Otello en el Teatro Colón: cuando la mejor decisión es dejar hablar a Verdi


Con una puesta que apela a la grandiosidad, un buen elenco y la inmensa calidad de sus cuerpos artísticos, el Teatro Colón cumple con las expectativas en Otello, uno de los títulos más esperados de su temporada.
A 13 años de la versión anterior (musicalmente sólida pero no enteramente lograda a nivel estético ni dramático), esta vez, con profesionales de calidad probada en sus rubros respectivos, el aspecto visual fue uno de los puntos más altos de esta propuesta coproducida con el Auditorio de Tenerife.
La calidad de Otello, la anteúltima ópera de Verdi y la primera creada desde cero en tándem con Arrigo Boito (a su vez también destacado compositor), bastan para hacer atractiva una producción de este título, siempre que un teatro pueda estar a la altura de sus enormes exigencias musicales y escénicas.
En efecto, no hay mucho que pueda agregarse a la monolítica amalgama de texto, música y acción que, sobre el argumento hecho famoso por Shakespeare, Verdi y Boito lograron esculpir luego de un trabajo colaborativo como pocas veces había presenciado la historia de la creación operística.
Por esta razón, están destinadas a un lógico naufragio las puestas que buscan añadir capas de sentido o resignificar elementos del Otello verdiano. En este sentido, el mayor acierto de la régie de Fabio Sparvoli es dejar el protagonismo a la partitura, sin añadir elementos distractivos. Su fuerte, más que lo actoral (la marcación resulta por momentos artificiosa pero en líneas generales es eficaz), es lo visual.
Gregory Kunde, a los 72 años, volvió a sorprender como Otello en el Teatro Colón. Créditos: Juanjo Bruzza.Los dos primeros actos tienen por gran atractivo el impresionante diseño de video de Matías Otálora y Nicolás Boni, que dan un marco no solo estético sino dinámico a la acción; los dos últimos, la bellísima escenografía de Boni, con alusiones a la tradición escenográfica y pictórica italiana (en el tercer acto, por ejemplo, se ven claras reproducciones de los frescos del Giotto en la Capilla Scrovegni en Padua). Excelente, por su parte, fue también el vestuario de Tommaso Lagattolla.
El del estadounidense Gregory Kunde es un caso que no deja de sorprender. Después de décadas de estar abocado al repertorio mozartiano, francés y del temprano romanticismo italiano (de hecho sus visitas a nuestro país entre 1997 y el 2000 fueron con roles de Mozart, Rossini y Donizetti), desde hace una década su vocalidad ha virado hacia el tenor dramático. Incluso, según su propio sitio web, en las temporadas 2014/2015 y 2015/2016 interpretó los protagónicos del Otello de Rossini y de Verdi, lo que lo convierte en un caso único en el género.
La producción dirigida por Fabio Sparvoli combina una imponente escenografía, un destacado diseño de video y un elenco de calidad para abordar una de las obras más exigentes del repertorio operístico. Créditos: Juanjo Bruzza.A los 72 años, Kunde detenta una salud vocal admirable –aunque claramente su rendimiento no es el mismo que en sus tiempos de esplendor–, y su presencia es uno de los atractivos de esta producción. Su voz, de gran caudal, alcanzó su mejor rendimiento en los pasajes que requieren mayor potencia, como el “Esultate!” del inicio, y su timbre en esas ocasiones fue brillante; también se lució su calidad declamatoria en el desgarrador “Dio! mi potevi scagliar” del tercer acto.
La obra encuentra en esta producción una combinación de grandes voces, una notable calidad orquestal y una propuesta visual que acompaña la música sin intentar disputarle el protagonismo. Créditos: Juanjo Bruzza.Por el contrario, en los pasajes menos sonoros su voz se destimbra y su afinación se resiente; en este sentido, el dúo de Otello y Desdémona “Già nella notte densa” del final del primer acto sonó deslucido. Pese a todo, su presencia impone la autoridad esperable en el rol titular, y el aplauso cálido, respetuoso y agradecido que la sala le ofreció al final fue una muestra contundente de su estatura artística.
Otello volvió al Teatro Colón y encontró su mejor versión en la música y la escena. Créditos: Juanjo Bruzza.Como Desdémona, Maria Agresta fue afirmándose hasta convertirse en uno de los pilares del elenco. De impecable physique du rôle, la soprano italiana tiene también el instrumento ideal para la desdichada esposa de Otello: una voz potente aunque flexible, pareja en todo el registro, y un dominio técnico que la habilita a poner ese instrumento al servicio de la expresión. El nivel artístico de Agresta (unido a la calidad de la Orquesta Estable) transformó la gran escena de Desdémona en el comienzo del cuarto acto en un momento sublime.
Iago, el envidioso alférez que moverá los hilos de la trama y manipulará a Otello hasta destruirlo por completo, tuvo en Daniel Luis de Vicente a un convincente intérprete, de fuerte presencia escénica y adecuada vocalidad, especialmente brillante en dos momentos del segundo acto: su gran monólogo “Credo in un Dio crudel” y el posterior dúo con Otello, en el que su voz (“Era la notte”) debe imitar las sonoridades tenoriles de Cassio, personaje por otra parte bien interpretado por Diego Bento. El resto del elenco fue igualmente sólido: Insung Sim (Lodovico), Alejandra Malvino (Emilia), Roderigo (Fermín Prieto), Montano (Mario De Salvo) y el Heraldo (Gabriel Vacas).
La ópera de Giuseppe Verdi regresó después de 13 años con una producción coproducida con el Auditorio de Tenerife y una destacada actuación de la Orquesta y los Coros Estables. Créditos: Juanjo Bruzza.Alejo Pérez brilló en la concertación, con un buen balance entre foso y escenario, y muy especialmente en el cuidado de la impresionante trama orquestal que Verdi dispuso para ésta, la más moderna de sus óperas. La performance de la Orquesta Estable fue igualmente destacable, con una calidad pareja en todas las secciones y una sonoridad compacta. También fue extraordinaria la actuación del Coro Estable (a las órdenes de Miguel Martínez) y muy sólida la del Coro de Niños, dirigido por Mariana Rewerski.
Crítica: Muy bueno
Otello, de Giuseppe Verdi
Teatro Colón, 14 de agosto. Repite el 15, 16, 18, 18, 20, 22, 23 y 25 de agosto.



