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“Los peores vecinos del mundo”, por Netflix, indaga sobre los tensos lazos que suelen tejerse a través de la medianera y que pueden terminar en sangre

“La Biblia nos dice que amemos a nuestros vecinos y también a nuestros enemigos; probablemente porque, por lo general, son las mismas personas”. La irónica frase del escritor y filósofo inglés G. K. Chesterton parece escrita para resumir el espíritu de Los peores vecinos del mundo, la nueva producción documental de Netflix.

La miniserie, de los mismos realizadores de Los peores ex del mundo y Los peores compañeros de casa del mundo, tiene cuatro episodios de unos 50 minutos cada uno. Cada episodio reconstruye una historia real, que puede verse de forma autónoma, sobre vecinos que convirtieron la vida de otros en una pesadilla. Los conflictos escalan desde disputas y fraudes hasta situaciones de violencia letal.

Dirigida por Cynthia Childs, la serie tiene una estética de documental clásico, con entrevistas a cámara, material de archivo y audios de las llamadas al 911, con breves recreaciones animadas de algunos pasajes de los casos.

La primera historia, por ejemplo, transcurre en Mount Sterling (Kentucky), donde una disputa entre vecinos por los límites de un terreno fue creciendo hasta desembocar en un crimen. Una de ellas le disparó en el rostro a quien consideraba su amiga y asesinó al esposo de ésta. El episodio combina entrevistas con víctimas, material de archivo, mapas de los terrenos y llamadas a la Policía para reconstruir el calvario paso a paso.

La serie de Childs es efectiva al narrar la escalada hacia el infierno, desde la llegada del nuevo vecino a los suburbios -en general son pequeños barrios residenciales- hasta el desenlace de la agresión. El problema es que su narrativa permanece encerrada en el impacto del crimen, la investigación judicial y el daño emocional sobre quienes lo padecieron.

En ese regodeo con el horror deja de lado parte de la complejidad que otras miradas podrían aportar, como los factores que alimentan esos conflictos y ayudan a comprender por qué terminan de la peor manera.

Uno de los episodios reconstruye el caso de una vecina con una severa adicción a las drogas, capaz de estafar, robar identidades y cometer un crimen de extrema brutalidad: descuartizar un cuerpo e intentar hacerlo desaparecer. Después de semejante historia, una de las víctimas concluye con una reflexión tan simplista como previsible: “Nunca sabes quiénes son tus vecinos”. Sólo uno de los episodios ensaya, de manera muy superficial, una mirada sobre un sistema que suele desoír las denuncias y desamparar a las víctimas hasta que ocurre una tragedia imposible de ignorar.

Quizá sea muy poco para historias tan extremas e intensas. Es cierto que nunca sabemos del todo quién vive al lado, pero la serie podría haber ido un paso más allá e intentar comprender qué procesos personales, sociales o institucionales convierten un conflicto vecinal en una espiral de violencia.

Asomarse a esas zonas oscuras habría enriquecido el relato. Quizá el verdadero interés no esté solo en descubrir que un vecino puede convertirse en un asesino, sino en entender cómo llega a serlo.

Documental Protagonistas: Caroline Herrling, Charles Wilding y Bella Baskin Creación: Cynthia Childs Emisión: Netflix Duración: cuatro episodios de entre 50 minutos y una hora.

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