García Harfuch avanza en las encuestas y se acerca a los niveles de conocimiento de Ebrard


En diversos conciliábulos del oficialismo se consumen, de modo recurrente, encuestas que comienzan a mostrar que el secretario de Seguridad Omar García Harfcuh se ubica cada vez más cerca de los niveles de conocimiento de Marcelo Ebrard, en torno al 80%. Indicadores cruciales cuando se habla del 2030.
A inicios de año, un calculo recurrente en el gabinete era que Ebrard sería una opción preponderante para la sucesión de Claudia Sheinbaum y que García Harfuch podía volver a competir por la CDMX, ya sin la objeción de los duros de la 4T.
Pero ese ánimo está cambiando. La renegociación del T-MEC no avanza según lo previsto, Ebrard ha afrontado cuestionamientos por sus manejos políticos y personales (el caso de la embajada en Londres) y la presidenta, según dicen en su entorno, tiene cada vez más dudas de la capacidad del secretario para sostener el acuerdo de América del Norte.
Para entender: el viaje de Sheinbaum de este fin de semana a la final de la Copa del Mundo, junto a Donald Trump y Mark Carney, obedece al entendimiento de que la situación del T-MEC no es la mejor.
Ebrard avanza en su estructura territorial para el 2030 pero, si no logra claridad en el plano comercial, será complicado que pueda regresar al Senado para alistar su aspiración.
En paralelo, García Harfuch crece en las encuestas, comienza a diseñar su proyecto presidencial pero también está atado a una coyuntura compleja: hacer equilibrio entre los acuerdos con Estados Unidos y la preservación de su imagen al interior de un movimiento históricamente vinculado a la disrupción, que no termina de asimilar como un mandato el corte de ciertas vinculaciones clandestinas.
Encuestadores que circulan en Morena entienden que, si bien el secretario de Seguridad puede generar anticuerpos entre Los Puros, también es cierto que puede ser la única oportunidad de retener el Gobierno.
Una de las claves sería el voto de los jóvenes: García Harfuch es de los pocos políticos de la 4T que tiene peso en la franja de votantes de menos de 30 años.
¿Y quien estaría en condiciones de vencer a Morena? Esa pregunta también resuena en la cúpula. La oposición vive en su estado natural de desconcierto y no aparece, de momento, un liderazgo consistente.
Sin embargo, frente ese diagnóstico se menciona la tesis de que, cuando las circunstancias lo propician, la opción que canaliza el malestar general aparece. El ejemplo recurrente es Colombia: Abelardo de la Espriella pasó, en seis meses, de ser un candidato marginal a desbancar a la izquierda y convertirse en presidente electo.



