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El triunfo que llegó entre lágrimas y asfalto mojado

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Laura Galván todavía no lo termina de creer

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Laura Galván todavía no lo termina de creer. Ni siquiera cuando colgó la medalla de oro en su cuello, ni cuando sonó el himno, ni cuando la prensa la buscaba para felicitarla. “Nunca pensé ganar así”, confiesa con la voz aún ronca por el esfuerzo.

La carrera de los 10 mil metros en los Juegos Centroamericanos 2026 no fue una tarde cualquiera. El aire pesaba como una cobija mojada y la humedad se pegaba a la piel antes de cruzar la línea de salida. Las piernas, que suelen responder con obediencia, esta vez pedían tregua a cada vuelta.

“Fue una de las carreras más duras que he corrido”, admite. “No era solo el ritmo, era el clima, era la presión de representar a México, era saber que todas querían lo mismo que yo”.

Galván no tuvo una noche tranquila previa a la competencia. El calor no la dejaba dormir y en su cabeza repasaba una y otra vez la estrategia, las rivales, los kilómetros que ya había recorrido en entrenamiento. Nada la preparó para lo que sintió en la pista.

En la recta final, cuando el cuerpo pedía detenerse, algo más fuerte la empujó. No recuerda el momento exacto del cruce, solo el vacío después del esfuerzo y el abrazo de su entrenador que le repetía “ya está, ya está”.

La medalla cuelga ahora en su cuarto, pero Laura asegura que no la mira para recordar el triunfo, sino para no olvidar todo lo que costó llegar ahí. “Ganar es bonito, pero lo que vale es lo que aprendes cuando todo parece perdido”.

A sus 29 años, la fondista mexicana sabe que cada carrera es una historia distinta. Esta, estoy segura, la contará muchas veces. Y cada vez que lo haga, la humedad de aquella tarde volverá a su memoria, pero también la certeza de que los sueños, a veces, se cumplen de la manera más inesperada.

— Fuente: original

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