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Alejo Pérez y su regreso al Colón como director de la Orquesta Estable: “Hay que hacer magia y vamos a sacar del sombrero todas las palomas”

“Me siento muy a gusto con la orquesta; tiene una llama mística, un fuego sagrado desprovisto de ego”, dice Alejo Pérez, flamante director titular de la Orquesta Estable del Teatro Colón. Este domingo 3 de mayo debutará en su nuevo rol con un programa que reúne la Sinfonía n.° 6 Pastoral de Ludwig van Beethoven y la Sinfonía fantástica de Hector Berlioz.

“A la hora de tocar, especialmente en el foso, la orquesta tiene un orgullo muy sano de pertenecer a ese lugar casi sagrado donde late el corazón del teatro”, agregó el director, que recibió a Clarín en su camarín del Colón mientras dejaba correr los dedos sobre el piano, todavía en forma tras años de práctica.

Alejo Pérez (1974) es uno de los directores argentinos con mayor proyección internacional, con una sólida carrera en los principales teatros y orquestas de Europa. Formado en el país, su camino dio un giro decisivo cuando, siguiendo el consejo de su profesor Guillermo Opitz, viajó becado a Karlsruhe para perfeccionarse con Peter Eötvös, una experiencia clave en su formación en repertorio y dirección contemporánea.

Más tarde, ya instalado en Paris, continuó su desarrollo acompañando al maestro en ensayos con orquestas de primer nivel, combinando práctica real y aprendizaje directo, lejos del enfoque puramente teórico.

Con ese bagaje, construyó una carrera destacada en el ámbito operístico y sinfónico, con presencia en escenarios como el Salzburg Festival. Entre 2019 y 2025 fue director musical de Opera Vlaanderen en Bélgica.

En octubre 2025 se anunció la designación de Alejo Pérez en su rol de director titular. Dado que el Teatro Colón suele verse atravesado lamentablemente por los vaivenes de la política, ante la proximidad de las elecciones, se estableció con el director un contrato inicial de solo dos temporadas.

Alejo Pérez dice que para esta temporada aspiró a armar programas que contaran historias. Foto: Ariel Grinberg

Volver con una responsabilidad diferente

-¿Cómo es volver a casa? ¿Fue una decisión difícil de tomar?

-Nunca dejé de tener un cierto grado de actividad acá. Me fui hace 26 años, la primera vez. Después tuve pequeños interregnos de más presencia acá, pero incluso en los años de más actividad en Europa y en Asia, nunca dejé de volver, mínimo una vez al año. Si bien es una orquesta que conozco mucho y nunca perdí contacto con el Teatro, la naturaleza de esta responsabilidad es diferente.

-¿Extrañabas?

-Y, sí, es un poquito la excusa para ver a la familia, pero también son mis raíces. Este es el teatro donde descubrí todo el repertorio por primera vez en vivo desde que era un niño. Entonces hay un costado afectivo muy fuerte.

-¿Cómo encontraste la orquesta?

-Las orquestas acá sufren una especie de pandemia que es dejar vacantes sin cubrir durante años y hasta décadas. Por suerte, a fines del año pasado se hicieron muchos concursos, con lo cual, por fin, hubo muchas vacantes que se pudieron cubrir. Toda orquesta en cualquier lugar del planeta siempre tiene por programa un porcentaje de refuerzos, de contratados. Pero cuando ese porcentaje empieza a superar un razonable 20, 25 por ciento, es para preocuparse.

Alejo Pérez considera que el 90 por ciento del trabajo de un director es en los ensayos. Foto: Ariel Grinberg

-¿Y llevaba varios años así la Orquesta Estable?

-Muchos años sin hacer un curso. La Filarmónica lo mismo. Por suerte, ambas orquestas abrieron finalmente esas vacantes y se cubrieron. Entró mucha gente joven, técnicamente muy capacitada, con un entusiasmo que se les ve, se les siente y contagian. Se produce algo especial en la orquesta, una especie de entrega de ambos lados: los más experimentados están generosamente compartiendo esa especie de antorcha de conocer el repertorio, del savoir-faire, y por el otro lado, se nutren también del entusiasmo natural que traen los más chicos. Eso lo percibí claramente el otro día que arrancamos los ensayos.

-¿Qué rumbo te gustaría darle a la orquesta?

Tanto de lectura musical como la idea de un sonido orquestal determinado. Por lo pronto, para esta temporada, aspiré a armar programas que contaran historias. Tocar en el foso siempre implica poner la psicología que está en la partitura al servicio de: una dramaturgia, un estado emocional, etcétera. En cambio, en el repertorio sinfónico está la posibilidad a veces de dejar explotar la totalidad sonora de la que es capaz una orquesta, que en el repertorio operístico suele ser más acotado, con las voces y desde el foso.

Después tengo una debilidad que es evidente por el repertorio germano, pero también por el repertorio francés, que por ahí se conoce menos, y el repertorio ruso. Tenemos muchas posibilidades de obras para hacer juntos.

Cómo es un buen director de orquesta

Alejo Pérez considera que tener dos orquestas en el Colón es una rareza bienvenida. Foto: Ariel Grinberg

-Imagino que tienen que desarrollar repertorio propio, pero teniendo en cuenta también lo que hace la Filarmónica, ¿no?

-Más allá de la particularidad de que haya dos orquestas en el teatro, una rareza muy bienvenida, no es el único teatro, y las dos orquestas tienen un perfil muy definido. La idea era elegir obras sinfónicas que contaran una historia, que tuvieran un contexto programático o dramatúrgico, es algo que le sienta muy bien a la Orquesta Estable. Por otro lado, es muy significativo y muy sano para una orquesta de ópera tener regularmente la gimnasia de tocar música sinfónica.

-¿Un buen director de música sinfónica es necesariamente un buen director de ópera?

Tengo la idea, tal vez muy simplista, que un buen director de ópera puede dirigir sinfónico y no necesariamente la ecuación invertida funciona. Dirigir ópera es de por sí más complejo, porque uno está manejando más variables. Pero también porque la riqueza del texto es superior, sencillamente porque hay un texto literario que uno intenta servir con la música, con la orquesta y con los cantantes. El nivel de capas puede ser a veces mucho más profundo que el del repertorio sinfónico.

-¿Cómo ejercés hoy tu autoridad como director? En un contexto donde la idea misma de autoridad parece estar erosionada en muchos ámbitos, incluso en la música, ¿cómo se sostiene ese rol? El dispositivo orquestal no parece admitir mucho espacio para el consenso.

-El otro día cuando hicimos la primera lectura con la orquesta dije algo sobre eso. Les hablé a los músicos un poquito sobre la orquesta como estructura absolutamente anacrónica, sumamente piramidal. Incluso, dentro de cada grupo de instrumentos, hay jerarquías. Yo no me siento amigo de esa concepción jerárquica.

-Pero resulta difícil pensar otro funcionamiento porque a la orquesta, como dispositivo del siglo XVIII/XIX, con cien o más integrantes le llevaría muchísimo tiempo de ensayos logar consensos sin una cabeza que dé directivas claras de cómo avanzar.

-A los fines de efectivización del tiempo disponible de ensayo, sencillamente es necesario que haya alguien que diga “vamos por aquí y vamos de esta manera”. Es sencillamente efectivo y no podría funcionar de manera plana o consensuada, como decís. Pero después es sano que haya ámbitos de conversación, de feedback de un lado y del otro. Idealmente el director también tiene que estar interesado en ese feedback, buscarlo.

Al menos una vez por año, Alejo Pérez regresaba para dirigir al Colón. Allí están sus raíces musicales y es el teatro al que asistió desde niño. Foto: Ariel Grinberg

–¿Cómo manejás esa tensión?

El fenómeno ideal –y yo aspiro genuinamente a eso– es esa especie de movimiento mancomunado de que estamos yendo todos en la misma dirección y luego cambiamos todos juntos. Y esa energía, de convencimiento grupal, que es casi hasta lo opuesto de lo que estamos hablando, es como un estado de gracia, como esas bandadas de pájaros que están moviéndose en sincronía absoluta y dibujando en el cielo y no ves una cabeza, una inteligencia visible que esté liderando todo eso.

-¿Es sólo una aspiración o te sucedió alguna vez?

-No sólo es una aspiración, me consta porque ha habido momentos mágicos en mi carrera en los cuales yo lo pude comprobar. Eso existe, es posible, y son momentos tan únicos que hasta el público los percibe.

-Tiene que ver con una sinergia.

-Pero sí, totalmente. El cien por ciento de las veces que lo experimenté partió de una genuina confianza, de un lado y del otro. Yo dejo de dictarles porque confío en que van a venir.

-¿Podrías decir cuáles son tus como debilidades y fortalezas como director?

Cuando era joven, me llevó tiempo dominar el reflejo de querer hacer más de lo necesario. Te lleva mucho tiempo -y muchos años, a veces- descubrir que en realidad lográs más cuando reducís un poquito tu visibilidad. Y lleva tiempo incorporarlo, trasladarlo a tu cuerpo: lo que muestres a nivel a nivel gestual sólo es importante en tanto obtenga un resultado equivalente en sonido; si no, es ruido. La materia prima de la dirección es la experiencia.

El caso Venezi

Alejo Pérez comenta que hay orquestas de primerísimo rango que eligen a sus directores. Foto: Ariel Grinberg

-A propósito de eso, quería preguntarte por Beatrice Venezi, contratada para dirigir la Orquesta Estable y recientemente desvinculada de la orquesta del Teatro La Fenice. Más allá de la polémica, plantea una cuestión de fondo: ¿cómo hace un director joven para ganarse experiencia real si no tiene oportunidades para dirigir? ¿Cómo ves hoy ese proceso de inserción en la profesión?

-Respecto al caso Beatrice, no opino de colegas a nivel profesional. Me parece desagradable. Sí puedo hablar de mi propia experiencia y es lo que les transmito a los chicos que me contactan porque están estudiando o terminando: lo primero es ser paciente. Los primeros años hay que estudiar, estudiar, estudiar, estudiar, y, de a poquito, se van a empezar a abrir las puertas.

Pero son años ingratos, tenés que estar realmente obsesionado con esta actividad y tener la convicción de que no estás desperdiciando los mejores años de tu vida. Hay que estudiar mucho. La materia prima de la dirección es la experiencia y lleva años. Y, claro, esa experiencia, lo que hace desarrollar tu capacidad, son las horas de vuelo. Alguien, en algún momento, tiene que confiar.

-¿Le recomendarías a un joven director muy dotado y talentoso pero sin experiencia que haga horas de vuelo en un teatro con alta exposición?

-Nunca, porque no va a aprender y no va a sacarle provecho. El noventa por ciento del trabajo del director es en el ensayo. Si te ponés adelante una orquesta de un teatro con exposición altísima a aprender, entre comillas, repertorio que no hiciste nunca con orquestas que lo conocen veinte veces mejor, ¿qué vas a hacer?. Ellos van a enseñarte cómo debe sonar la obra, pero sin que vos sepas ni tengas las herramientas para discernir la calidad que te están sugiriendo. Se aprende mucho más en los comienzos cuando te tenés que arremangar y realmente ser vos el que haga sonar a la orquesta mejor de lo que está sonando.

-No existen concursos para designar directores de orquesta. En La Fenice, por ejemplo, la designación es unilateral y política. ¿ Cómo funciona en otros teatros del mundo?

-Depende cada caso. En algunos, la voz de la orquesta es la que define. Hay orquestas de primerísimo rango que hacen cónclaves secretos y los músicos eligen al director. Yo creo, y estoy convencido, que las orquestas tienen que ser consultadas. No puede ser una decisión absolutamente unilateral, de imposición.

Si te parás frente a una orquesta como pidiendo permiso, olvidate. No va a funcionar. Lo ideal cuando aceptás un puesto de titular es haber dirigido la orquesta, saber si hay química o no, porque entrar a una orquesta es una especie de matrimonio. Yo había dirigido la Orquesta Estable muchas veces, nos conocemos, de lo contrario no habría aceptado el cargo.

También existe otra variable -dependiendo qué ciudad, país, cultura- donde a la figura del director titular se le imponen ciertas capacidades que exceden lo meramente musical. En los Estados Unidos, por ejemplo, el director de orquesta se enfrenta a la necesidad muy fuerte de salir a buscar mecenas privados, es como una figura tipo embajador y tiene que tener un gran carisma social. Yo no podría ni no sabría hacerlo, pero hay mercados culturales en los cuales es absolutamente indispensable eso. Entonces, que dirijas bien, por ahí es importante, pero es una parte de la ecuación

Alejo Pérez asegura que la "Sinfonía fantástica" de Berlioz es una fiesta para el director y para la orquesta. Foto: Ariel Grinberg

-La Sinfonía fantástica de Berlioz que harán el domingo ofrece un verdadero lucimiento para toda la orquesta, una obra extraordinaria desde lo musical y lo expresivo. ¿Es una de esas obras que los directores disfrutan de manera especial?

-¡Sí! Es un viaje la obra. Estamos hablando de una generación que consumía opio, era de dandy fumar opio y tener esos delirios. Un romanticismo genuino, de búsqueda y de descubrimiento, de imaginación onírica. Es una fiesta para el director y también para la orquesta. No sólo en la combinatoria de instrumentos, sino que cada grupo y cada instrumento está exigido a mostrar y darlo todo. Hay que hacer magia y vamos a sacar del sombrero todas las palomas.

Ficha

Compañía: Orquesta Estable del Teatro Colón Director: Alejo Pérez Programa: Ludwig van Beethoven, Sinfonía n.° 6 en fa mayor, op. 68, “Pastoral”; Hector Berlioz, Sinfonía fantástica Función: Domingo 3 de mayo, a las 17 Lugar: Teatro Colón

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