas de ruta, Pingüino repasa en esta charla con Clarín la historia de una banda que hizo de la independencia su sello.

Los Calzones tuvieron varios cambios de músicos en sus cuarenta años de carrera. Foto: Gentileza Pingüino

Pros y contras de Bariloche

-¿Qué representa hoy Bariloche para Los Calzones, después de tantos años?

Bariloche representa una etapa de la banda en la que compusimos menos música. Era tanto el trabajo que terminamos olvidándonos de la carrera. Es una parte muy importante de nosotros. Fueron muchos años y, además, millones de personas que nos escucharon. Pero es una etapa terminada, al menos artísticamente.

¿Y qué los llevó a tomar la decisión de dejar de ser “la banda de Bariloche”?

Unos meses antes de la pandemia volvimos a México, después de muchos años, y volvimos a vivir la experiencia de los fans con la banda. Eso nos hizo un clic en la cabeza. A partir de ahí hubo un replanteo interno y definitivamente fue el regreso a los escenarios del mundo y a dejar, de alguna forma, Bariloche.

Volvieron las ganas de componer y de mostrar la banda, siempre desde un perfil independiente y cuidando mucho los detalles. Al mismo tiempo, el mundo estaba cambiando. De a poco empezaban a desaparecer los CD y aparecían las redes y los medios digitales de distribución, a los que también accedimos. Entonces empezamos a vivir otra película y esa nostalgia nos encantó. Dijimos: “Volvemos”.

-A veces la vida obliga a cerrar ciclos y, con el tiempo, uno descubre que era necesario. ¿Les pasó eso con Bariloche?

-Sí, muchísimo. Te vas adaptando. Bariloche es una ciudad preciosa, con una naturaleza increíble. Es una ciudad chica, con sus pros y sus contras. Después de esa etapa volvimos a Buenos Aires y, antes de Huella, sacamos Chamuyo, que nos fue muy bien desde la independencia y nos devolvió al mundo.

La banda Los Calzones está compuesta actualmente por Marcelo Del Grosso

Después llegó Huella, con una banda que ya estaba tocando en conciertos grandes y nos dábamos el gusto de tomar determinadas decisiones a la hora de grabar.

-¿Qué decisiones?

-Huella fue grabado en Miami, en Criteria Studios, donde, entre otros, grabaron The Police, Bob Marley y Soda Stereo. Hay un listado larguísimo. Al contrario de lo que hacen las nuevas generaciones, nosotros fuimos en busca de lo analógico, de lo vintage: las consolas viejas, los instrumentos viejos y los micrófonos viejos. Buscábamos un sonido distinto.

Hoy, cuando escuchamos el disco, nos sentimos totalmente orgullosos porque sentimos que suena diferente a todo lo anterior.

-Venían de una época en la que todavía existían los discos físicos. ¿Cómo fue adaptarse a Spotify, YouTube, Instagram y toda la nueva industria digital?

-Nunca les dimos bola. Esa es la realidad. Fue un dolor de cabeza. Nosotros simplemente subimos las cosas y el resto lo hizo la gente. Hasta hace unos años no le dábamos ninguna importancia.

-¿Literalmente nada?

Te juro. Nada. Nosotros sentíamos que era como volver a poner los discos en la disquería: el que le gusta lo va a comprar. Sin ocupar un lugar en los grandes medios, lo que pasa con la banda es muy fuerte. Pasa por las redes sociales o de boca en boca, pero no a través de lo comercial. Pasa por el gusto de la gente. Y por eso crece exponencialmente.

Los Calzones publicitan sus propios shows. Todo a pulmón. Foto: Gentileza

Desde la página web oficial hasta las redes sociales, pasando por los videos que suben a YouTube y la música que publican en Spotify, buena parte del trabajo sigue pasando por las manos de los propios integrantes. “No entendemos mucho, pero le metemos igual”, bromea el líder de la banda. Lo mismo ocurre con la promoción de los shows: muchos de los flyers y materiales de difusión los hacen ellos mismos

-Después de tantos años de trayectoria, ¿a qué público sienten que le hablan cuando componen?

-Nosotros no le hablamos a ningún público. Somos totalmente egoístas: componemos para nosotros. Componemos en la sala. En lo musical, zapamos y grabamos; después seleccionamos lo que más nos gusta. En cuanto a las letras, alguien trae una frase, una estrofa o un pedazo de letra y la terminamos de completar juntos, a medida que crece la canción. Al final queda aquello que sentimos que todavía no habíamos hecho, que nos divierte o que nos parece distinto. No pensamos en quién la va a escuchar. Pensamos en nosotros mismos y en qué nos da gusto mostrar de nuevo.

-¿Escuchan los géneros que hoy están de moda? ¿Qué les pasa con la música nueva?

Escuchamos de todo. Es parte de la información que tenemos que tener. Ahora, si me preguntás: “¿Te pondrías un disco de RKT en tu casa para escuchar?”, ahí está más complicado (risas)..

¿Y aceptarían una colaboración con artistas de las nuevas generaciones?

-Nosotros hemos hecho colaboraciones, pero no porque hayamos buscado invitaciones. Voy un poco más atrás. En 2001 nadie hacía colaboraciones como se hacen hoy. Ese año, nosotros hicimos un disco que se llama Plástico, un homenaje al rock argentino con canciones del rock nacional llevadas al ska. Ahí tuvimos a Calamaro, Cerati y un larguísimo listado de invitados. Sentíamos que estábamos haciendo algo distinto, y eso es lo que nos gusta.

Hoy, en un mundo completamente digital, todo el mundo tiene invitados. Como no nos gusta hacer lo que hace todo el mundo, en este disco no pusimos ninguno.

-¿Esa necesidad de hacer las cosas a su manera también explica por qué tardaron siete años para sacar Huella?

-Nosotros sacamos un disco cuando tenemos algo que decir. Como no tenemos ningún compromiso discográfico, podemos sacar cuando queremos, como queremos y cuando se nos da la gana. Eso nos permite asegurarnos un resultado no contaminado. Después, si sale bien o mal, entramos en otra discusión. Pero, en principio, pasaron siete años entre Chamuyo y Huella y nosotros sentimos que la banda avanzó, creció, compone mejor y que el disco nos hace sentir orgullosos de lo que hicimos. Eso es lo que nos parece que está bien.

-¿Qué desafíos implica no tener un equipo grande o managers que decidan por ustedes?

-Tenemos la suerte de vivir el backstage de muchos otros artistas y hay lugares en los que no nos gustaría estar. Por ejemplo, aquellos artistas que tienen managers que no les permiten acceder a su público con la excusa de cuidarlos. Me parece que ambas partes se pierden algo.

Nosotros somos bastante más callejeros y, por supuesto, también te perdés algo. Pero lo que seguro no perdemos es la relación con la gente. Probablemente, sea lo más esencial de nuestra carrera: poder mostrar las cosas como nosotros las sentimos y queremos, sin un filtro comercial de por medio.

La canción para Messi

-Hace poco sacaron Lleva, una canción dedicada a Messi. ¿Saben si él la escuchó o si recibieron algún mensaje?

-No nos llegó ningún mensaje y tampoco queríamos romper mucho… porque ya sabíamos lo que estaba pasando con su padre. Entonces fuimos los más ubicados que pudimos. No sabemos si la escuchó o no. Lo que sí sabemos es que, hablando de redes, la canción en YouTube se disparó con millones de reproducciones. Eso nunca nos había pasado (1.3 M de reproducciones).

[embedded content]

-¿Por qué sintieron que Messi merecía una canción?

-Nosotros hicimos varios homenajes. Hicimos uno a los chicos que fueron a pelear a Malvinas, después un tema dedicado a Diego Maradona y otro homenaje al rock argentino. Son íconos de cosas que pasaron en nuestra vida. Y en nuestra vida también pasa Messi. La Copa América, el campeonato del mundo, todos los récords… Es argentino, como nosotros, y después de ver todo lo que jugó en ese Mundial y todo lo que soportó, incluso viendo cómo se le iba su padre, se merece ese homenaje.

Los Calzones en Las Islas Malvinas, donde homenajearon a los veteranos que convatieron en la guerra contra Inglaterra. Foto: Los Calzones

-Con este nuevo disco, ¿qué lugares tienen ganas de conocer y qué públicos todavía sienten que les quedan por conquistar?

Tenemos el compromiso de ir a Japón, donde hay un nicho importante a pesar de la barrera del idioma. La música es música y el ska siempre es ska. Así que, si Dios quiere, ahí estaremos. También queremos ir a Australia.

Related Articles

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Back to top button