Pulp en el Movistar Arena: el glorioso regreso de la tercera posición del Brit-Pop



“Recordarán esta noche por el resto de sus vidas”. Pulp trabaja para la posteridad, y la cartelería electrónica, que no termina sino hasta apenas concluidas las casi dos horas y media de show, lo recordará en todo momento. Como un subtitulado de la emoción pronta a entregar. Con instrucciones, ironía, humor y advertencias. Como aquella del principio, dispuesta a fidelizar a la audiencia con una promesa que los hechos corroborarán.
Porque Pulp, o la visión de sueños como cometas frustrados que el alguna vez enclenque y solitario Jarvis Cocker encarnó en su Sheffield (Inglaterra) natal desde mediados de los ‘80, proyecta ese reflujo amplio y bien concreto a una audiencia que fue domesticando de a poco. Su música es todo lo que puede caber entre una banda de indie rock de manual y la pompa candorosa de los artistas que nutren el festival Eurovisión.
Es, siguiendo con la música, caucásica y arrítmica como todo el Brit-Pop, donde supieron manifestarse como tercera opción detrás del River-Boca que encarnaron en aquellos lejanos ‘90 sus contemporáneos Blur y Oasis. Es dramática y graciosa, ejecutada aquí en vivo por un grupo de músicos que prefieren estar más cerca de la tosquedad que de la sutileza, aunque puedan abarcar todo el paño.
Pulp es Jarvis, todos lo saben, nadie lo olvida, ni siquiera él. El clown. El actor. El dueño de un espectáculo que tiene mucho de teatro, music hall y de cine.Incluso un intervalo de un cuarto de hora que lo parte al medio y es garantía de continuidad. Sofisticado en la conformación de su rol de cantante y entretenedor (conviven en él los nombres del francés Serge Gainsbourg, del belga Jacques Brel, de sus coterráneos titanes del tecno-pop Human League) convive en él también la faceta genuina de un nerd antihéroe criado en un matriarcado de clase trabajadora.
La gloria de su carrera, interrumpida hacia 2002, retomada en vivo en 2012 a los saltos y avalada discográficamente el año pasado con un nuevo álbum (More) de interesante factura, está basada en un par de hits universales. Uno es la viñeta hedonista Disco 2000, el segundo tema de la noche, o una forma muy Pulp de comenzar por el éxtasis y continuar con el juego previo. El otro sí guardado para los números finales, el vibrante rosqueo de lucha de clases y romance que representa Common People.
En el durante hay clásicos (Razzmatazz, el cálido Sorted for E’s & Wizz con el que abrieron el show, la preciosa Something Changed con el que reabrieron la segunda mitad en versión acústica y la frenética Do You Remember the First Time?), temas del reciente More como la bonita Spike Island, A Sunrise y Tina) y un número que en vivo -la del viernes fue su tercera vez en Buenos Aires contando el Luna Park de 2012 y el Movistar Arena de 2023- cobra calibre de acto central.
Se trata de This is Hardcore, esa suerte de honestidad brutal (y un poco más) concebida con un tono noir cinematográfico que es el pico musical de cada concierto. El aire se tensa y la banda se aplica como si se tratara de el soundtrack de una obra de teatro viva, donde sólo queda lugar para la verdad, por más dolorosa que resulte. Como en el video original de 1998, Cocker va desplumándose de confesión en confesión mientras cae al suelo y la intensidad, y la vida misma, siguen estando ahí.
Del mismo álbum, This is Hardcore (1998) disponen de otros dos títulos: la claustrofóbica The Fear, casi un mantra para que los miedos que vendrán sepan que sabemos que vienen, y A Little Soul, un desliz de country-pop en una banda de evidente prosapia británica, con el que eligen cerrar la actuación y despedirse quien sabe hasta cuándo.Mientras tanto, sí, la noche será recordada.



