“Ni en mis mejores sueños”: Laura Galván y la victoria que llegó entre lágrimas y asfalto mojado


Nota:
Cuando Laura Galván cruzó la meta, no hubo brazos en alto ni gritos de euforia. Solo el silencio pesado de la tarde y un nudo en la garganta que le impidió hablar durante varios minutos. Había ganado los 10 mil metros de los Juegos Centroamericanos 2026, pero la sensación, confiesa, no fue la de un triunfo limpio.
“Nunca pensé ganar así”, admite la fondista mexicana, todavía con la voz ronca por el esfuerzo. “Uno imagina la gloria con sol, con récord, con la tribuna coreando tu nombre. Esto fue distinto. Fue sobrevivir, más que correr”.
La humedad fue la verdadera rival. Un manto espeso que se pegaba a los pulmones y volvía cada zancada un acto de fe. “Sentía que corría dentro de una bolsa de plástico”, describe. “Las piernas respondían, pero el aire no entraba. A los tres kilómetros ya sabía que no iba a haber marcas personales. Solo quedaba resistir”.
Y resistió. No con estrategia brillante, sino con terquedad. Dejó que el grupo la llevara, aguantó los ataques en las curvas y esperó el error ajeno. Llegó en el momento justo, cuando las demás ya no tenían fuerzas ni para mirar el cronómetro.
“Gané fea, gané sufriendo, pero gané”, dice con una sonrisa cansada. “Y quizá por eso vale más. Porque no fue un regalo. Fue una pelea contra mí misma, contra el clima y contra las dudas”.
Detrás del podio, mientras se quitaba los clavos de los zapatos, Laura soltó por fin el llanto que había contenido. No era alegría pura. Era alivio. “A veces el triunfo no se siente como victoria, sino como un final de pesadilla. Pero al final, el metal pesa igual en el cuello”.
Con esta medalla, la mexicana suma su tercer oro centroamericano, aunque asegura que ninguno le había costado tanto. “El próximo año, si hay sol, tal vez pueda correr bonito. Pero esta medalla, la fea, la voy a guardar siempre en un lugar especial. Es la que más me costó”.
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