El Abierto de Monterrey busca sembrar la pasión por el tenis en las nuevas generaciones


Nota:
Olga de la Fuente lo tiene claro: el torneo no termina cuando cae el último punto. Para ella, el verdadero partido se juega fuera de la cancha, en las gradas y en los clubes donde los niños ven por primera vez una raqueta.
“Queremos que los jóvenes sientan ese cosquilleo que a nosotros nos mueve”, afirma. La directiva del Abierto de Monterrey insiste en que el objetivo va más allá de traer a las mejores jugadoras del mundo. Se trata de construir una base sólida para que el deporte crezca en la región.
No es un discurso vacío. Cada edición del torneo se diseña con un ojo en el espectáculo y otro en la cantera. La idea es que un niño que asiste por primera vez no solo vea a sus ídolos, sino que imagine que algún día puede estar en su lugar.
La apuesta es sencilla: si logramos que un chico se enamore del deporte hoy, mañana tendremos una afición más fuerte y, quizás, una nueva campeona regiomontana.
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