Cómo convivía el Indio Solari con la enfermedad que lo fue alejando de los escenario: “No sirvo para ser viejo”



Carlos “Indio” Solari murió este viernes a los 77 años, tras una larga lucha contra el Parkinson, una enfermedad neurodegenerativa que lo acompañó durante los últimos años de su vida y que eligió transitar con el perfil bajo que siempre eligió para su vida.
Aunque el diagnóstico se conoció públicamente en 2016, el exlíder de Los Redonditos de Ricota ya convivía desde hacía tiempo con un deterioro físico que lo obligaba a cambiar hábitos, tomar medicación y replantear su relación con los escenarios.
El Parkinson es una enfermedad progresiva que afecta al sistema nervioso. Con el paso del tiempo puede provocar temblores, lentitud en los movimientos, problemas de equilibrio y rigidez muscular. Cada paciente la atraviesa de manera diferente y, en el caso del Indio, el síntoma más evidente no era el temblor sino justamente la rigidez.
Fue el propio músico quien habló durante una entrevista con Mario Pergolini, grabada en la previa del histórico recital de Tandil. Esa misma noche, frente a casi 150 mil personas, terminaría anunciando públicamente que padecía la enfermedad con la frase “Mr. Parkinson me está pisando los talones, pero acá estoy“.
En aquella charla, Solari evitaba incluso nombrarla. La llamaba “la cosa”, “el malestar”, “el sufrimiento” o “la dolencia”. Le costaba pronunciar la palabra Parkinson, aunque ya formaba parte de su rutina diaria. De hecho, en la charla llevaba consigo un pastillero dividido por días para organizar la cantidad de medicamentos que debía tomar. Entre risas, admitía que a veces se olvidaba alguna dosis. El cuerpo, decía, se lo hacía saber enseguida a través de la rigidez.
También contó cómo empezó a notar que algo no andaba bien. “Me empecé a dar cuenta porque de pronto un día me iba a cortar las uñas y empecé…”, dijo antes de dejar la frase inconclusa en la que parecía que pensaba en decir “temblor”. La cámara mostró entonces un leve temblor en sus manos. Durante un tiempo llegó incluso a confundir algunos síntomas con cuadros de claustrofobia.
La enfermedad apareció además en un momento en el que el Indio reflexionaba cada vez más sobre el paso del tiempo. “No sirvo para viejo“, confesó con 67 años durante aquella entrevista.
Con su habitual mezcla de ironía y crudeza, sostenía que los seres humanos tienen “50 años de vida genética, de plenitud” y que, a partir de ahí, son pocos los que llegan bien. Los últimos años, decía, “se padecen”.
Entre risas, también reconocía que nunca había sido precisamente un ejemplo de vida saludable. De hecho, frente a las cámaras, baja la medicación con un vaso de whisky, rebajado con agua.
Con el paso de los años, el Indio fue hablando cada vez con más sinceridad sobre el avance de la enfermedad. En 2022, cuando tenía 73 años, brindó una entrevista al periodista español Mariskal Romero para Rock FM y dejó uno de los testimonios más crudos sobre cómo era convivir con el Parkinson.
“Es una enfermedad muy jodida, muy invalidante, voy camino a eso… se nota la progresión, el éxito que va teniendo el profesor Parkinson con mi vida. Pero también tengo la posibilidad de hacerme un tratamiento que me mantiene… yo estoy en ascensión hace como siete años ya”, explicó con una mezcla de ironía y resignación que caracterizó gran parte de sus declaraciones sobre la dolencia.
Lejos de esconder la dureza del diagnóstico, también contó cómo encontraba refugio en la creatividad para sobrellevar el día a día. “Yo sinceramente me siento bien, inclusive me abstraigo mucho del trabajo, estoy pintando, escribiendo y mucho, porque es la manera de apartarme del dolor permanente de esas contracturas que el cuerpo tiene, abstraído en esas cosas. Ahora, cuando dejo de hacerlas, en los horarios de descanso, se viene el golpe. No es sopita, es una enfermedad jodida”, reconoció.
Aunque tambien tenía días malos. De eso hablo con Andy Kusnetzoff, a quien le contó que había mañanas en las que podía tardar hasta 40 minutos en ponerse un suéter, una tarea simple que para cualquier persona demanda apenas unos segundos
Sin embargo, detrás de esas reflexiones había una voluntad muy clara de seguir adelante. “Yo quiero vivir lo más que puedo”, aseguró el actual conductor Otro día perdido. Aunque la enfermedad lo fue alejando de los escenarios y reduciendo sus apariciones públicas, nunca abandonó del todo la música. Y sus últimos días mantenía una vida cada vez más reservada en Parque Leloir.
“Yo soy un adorado de la juventud y desgraciadamente es una cosa que inevitablemente se me escapa de las manos“, reconocía también en aquella conversación con Pergolini.



