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Examen de control de la UNAM podría dejar fuera a aspirantes aceptados legítimamente: especialista

Bernardo Naranjo, director general de Proyecto Educativo SC y exintegrante del extinto Instituto Nacional para la Evaluación de la Educación (INEE), consideró que la decisión de la UNAM de aplicar un examen de control a los aspirantes afectados por las irregularidades en su proceso de admisión es la alternativa más razonable ante una situación que calificó como inédita, aunque advirtió que el nuevo ejercicio puede dejar fuera a jóvenes que obtuvieron legítimamente un lugar en la primera evaluación.

Durante una entrevista con Aristegui en Vivo, señaló que uno de los problemas de origen fue que la Universidad Nacional Autónoma de México decidió innovar con un examen a distancia sin realizar previamente una prueba piloto que permitiera detectar y corregir posibles fallas.

Explicó que, ante cambios de esta magnitud en el sector educativo, lo adecuado habría sido comenzar con un grupo reducido de carreras, evaluar los resultados, realizar ajustes y posteriormente extender el mecanismo.

A ello sumó la falta de una revisión de los resultados antes de que fueran publicados. Según Naranjo, “no hubo una revisión, no hubo una revisión estadística de los resultados y de todos modos, o la hubo y no se tomó ninguna decisión y de todos modos se publicaron”.

Sin embargo, destacó que la UNAM reconociera que existió un problema y conformara una comisión para analizarlo, la cual determinó la aplicación del nuevo examen. “No hay soluciones idóneas dado el punto en el que estamos, pero me parece que lo que propuso la comisión era lo más sensato dentro de todas estas condiciones”, afirmó.

Anticipó que el examen de control dividirá a los aproximadamente 58 mil aspirantes que volverán a presentar la evaluación en tres grandes grupos. El primero estará integrado por quienes sean aceptados en el nuevo proceso, independientemente del resultado que hubieran obtenido anteriormente; calculó que serán alrededor de 22 mil.



Un segundo grupo estará conformado por quienes no obtengan un lugar y tampoco hubieran sido aceptados en el primer examen. A su juicio, muchos de estos jóvenes ya habrían comenzado a buscar otras alternativas después de conocer el resultado inicial y recibieron el nuevo examen como una oportunidad adicional.

El tercer grupo, advirtió, será el que plantee mayores dificultades: aspirantes que inicialmente fueron aceptados, pero que podrían quedar fuera después de la nueva evaluación. Dentro de este conjunto, explicó, habrá casos en los que exista una diferencia considerable entre ambas calificaciones, lo que podría apuntar a que recibieron algún tipo de ayuda durante el primer examen.

Pero también podría haber jóvenes que consiguieron legítimamente un lugar en la primera aplicación y que, pese a volver a obtener una calificación alta, queden fuera debido a una pequeña variación en su resultado, especialmente en carreras con una demanda elevada.

Naranjo puso como ejemplo la licenciatura de Médico Cirujano. Señaló que el año pasado la calificación de corte fue de 114 aciertos y que en esta ocasión alcanzó 117, además de que una cantidad elevada de aspirantes obtuvo puntuaciones cercanas a esa cifra.

“Habrá chicos que habiendo obtenido un muy buen resultado en la primera edición y un buen resultado en la segunda queden fuera. Ahí es donde creo que la universidad tiene que tener mucha claridad de cómo va a atender esos casos porque realmente creo que puede ser puede ser un grupo que legítimamente se sienta agraviado por este proceso”, dijo.

Explicó que cualquier medición o evaluación tiene un margen de error, es decir, una variación posible al alza o a la baja que impide considerar una puntuación como una medida absolutamente exacta. En un examen de 120 reactivos, estimó, ese margen podría ubicarse entre tres y cinco puntos, aunque señaló que la UNAM cuenta con equipos sólidos especializados en evaluación.

Como ejemplo planteó el caso de un aspirante que consiguió 117 aciertos y logró inicialmente un lugar en Médico Cirujano, pero que en la segunda aplicación obtuviera 113 o 114 respuestas correctas. Aunque desde el punto de vista estadístico ambas puntuaciones podrían considerarse indistinguibles por encontrarse dentro del margen de error, el segundo resultado podría dejarlo sin un lugar.

Foto: Israel Torres vía Pexels

El problema adquiere mayor relevancia, señaló, debido a la alta selectividad de algunas carreras. En Médico Cirujano, indicó, apenas 1.2% de los aspirantes externos a la UNAM que presenten el examen obtendrán un lugar, mientras que en Ingeniería Aeroespacial la proporción será inferior a 1%.

Esta concentración provoca que alrededor de la calificación mínima de ingreso pueda haber cientos de aspirantes separados únicamente por unos cuantos aciertos.

Discutir la integridad académica

“El tema aquí que también resulta muy preocupante es el hecho de que muchas de las personas que recibieron un apoyo indebido pues abiertamente en las redes se ponen casi casi a presumirlo”, señaló. En ese sentido, planteó la necesidad de ampliar la discusión hacia la integridad académica y la responsabilidad individual de quienes participan en los procesos de evaluación.

Como referencia mencionó los códigos de honor utilizados en instituciones educativas de EE.UU., entendidos como normas para mantener un comportamiento ético durante las evaluaciones y que, en algunos casos, son establecidas por los propios estudiantes.

Naranjo sostuvo que, además de las reglas institucionales, existe una diferencia en la sanción social hacia las trampas académicas. “Es muy difícil que en los Estados Unidos alguien pueda presumir de que hizo una trampa, no es es una hay una digamos una condena social bastante generalizada hacia el tramposo, hacia quien no cumple las normas y eso me parece que ayuda mucho”, expresó.

Añadió que, según estimaciones de especialistas basadas en la distribución de los resultados del proceso de 2026, cerca de la mitad de los aspirantes pudieron haber recibido algún tipo de ayuda durante la evaluación.

Por ello, consideró insuficiente concentrar la respuesta únicamente en los controles técnicos del examen. “Más allá de los controles que puede establecer un proceso de admisión pues también tenemos que trabajar en el más importante que es en el control de cada persona hacia su propia conducta que es el que nos va a garantizar una una conducta mucho más ética”, sostuvo.

Foto: Archivo Cuartoscuro

Consideró que la situación también representa una oportunidad para que la UNAM revise sus procedimientos y para abrir una discusión más amplia sobre las opciones de educación media superior y superior disponibles para los jóvenes.

Recordó dos momentos de crisis que, según explicó, derivaron en modificaciones importantes del sistema educativo mexicano. El primero fue el movimiento estudiantil de 1968, después del cual durante la década de 1970 se diversificó y desconcentró la oferta educativa.

Mencionó la creación de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) y del Colegio de Bachilleres, así como el fortalecimiento de instituciones de educación tecnológica. A su juicio, esa ampliación permitió generar opciones que posteriormente resultaron atractivas también para sectores de clase media.

Como segundo antecedente señaló la crisis de aspirantes rechazados de educación media superior en 1995, tras la cual el gobierno federal y la UNAM participaron en la creación del concurso de ingreso de la Comisión Metropolitana de Instituciones Públicas de Educación Media Superior (Comipems), cuyo esquema, dijo, se mantiene tres décadas después bajo otro nombre y con una lógica similar para ordenar la oferta y la demanda.

A partir de esos antecedentes, Naranjo sostuvo que el problema actual trasciende a la UNAM, debido a que la elevada competencia por ingresar a esa institución también está relacionada con la falta de alternativas que los aspirantes consideren suficientemente atractivas para continuar sus estudios. “Si hoy tenemos un proceso tan complejo tan difícil es porque los chicos no ven otras opciones como válidas para su futuro”, señaló.

Agregó que la UNAM no puede expandirse indefinidamente debido a sus actuales dimensiones y planteó que la discusión debe abarcar las inversiones realizadas durante las últimas décadas para generar otras alternativas de educación superior.

Naranjo contrastó esta situación con sistemas educativos de Europa y Estados Unidos, donde, afirmó, los estudiantes que no ingresan a su primera opción disponen de otras instituciones que pueden representar alternativas viables.

Por ello, señaló que el gobierno federal también debe formar parte de la respuesta. “No se vale decir ahorita que es un problema de la UNAM en realidad pues es algo que en lo que participa la UNAM pero que trasciende a la institución y compete me parece a la federación”, concluyó.

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