Pericos desatan tormenta en el infierno y humillan a los Diablos


Fue una tarde de aquellas que duelen y se recuerdan. Los Pericos llegaron al infierno sin avisar, sin pedir permiso y con los bates encendidos. No hubo piedad, no hubo tregua: 21 imparables que cayeron como cuchillo sobre la mesa, mientras los Diablos Rojos veían pasar la pelota sin encontrar respuestas.
En su propia casa, frente a su gente, los escarlatas toleraron lo que casi nunca se les ve aceptar: una paliza de esas que dejan marcas. La ofensiva visitante no dio respiro, convirtió cada error en castigo y cada oportunidad en vuelta a la registradora. El infierno, que suele ser territorio sagrado para los diablos, se convirtió en un ring donde los Pericos boxearon a placer.
Al final, la noche se pintó de verde y los locales solo pudieron morderse la lengua, porque cuando el rival te pega 21 veces, no hay discurso que valga. Solo queda aceptar que, en el beisbol, los títulos se ganan en la calle y los respetos se cobran en el terreno.
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