“Correr en la CDMX es otra historia”: Daniela Pérez y el reto que pocos cuentan


Cuerpo:
A simple vista, el trazo del Maratón de la Ciudad de México parece un paseo: calles anchas, paisajes urbanos y un recorrido que invita a soñar con la meta. Pero Daniela Pérez, corredora con experiencia en varias ciudades del mundo, lo dice sin rodeos: “El maratón más difícil es el de la CDMX”.
No es el desnivel ni las curvas lo que complica la prueba. Es lo que no se ve: la altura que pega en los pulmones desde el kilómetro uno, la humedad que se pega a la piel y esa contaminación que, aunque no siempre se note, se siente en cada respiro.
“Uno llega con la idea de que es una pista rápida, pero el cuerpo te recuerda que estás a más de 2,200 metros. Las piernas responden, pero el aire no acompaña”, confiesa Pérez, quien ha competido en Boston, Berlín y Nueva York.
Para ella, la capital mexicana no perdona: “En otras ciudades corres contra el reloj. Aquí corres contra ti mismo, contra la fatiga que llega antes de lo esperado y contra esa sensación de que el asfalto pesa más de lo normal”.
Aun así, no lo cambiaría. “Es un maratón que te exige respeto. Cuando cruzas la meta, sabes que no fue suerte. Fue resistencia pura”, añade.
Y es que, aunque el recorrido luzca amigable en el mapa, la verdadera carrera empieza cuando el cuerpo empieza a preguntarse por qué decidiste correr en la ciudad más alta del mundo.
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