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Life Chronicles en Buenos Aires: cómo es viajar 3.500 millones de años atrás y estar cara a cara con dinosaurios

En penumbras y con un visor puesto, el “mundo real” queda reducido a unas líneas rojas que delimitan hasta dónde se puede caminar. Son un límite, una guía para no chocar. Pero duran poco. En cuestión de segundos, la atención se va por completo a lo que aparece delante de los ojos. Todo lo demás deja de importar. Las personas dejan de ser cuerpos reconocibles y se convierten en avatares luminosos, igual que las propias manos, que brillan en el aire como si fueran parte del entorno digital. Así se vive Life Chronicles, la nueva experiencia de realidad virtual aumentada que desembarcó en el Pabellón Frers de La Rural y que Clarín recorrió en primera persona.

Desde el 30 de abril, esta propuesta se suma a las ya instaladas “El Horizonte de Keops” y “La Última Fortaleza”, consolidando el espacio como uno de los polos más ambiciosos de innovación tecnológica aplicada al entretenimiento en la Ciudad. Pero lo que propone Life Chronicles va un paso más allá: un viaje de 45 minutos a través de 3.500 millones de años de historia de la vida en la Tierra.

La historia avanza de la mano de la antropóloga virtual Charlie y su inseparable compañero, el pequeño robot Darwin, que invitan a viajar en el tiempo. Pero algo falla: en la primera parada, la batería que les permite regresar al presente se agota.

Adentro de Life Chronicles: cómo se vive el recorrido

La solución es avanzar -o más bien retroceder- por distintas eras, recolectando energía en cada una. Lo que parece un recurso de videojuego termina siendo la puerta de entrada a un recorrido fascinante por la evolución de las especies.

“Life Chronicles” se vive junto a la antropóloga Charlie y el robot Darwin. Foto: Prensa

La primera sensación es física. El cuerpo duda. El cerebro también. ¿Estoy caminando sobre una sala o sobre un paisaje prehistórico? A medida que el entorno se despliega, la respuesta deja de importar. Hay niños que se ríen, que se sorprenden, que se alteran. Y hay adultos que hacen lo mismo, aunque intenten disimularlo. La experiencia no distingue edades, todos reaccionan.

Los precipicios imponen un vértigo que se siente en el cuerpo y los paisajes naturales invitan a frenar, a mirar un poco más. Los puentes, en cambio, piden ser cruzados. Bajo el agua, la respiración se vuelve más lenta, casi contenida, como si realmente hiciera falta. Y en ese juego entre lo real y lo virtual, pasa algo curioso: los animales, más bien esquivos que amenazantes, empujan a retroceder.

Sin pensarlo demasiado, el cuerpo actúa solo. Uno levanta el pie para esquivar lo que aparece en el camino, aparta ramas, se agacha, duda, calcula. A veces incluso busca dónde esconderse. Todo ocurre antes de que la cabeza termine de procesarlo, aunque en algún rincón persista la certeza de que no hay peligro.

Life Chronicles en La Rural es una experiencia inmersiva para todas las edades. Foto Victoria Gesualdi

El viaje arranca en los primeros ecosistemas del período Arcaico. Luego salta a la explosión de vida del Cámbrico, atraviesa los densos bosques del Carbonífero y desemboca en el Cretácico, la era más esperada.

En esee tramo final, cuando la experiencia se acerca a la evolución humana, aparece también la posibilidad de estar cara a cara con Homo floresiensis, una especie extinta del género Homo que sorprende por su tamaño de apenas alrededor de un metro de altura. Verlo tan de cerca, vuelve tangible una parte poco conocida de la historia y refuerza esa sensación constante de estar frente a algo imposible, pero creíble al mismo tiempo.

En cada etapa, Charlie guía con información clara y precisa: qué especies aparecen, cómo vivían, por qué desaparecieron. No es sólo espectáculo. Hay un trabajo científico detrás, desarrollado por Excurio en colaboración con el Muséum national d’Histoire naturelle de Francia, junto a paleontólogos y biólogos especializados.

Life Chronicles” propone un viaje único a través de 3.500 millones de años de vida en el planeta Tierra. Foto: Victoria Gesualdi

Pero la teoría queda en segundo plano cuando el entorno te rodea. Estar bajo el agua, por ejemplo, no es una metáfora. Es una experiencia inmersiva total en la que la fauna marina pasa a centímetros, los movimientos son fluidos, casi hipnóticos. Hay un momento en el que nadar con delfines deja de ser una fantasía lejana para convertirse en una escena tangible.

Y después, claro, llegan ellos. Los dinosaurios. Gigantes, imponentes, a pocos metros. La tentación de estirar la mano para tocarlos es inmediata. El cuerpo reacciona como si fueran reales. Darwin, en un gesto tranquilizador, activa un sistema de invisibilidad que evita cualquier “riesgo”. Parece un detalle menor, pero cuando la escena te envuelve por completo, la advertencia cobra sentido.

Hacia el final, la experiencia cambia el tono. Aparecen elefantes africanos y jaguares, especies actuales en peligro de extinción. La narración se vuelve más consciente. El viaje deja de ser sólo hacia el pasado para interpelar el presente. Qué pasó antes y qué puede pasar ahora.

El viaje de Life Chronicles arranca en el período Arcaico, sigue por el Cámbrico, el Carbonífero y desemboca en el Cretácico. Foto Prensa

El recorrido termina donde empezó: en la actualidad. El visor se levanta, la sala vuelve a ser esa sala blanca y las líneas rojas recuperan su función original. Pero algo queda. Tal vez esa sensación de haber estado en lugares imposibles.

Desarrollada por DG Experience junto a Excurio y el Muséum national d’Histoire naturelle, Life Chronicles no sólo suma una nueva propuesta al circuito inmersivo porteño. También confirma una tendencia de aprender ya no es solo leer o mirar. A veces, es caminar entre dinosaurios. Y creer, aunque sea por un rato, que son reales.

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