Por qué vale la pena ver “Ciudad de sombras”, el atrapante thriller catalán que tiene en la obra de Gaudí a uno de sus protagonistas



La trama, aislada, podría ser la base de un thriller universal, casi genérico. No es que la historia no sea atrapante, pero lo que marca la diferencia en Ciudad de sombras es que la arquitectura del sitio donde ocurren las cosas es el personaje central. Y no se trata de cualquier edificio, sino de obras maestra del gran Gaudí.
La ciudad del título es, precisamente, Barcelona, donde el genio español dejó su magia convertida es espacios, en fachadas, en joyas de autor. La serie que hace unos días estrenó Netflix tensa muy bien las cuerdas de lo criminal, del suspenso, y, en este caso, se luce con el manejo de las sombras de los protagonistas.
Basada en la novela El verdugo de Gaudí, de Aro Sáinz de la Maza, cada uno de los seis episodios está dedicado a la actriz Verónica Echegui, que murió en agosto a los 42 años. En esa ficción póstuma de su trayectoria, ella encarna uno de los dos personajes centrales: la inspectora Rebecca Garrido se suma a un grupo élite de criminología en el que trabajaba Milo Malart (Isak Férriz), un inspector de excelencia que estaba suspendido.
Pero, ya en el primer episodio -cada uno titulado con una obra de Antoni Gaudí, el hombre que hizo de la arquitectura un estilo propio dentro del modernismo– queda claro que la división policial a la que pertenecía vuelve a requerir de sus servicios, a pesar de su pasado.
De entrada las cartas están echadas: él vive abrumado por el sucidio de su sobrino -después se sabrá por qué esas imágenes lo hacen sentir culpable- y otros traumas personales y no es muy bien recibido por sus compañeros, salvo por la jueza Susana Cabrera (Ana Wagener) que lo convoca porque sabe de su don para descubrir causas y autores de asesinatos. Y su compañera, Rebecca, llega desde el exterior donde le sacó más punta a su oficio. Se intuye que carga con un dolor insoportable.
El disparador narrativo de este thriller apunta a un asesino serial que no sólo mata, sino que hace de esas muertes una morbosa puesta en escena, con cuerpos colgando, incendiados, a la vista del público. La obra de Gaudí es su escenario. ¿Sólo una persona es capaz de semejante montaje? Se verá.
Ciudad de sombras tiene muchos pilares sobre los cuales se erige para brillar y sostenerse, como las actuaciones, en la que los tres personajes clave (Rebecca, Milo y la jueza Susana) combinan intensidad y sutileza a la perfección. Los tres actores apuestan a la mesura y a la entrega, con pasión por el oficio, sin soltarles nunca la mano a las heridas y cicatrices de sus criaturas.
Pero, sin duda, el punto máximo es el aprovechamiento de las construcciones emblemáticas de Gaudí -con La Sagrada Familia como abanderada de su colección arquitectónica y cuasi poética- como parte de la trama: no son sólo locaciones, son señales de que quién o quiénes matan saben qué quieren contar con el último aliento de cada víctima.
Y otro de los aciertos de esta serie que figura entre las más vistas de la plataforma es el relato en paralelo de los crímenes por un lado y del encuentro de dos almas rotas por el otro. Las almas rotas no se reparan, pero, en el encuentro, pueden llegar a armar un consuelo compartido con el que el más de uno se anima a seguir.
Thriller Protagonistas: Isak Férriz, Verónica Echegui y Ana Wagener Director: Jorge Ferregrossa Emisión: Seis episodios disponibles en Netflix.



