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La argentina María Castillo de Lima será la primera artista trans en interpretar Turandot: “A esta altura del partido, separar a la gente en hombre y mujer ya no existe”

“Soy un invento del futuro”, dice María Castillo de Lima y sonríe mientras la maquillan en uno de los camarines del Teatro Avenida. Faltan pocas horas para el ensayo general de Turandot y la soprano se prepara para afrontar uno de los roles más exigentes de todo el repertorio lírico. No es una función más: María Castillo de Lima se convertirá en la primera soprano trans en protagonizar la última ópera de Giacomo Puccini. La frase parece una provocación, pero en su voz suena más bien como una constatación.

Después de un largo recorrido artístico y personal, llega a un personaje considerado una cumbre para las sopranos dramáticas: la implacable princesa china que exige potencia vocal, resistencia física y una presencia escénica monumental.

La producción, presentada por Clásica del Sur en el Teatro Avenida, coincide además con el centenario del estreno mundial de Turandot, que ocurrió el 25 de abril de 1926 en La Scala de Milán. Cien años después, la obra vuelve a interpelar al público desde nuevas preguntas sobre la identidad, la transformación y los límites de la tradición.

Antes de hablar de Turandot, María se detiene en quienes la acompañaron durante el camino. “Tengo que agradecer a todas las personas que me sostuvieron en este recorrido. Y, por supuesto, nombrar en primer lugar a quien me está maquillando en este momento, el maestro César Tello. Desde el comienzo confió en mí, en esa facilidad que tenía para emitir sonidos de soprano. Él creyó que eso podía garantizarme, algún día, esta realidad que hoy estoy viviendo”. La emoción atraviesa su relato. Pero enseguida aclara que el significado de este debut excede lo individual.

“Es una felicidad inmensa para mí, pero también una felicidad colectiva. En mi caso particular, por mi condición trans, cada conquista, cada espacio que una logra ganar, es también una conquista para muchas otras personas. Durante mucho tiempo se nos negaron lugares y oportunidades. Si la sociedad hubiera tenido una comprensión más amplia de quienes construimos nuestra identidad a lo largo de la vida, probablemente habríamos conocido muchísimos talentos y personas capaces de llegar a sitios que parecían inimaginables para una persona trans”.

Antes de Turandot, María interpretó, entre otros, los roles de Anna Bolena en 2013 y Tosca en 2012 en versión concierto.

María Castillo de Lima, la primera soprano trans en hacer "Turandot", la célebre ópera de Puccini.

Para todo hay una primera vez

-Este debut tiene una dimensión artística, pero también simbólica. ¿Cómo vivís la posibilidad de convertirte en la primera soprano trans en interpretar a Turandot en la Argentina y, podríamos decir, en el mundo?

-Estoy muy feliz. Llegar a un rol como Turandot es un punto de llegada en la carrera de una soprano, de un artista que tiene las condiciones vocales y también artísticas para poder llegar a semejante desafío. Es un tour de force realmente cantar este rol tan demandante. Y, por supuesto, con toda la historia de mi vida, con el cambio de género y vocal, con los triunfos y las diferentes luchas que hace tantos años hago y continúo, llegar a este punto es un punto culminante a mis 40 años.

-En tu excepcional y conocido recorrido vocal, comenzaste como tenor y hoy cantás como soprano, ¿cómo dialogan esas dos experiencias dentro de tu identidad artística?

-En total armonía, porque en realidad una cosa fue construyendo a la otra. Cuando decidí ser mujer sabía intuitivamente mi condición vocal. Desde los 15 o 16 años, cuando empecé a componer mis primeras canciones y obras, y recién ingresaba al conservatorio, descubrí que tenía la posibilidad de cantar en un registro extraordinariamente amplio. Sabía que esa voz estaba ahí, que existía. Sin embargo, en aquel momento todavía no tenía el deseo de convertirme en cantante; mi interés estaba puesto en la composición y en otros aspectos de la música.

Preparativos. María Castillo de Lima se prepara para el ensayo ópera Turandot. La artista, que también toca el piano y compone, tiene un centro cultural en su casa. Foto: Mariana Nedelcu

-¿Cuándo decidiste volcarte al canto?

-Fue después de los 18 años. Inmediatamente vi la facilidad que tenía en adquirir una técnica que me permitiera ser una cantante lírica profesional. En 2008 entré al Teatro Argentino como tenor y en 2010 al Teatro Colón. El proceso de transición vocal, que duró 8 años, fue dentro del Colón, lugar donde estudio. Gracias a esa posibilidad natural que tengo de poder cantar estos sonidos es que también pude acompañar mi elección de género con mi cambio vocal.

-La historia de la ópera está llena de convenciones que separan voces “masculinas” y “femeninas”, pero también de voces que desafían las categorías de género: los castrati, los roles travestidos, mezzos interpretando héroes masculinos, como experimentamos recientemente con I Capuleti e i Montecchi. ¿Creés que tu presencia en Turandot podría formar parte de esa misma tradición?

-Sí, por supuesto. De hecho, creo que en la historia de la ópera la cuestión del género siempre ha sido un poco fluida. Desde el Barroco, o con Mozart y su Cherubino en Las bodas de Fígaro: una mujer que interpreta a un adolescente dominado por sus hormonas enamorado de la Condesa, pero eso no le impide coquetear con Susanna, Barbarina y cualquier otra joven.

-El púber con castrato se justifica más, pero Romeo interpretado por una mujer, un héroe con todas sus características masculinas, genera inevitablemente preguntas sobre masculinidad, deseo y representación corporal.

-Dentro de lo que es el entramado puramente artístico de la ópera es mucho más fluida, flexible. Lo rígido está en el mundo que rodea la ópera. En lo teatral no existen los géneros, uno interpreta el drama que toca. A veces esas contradicciones enriquecen a la obra porque te hacen replantear personajes. Romeo, por ejemplo, es un guerrero que está con la espada, al verlo interpretado por una mujer se mueve un poquitito el piso mental. Lo mismo que sucede cuando la gente me escucha a mí cantar Tosca, Anna Bolena o Turandot. A esta altura del partido, ya puedo decirlo, el separar a la gente en hombre y mujer ya no existe.

María Castillo de Lima considera que en lo teatral no existen los géneros, que cada uno interpreta el drama que le toca. Foto: Mariana Nedelcu

Poderosa y vulnerable

-¿Cómo construís el personaje de Turandot entre el poder y la vulnerabilidad?

Turandot tiene un punto en común muy importante conmigo que es el de la transformación. Es el nexo coordinante entre mi propia vida y este personaje. Ella empieza con un carácter totalmente hierático, con ese trauma familiar y una gran rigidez y distancia. Y, de a poco, cuando Calaf empieza a adivinar cada uno de los enigmas, el hielo se empieza a resquebrajar. Y empieza el proceso de transformación.

-¿Qué sopranos que hayan hecho el rol están en tu radar?

Gina Cigna, una gran Turandot, de las primeras de Puccini junto con su alumna Ghena Dimitrova -que no sé si no es con Nelson de las top top top de las Turandot más maravillosas de la historia-. Ellas en camarín, en una entrevista como ahora, dijeron que Turandot era una fábula china y que los elementos de una fábula siempre son metafóricos. Por lo tanto, toda esa muerte y sangre, matando a estos príncipes que no son el amor de su vida, en realidad tienen que ver con una cuestión de liberación; es la liberación de Turandot de sus propios miedos, sus propios traumas. En realidad, ella va sacándose cargas familiares, de su abuela y su madre. Volviendo a la cuestión personal, creo que en la vida todos los seres humanos nos transformamos constantemente, porque nunca somos el que fuimos ayer.

-¿Te quedan traumas por resolver?

-No, nunca tuve. Siempre fui una persona con cero traumas. Fui educada muy libremente, en mi familia fueron muy equilibrados en la manera en la que me criaron porque nunca me pusieron muchos límites, pero tampoco me dejaron este totalmente liberada. Tuvieron un equilibrio y me condujeron de la manera más pacífica posible… y a veces no tanto, había algún chirlo también, porque yo siempre fui, desde muy temprana edad, una persona con un carácter muy determinado. Mis primeros años de vida fueron maravillosos a pesar de la suma pobreza en la que vivíamos. Ahora no variamos tanto, pero bueno, un poquito.

María Castillo de Lima viene de un hogar pobre, pero en el que la criaron con libertad. Foto: Teatro Colón

-¿Durante tu transición te hormonizaste?

-No, no tomé hormonas. La voz puede variar, interfiere. Jamás tuve necesidad, porque mi constitución fisiológica natural es un poco ambigua. Nunca fui fisiológicamente ni muy hombre ni muy mujer. Bueno, ahora un poco más mujer que antes. Todas mis funciones fisiológicas masculinas siguen intactas, tampoco me voy a operar ni nada. Mi elección de género pasa por otra cuestión que no tiene que ver con lo físico, sino totalmente con lo espiritual. Mi alma es el alma de una mujer.

-¿Qué pasa con tu entorno? ¿Le costó adaptarse a tu nueva identidad?

-Los que me conocieron de antes tuvieron que hacer un proceso. El entorno se tiene que acomodar o procesar, cada persona es como una especie de cristal que refleja esa realidad de diferentes maneras. Yo hice la transición un poco tarde para los que transicionan ahora. Fue aproximadamente cuando tenía 24, 25 años, a esa edad me di cuenta de que no estaba feliz como hombre, me sentía más feliz como mujer. Es una construcción propia. Ser mujer es ser un poco artista también.

El rol bisagra

María Castillo de Lima explica que la ópera es un género popular y que la música está hecha para sentirse. Foto: Mariana Nedelcu

-¿Qué significó protagonizar la ópera Kassandra en el Centro de Experimentación Teatral del Colón (CETC)?

-Fue un antes y un después en mi vida. Hacer una ópera en la que sos el único personaje y tenés que sostener más de una hora la atención del público sin cansarlo y tenerlos así en como en vilo, en suspenso constante, fue maravilloso. La música de Pablo Ortiz y ese texto tan fuerte de Sergio Blanco son maravillosos. Fui la primera persona trans en representar a Casandra, siempre lo habían hecho actrices nacidas mujeres cis, que se transformaban para interpretarla. Fue un desafío inmenso, una obra que movió muchas emociones, había muchos puntos de encuentro con el personaje.

-Y después de las siete funciones en el CETC la hiciste en Grecia. ¿Cómo fue la recepción?

Kassandra tuvo un éxito apabullante. Hubo una ovación de 15 minutos el primer día. Yo me fui al camarín y me volvían a llamar. Y empezaron a decir algo que es como cuando en la cancha de fútbol vitorean, “No nos vamos nada”, pero en griego. Significa que el artista tiene que salir y seguir. Y cuando salgo del teatro las señoras y varios señores me esperaban, se sacaron joyas y me las regalaron. Fue algo que no podía creer, tipo película. En ese momento no pensé sólo en mí, fue tanto que tenía para repartir en pensamientos con otras personas. Kassandra va a seguir de gira por Europa y Mexico.

-¿Alguna otra cuestión que te gustaría mencionar?

-Sí. Me gustaría mencionar a Vanessa Show. Fue una pionerísima nuestra. En los últimos años de su vida se hizo amiga íntima mía. Era como una tía, venía a mi casa todo el tiempo, a los recitales que hago en el centro cultural en casa donde hago conciertos todos los meses. Ella no se perdía uno, compartimos mucho y me ha regalado muchas cosas, porque era muy generosa. Tenemos en el vestuario de Turandot dos piezas suyas como homenaje. Ella no había conocido nunca al Colón.

-Supongo que fue víctima de algunos de los prejuicios que sobreviven hoy día y por eso nunca fue al Colón, ¿no?

-Sí. Mucha gente cuando decís ópera se imaginan los fifís oligarcas que van con los terratenientes en sus carruajes a ver la ópera (risas). La gente tiene metido un poco eso en la cabeza. No se dan cuenta que la ópera nació como un arte popular en los mercados, con bananas, frutas y tomates. Cuando la gente se abre y se anima, aunque no entiendan nada, vibra su espíritu con esa música que está hecha para emocionar, para que te deje un mensaje transformador.

María Castillo de Lima considera que, por su condición trans, cada espacio que gana es también una conquista para muchas personas.

-¿Qué creés que lograste comunicar a través de tu arte? ¿Pudiste tender puentes hacia personas que, de otro modo, tal vez habrían permanecido distantes?

-Sí. Vanessa iba a los conciertos de ópera, no sabía nada, pero algo le pasaba internamente que no le había pasado nunca y le empezó a gustar. Y tengo amigas trans que viven en la prostitución o en sus realidades difíciles y cuando me escuchan cantar me dicen: “No entiendo nada de lo que decís, pero algo siento que me emociona”. Y entonces creo que ahí la música cumple su prometido, que es la de emocionarnos, la de hacernos por un instante evadirnos de la realidad y llevarnos a un lugar mejor. Un refugio. Cuando suena la música somos todos parte de eso, el que escucha es tan importante como el que está tocando un instrumento o el que está arriba cantando.

Ficha

Obra en tres actos Música: Giacomo Puccini Libreto en italiano: Giuseppe Adami y Renato Simoni Preparación de coro, solistas y dirección orquestal: César Tello Intérpretes: Turandot, María Castillo de Lima; Calaf, Fabricio Gori y Martín Fernández; Liù, Eugenia Coronel Bugnon; Timur, Bruno Santoro Sciaini y Franco Gómez Acuña; Ping, Pang y Pong, Miguel Balea, Jerónimo Vargas Gómez, Marcelo Reynes y Mauro Luna Dirección escénica: Gabriel Villalba Producción: Clásica del Sur y Sol producciones S.R.L Funciones: viernes 26 y sábado 27 de junio, y el sábado 4 de julio a las 20 Teatro: Avenida (Avenida de Mayo 1222, CABA).

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