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Luisa María ahora pide un “ratito para pensarlo” y en Palacio se burlan del “show” armado por Arturo Ávila

La presidenta Claudia Sheinbaum terminó de confirmar este miércoles lo que La Política Online anticipó en exclusiva: el recambio en la cúpula de Morena ya está en marcha y la salida de Luisa María Alcalde de la dirigencia del partido es un hecho consumado, más allá de los esfuerzos de la propia funcionaria por estirar una despedida sin costo político.

En medio de ese movimiento, Sheinbaum también validó la reconfiguración en su equipo más cercano. La salida de Esthela Damián de la Consejería Jurídica para competir por la gubernatura de Guerrero y la oferta para que ese lugar sea ocupado por la propia Alcalde. Una jugada que, en los hechos, funciona como una salida ordenada de la dirigencia partidaria.

Morena: abusos y costumbres

Pero lejos de asumir el desplazamiento, Alcalde eligió este miércoles ganar tiempo. “Me siento muy honrada de que la presidenta haya pensado en mi”, dijo Luisa esta mañana. “Denme un ratito para pensarlo”, agregó, en una declaración que en Palacio Nacional fue leída con ironía, la decisión ya está tomada desde arriba y el margen de maniobra es prácticamente nulo.

Como viene contando LPO desde hace semanas, la dirigente tenía los días contados al frente de Morena. El avance de Citlalli Hernández en la interna, el reacomodo de fuerzas dentro del partido y la necesidad de recomponer la relación con el Partido Verde y el PT terminaron de sellar su suerte. Incluso comenzaron a circular nombres para reemplazarla, mientras crecía la presión para acelerar su salida.

El punto de quiebre fue la reunión en Palacio con Sheinbaum, como contó esta redacción, la presidenta le planteó directamente la necesidad de presentar su renuncia. Alcalde, incómoda con la escena, habría respondido que no estaba dispuesta a “humillarse” con una salida forzada. De ahí, el intento de construir una narrativa de decisión propia.

En ese contexto apareció un video y una estrategia comunicacional orientada a mostrar autonomía: “Solo me voy si me llama la Presidenta”, deslizó. Una forma de evitar reconocer lo evidente, que el liderazgo partidario responde a la conducción política de Sheinbaum y que la transición ya estaba definida.

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En paralelo, el ruido político se amplificó por la intervención de su pareja, Arturo Ávila, quien en los últimos meses comenzó a operar como una suerte de vocero informal de Morena, sin respaldo orgánico. Su creciente protagonismo interno fue leído dentro del partido como uno de los primeros síntomas del desgaste de la conducción de Alcalde.

Ávila, de hecho, reaccionó con dureza contra LPO tras las primeras revelaciones sobre la crisis interna, al calificar las versiones como “más cercanas a un capítulo de La Rosa de Guadalupe”. La respuesta no pasó desapercibida, la columnista de LPO, María Scherer ironizó con un escueto “Recambio completado”, sintetizando el desenlace.

Morena en piloto automático

En Palacio, en cambio, la lectura es mucho más pragmática. Consideran que el episodio se debe a un manejo errático de la crisis y un intento fallido por evitar el costo político de una salida que ya estaba definida. Lo cierto es que, más allá del “ratito para pensarlo”, el recambio en Morena avanza sin pausa. Y en ese proceso, la figura de Alcalde queda cada vez más asociada a una resistencia tardía frente a una decisión que, en los hechos, ya tomó la Presidenta.

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