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Canasta alimentaria sube 5.5% en ciudades y supera la inflación general: INEGI

La canasta alimentaria de referencia costó 2 mil 590.61 pesos mensuales por persona en zonas urbanas durante septiembre de 2026, informó el INEGI. El aumento anual fue de 5.5 por ciento en ciudades y 4.9 por ciento en el campo, por encima de la inflación general de 3.5 por ciento.

Comprar la canasta alimentaria de referencia para una persona costó 2 mil 590.61 pesos mensuales en las zonas urbanas y mil 940.96 pesos en las rurales durante septiembre de 2026. El dato lo informó el Instituto Nacional de Estadística y Geografía en su boletín de Líneas de Pobreza, publicado el 13 de octubre.

El costo de los alimentos aumentó 5.5 por ciento en las ciudades y 4.9 por ciento en las comunidades rurales, en comparación con septiembre de 2025. Ambos incrementos superaron la inflación general anual del país, que se ubicó en 3.5 por ciento. Eso significa que los productos considerados en la canasta alimentaria se encarecieron a un ritmo mayor que el promedio de los bienes y servicios que mide el instituto.

La consecuencia es directa. Los hogares cuyos ingresos no crecieron al mismo ritmo necesitan destinar más dinero para comprar una cantidad similar de alimentos. La inflación general puede bajar mientras la comida sube más rápido, y eso es lo que muestran los números de septiembre.

Los montos reportados por el INEGI corresponden a una persona durante un mes. Al multiplicar esa referencia por cuatro integrantes, el gasto mensual estimado en alimentos sería de 10 mil 362.44 pesos en una ciudad y 7 mil 763.84 pesos en una comunidad rural. Es un cálculo ilustrativo que considera únicamente alimentos. El gasto real depende de los productos que compra cada familia, así como de sus necesidades y hábitos de consumo.

Si se incorporan otros bienes y servicios necesarios, el costo mensual de referencia asciende a 4 mil 951.66 pesos por persona en las zonas urbanas y 3 mil 553.70 pesos en las rurales. Para una familia de cuatro integrantes, eso equivale a 19 mil 806.64 pesos mensuales en el ámbito urbano y 14 mil 214.80 pesos en el rural.

Entre los productos que más contribuyeron al encarecimiento anual de la canasta alimentaria destacó la cebolla, cuyo precio aumentó 89.8 por ciento, mientras que el jitomate registró un incremento de 26.7 por ciento frente a septiembre de 2025. En el caso de la cebolla, el aumento significa que su precio casi se duplicó en comparación con el mismo mes del año anterior. También se reportó un incremento anual de 5.8 por ciento en los alimentos y bebidas consumidos fuera del hogar.

Al comparar septiembre con agosto de 2026, el jitomate, la cebolla y el limón fueron los productos que más influyeron en el aumento mensual del costo de la canasta alimentaria. Durante ese periodo, el indicador subió 1.1 por ciento en las ciudades y 1.6 por ciento en las zonas rurales.

El INEGI reportó que la inflación general anual pasó de 3.8 por ciento en septiembre de 2025 a 3.5 por ciento en septiembre de 2026. Esa disminución no significa que los precios hayan bajado, sino que aumentaron a un ritmo menor en términos generales. Los incrementos no son iguales para todos los productos. En septiembre, el costo de la canasta alimentaria creció por encima de la inflación general, lo que refleja una mayor presión en el gasto destinado a la alimentación.

El transporte público también registró aumentos anuales, de 8.4 por ciento en las zonas urbanas y 9.2 por ciento en las rurales, de acuerdo con los datos incluidos en el informe. Es otro rubro que presiona el gasto de los hogares, junto con los alimentos.

Las Líneas de Pobreza permiten establecer referencias para evaluar si los ingresos de una persona son suficientes para adquirir una canasta alimentaria y, en una medición más amplia, cubrir también el costo de otros bienes y servicios. La línea de pobreza extrema por ingresos corresponde al costo de la canasta alimentaria, mientras que la línea de pobreza por ingresos considera tanto los alimentos como los productos y servicios de la canasta no alimentaria.

El INEGI precisa que estos indicadores son referencias estadísticas utilizadas para la medición de la pobreza. No representan un salario recomendado ni un presupuesto que garantice cubrir todas las necesidades de cualquier familia. Son una vara para medir, no una receta de gasto.

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