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Caro Pardíaco ya está en Netflix: cómo es “Carísima”, la nueva serie de humor negro protagonizada por Julián Kartun

Este miércoles 20 de mayo llegó a Netflix Carísima, la serie de Caro Pardíaco, el personaje de redes sociales creado por Julián Kartun que, entre streams, videos virales y participaciones en Olga, se convirtió en un fenómeno del humor.

Lo que comenzó como una caricatura exagerada de una joven porteña de clase alta obsesionada con el lujo, la validación constante y el drama sentimental, ahora se convirtió en una ficción de diez episodios de apenas diez minutos cada uno.

Y aunque la serie no fue concebida como una “serie vertical” -el fenómeno de moda en el que ya incursionaron varios actores argentinos-, tiene todos los ingredientes de ese formato pensado para consumir rápido, desde el teléfono y casi sin pausa.

Para quienes nunca se cruzaron con el personaje, Caro Pardíaco es una suerte de celebridad de internet ficticia: intensa, egocéntrica, melodramática y completamente desbordada. Habla como si estuviera permanentemente en una historia de Instagram, mezcla frivolidad con tragedia y convierte cualquier situación cotidiana en un escándalo emocional.

Carísima toma todos esos elementos y los convierte en el motor de una historia de comedia negra atravesada por vínculos tóxicos, obsesiones románticas y un peligro que aparece desde el comienzo.

La trama sigue a Caro en plena crisis previa a cumplir 30 años. Mientras intenta sostener su imagen pública, sus negocios y su ego, se involucra en una relación con un hombre que rápidamente deja ver comportamientos inquietantes. La serie juega desde el principio con la idea de que detrás de la fachada glamorosa y superficial hay algo oscuro acechando.

Sin entrar en spoilers, gran parte de la tensión aparece justamente de ese contraste entre el tono liviano y absurdo del personaje y la dimensión siniestra que va tomando la historia.

Hay algo deliberadamente telenovelesco en la forma en la que se construyen los conflictos: las actuaciones están llevadas al límite, los diálogos son exagerados y cada episodio termina con un pequeño gancho pensado para empujar al siguiente.

Y ahí está, probablemente, una de las mayores virtudes de Carísima. Aunque el final de muchos conflictos parece insinuarse desde temprano y aunque varias situaciones son previsibles, la serie entiende perfectamente cómo generar adicción.

Los capítulos duran tan poco y están armados con un ritmo tan frenético que es difícil verla de manera pausada. Lo más probable es que quien entre en el código del humor termine viendo los diez episodios en una o dos sentadas. Tiene esa lógica de consumo inmediato muy propia de internet.

Pero también hay que reconocer que tiene un tono humorístico con tintes bizarros en el que no todos van a entrar. Está hecha para el nicho que ya viene enganchado con el código del personaje, muy de esa comedia sin sentido llevada al absurdo.

Uno de los aspectos más interesantes de la serie es que nunca intenta separar a Caro Pardíaco del universo donde nació el personaje. En Carísima, Caro sigue siendo streamer de Olga, sigue viviendo en Buenos Aires y sigue moviéndose entre boliches, personajes excéntricos y referencias constantes a la cultura digital argentina.

Incluso aparecen brevemente figuras reconocibles del canal de streaming -entre ellos Migue Granados y Gimena Accardi-, reforzando esa sensación de que la ficción convive con la “realidad” del personaje. La serie no propone una reinvención ni una versión más solemne de Caro. Al contrario, profundiza el delirio original y lo lleva a un terreno todavía más absurdo.

También resulta llamativo el modo en que conviven dos registros muy distintos. Por un lado, la serie se sostiene sobre chistes rápidos y situaciones absurdas. Pero por debajo aparece una trama mucho más oscura, vinculada a las verdaderas intenciones de uno de los personajes. Ese contraste genera una incomodidad rara, que por momentos hace que el espectador no termine de saber si reírse o preocuparse.

Lejos de intentar convertirse en una gran sátira social o en una serie “prestigiosa”, la apuesta parece mucho más simple: entretener. Y lo consigue. Puede que no todos entren en el humor exagerado de Caro Pardíaco o en la lógica frenética con la que está narrada la historia, pero quienes conecten con ese universo probablemente encuentren una serie tan absurda como adictiva.

Una ficción breve, caótica y exagerada, construida exactamente a la medida de un personaje que nació para vivir en internet. Con un humor que definitivamente no es para todos, pero cumple.

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