Moana, con Dwayne Johnson, es una experiencia efectiva y emotiva



Disney vuelve a apostar por uno de los mayores éxitos de su pasado reciente en la versión de acción real de Moana, con la actuación de Dwayne Johnson. A una década del estreno de la película animada, el estudio recupera una historia que todavía conserva plena vigencia y consigue un resultado que, aun sin superar al original, se ubica entre las adaptaciones más logradas de esta política de remakes live action.
En la trama, que permanece intacta, la valiente Moana deja atrás la protección de su isla Motonui para devolver el corazón de Te Fiti y restablecer el equilibrio de la naturaleza. En esa travesía vuelve a encontrarse con Maui, el semidiós tan arrogante como carismático, con quien deberá enfrentar criaturas fantásticas y comprender que el verdadero viaje consiste en descubrir la propia identidad, asumir el legado de su pueblo y rescatar sus tradiciones.
El director Thomas Kail (el mismo de la epopeya históricaHamilton y la serie Fosse/Verdon), entendió que la fortaleza de la propuesta no necesitaba grandes modificaciones. En lugar de forzar cambios o reinterpretaciones, conserva el espíritu del relato, respeta sus momentos más recordados, incluidas las canciones de Lin-Manuel Miranda, y mantiene el peso emocional de una aventura donde la identidad cultural, la conexión con los ancestros y el sentido de comunidad siguen siendo el verdadero motor de esta fábula.
La gran incorporación es Catherine Laga’aia, quien evita imitar a la protagonista animada y construye una heroína convincente, luminosa y decidida. Su presencia transmite sensibilidad y fortaleza en partes iguales, mientras sostiene con naturalidad el crecimiento del personaje. También sobresale la destacada presencia de Rena Owen (Star Wars – Episodios II y III), cuya serenidad convierte a la abuela Tala en el corazón espiritual de la historia.
Dwayne Johnson, aquí también productor, retoma el papel de Maui (fue la voz en el filme de 2016) con humor y carisma. Su dinámica con la joven aventurera mantiene buena parte del encanto que convirtió a la dupla en uno de los grandes aciertos de la franquicia.
En el plano visual la película ofrece imágenes de notable belleza. El océano vuelve a comportarse como un personaje con voluntad propia y los efectos digitales recrean con eficacia a los piratas Kakamora, el cangrejo gigante Tamatoa y las múltiples transformaciones de Maui en diferentes animales. Sin embargo, esa misma excelencia técnica alimenta el principal interrogante que acompaña a toda la producción. En numerosos pasajes la película reproduce con tanta fidelidad los planos y la estética del filme animado que cuesta encontrar razones que justifiquen una nueva versión.
Ese es, precisamente, el mayor límite de Moana. Su respeto absoluto por el material de partida garantiza una experiencia efectiva y emotiva, pero también reduce el margen para descubrir algo diferente.
El resultado confirma que la línea argumental conserva intacta su capacidad para emocionar a nuevas generaciones, aunque también deja abierta una pregunta inevitable sobre cuánto puede aportar una relectura cuando la obra de origen continúa siendo una referencia difícil de igualar.
Aventuras. Estados Unidos, 2026. 115’, ATP. De: Thomas Kail. Con: Catherine Laga’aia, Dwayne Johnson y elenco. Salas: Cinépolis Recoleta, Hoyts Abasto, Showcase Belgrano, Atlas Caballito y Patio Bullrich.



