“No sé cómo abarcar la muerte, es una gloria que te excede”: el día que el Indio Solari habló sobre cómo podría ser su final



Minutos después que se conociera la muerte del Indio Solari a los 77 años, una entrevista radial que el mítico líder de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dio a fines del año pasado se transformó en tendencia en las redes sociales.
Se trata del reportaje que Andy Kusnetzoff y su equipo del programa Perros de la calle, que se emite por Urbana Play, le hicieron en diciembre pasado a la leyenda del rock argentino.
Consultado sobre cómo podrían ser sus últimos días, Solari señaló: “No le tengo miedo a la muerte (…), la pienso en términos poéticos, vivo de la misma manera que a los 20 años. En el presente”.
A su vez, el célebre músico enfatizó: “Mi vida ha pasado bien rápido, y con una personalidad como la mía la gente te va transformando en un inútil. Te hacen todo, te van abriendo las puertas, vos vas caminando y no te para nadie. Y eso te malcría”.
Desde hace años venía combatiendo contra el Mal de Parkinson, que lo había alejado de los escenarios y limitado sus apariciones públicas, más allá del histórico halo de misticismo que siempre rodeó a su imagen.
Si bien había nacido en Paraná, Entre Ríos, Solari fue una figura de la contracultura de la década de los ’80 en La Plata. En la capital bonaerense se convirtió en fundador, cantante y líder de Los Redonditos, la banda surgida a mediados de los ’70 junto a Eduardo Beilinson, mucho más conocido como Skay.
Con una trayectoria igualmente popular como solista o con otras bandas a la que tuvo que con Los Redondos, el Indio Solari fue uno de los músicos más relevantes del escenario rockero de nuestro país a lo largo de las últimas décadas.
Con un aura que alternaba entre lo místico y lo misterioso, pero con un formidable poder de convocatoria -las inolvidables y masivas “misas ricoteras”-, Solari constituye un nombre insoslayable en la historia de esos tiempos, cautivando por su arte y su personalidad a generaciones de jóvenes.
Algo huraño y solitario, férreo en la defensa de la privacidad del otro lado del ligustro y con muchos viajes a Nueva York (que confesaba conocer más que ciudad que Buenos Aires), Solari siempre señaló que las canciones del rock nacional le parecían “boleros rápidos”.
Por eso, desde aquellos míticos ensayos en la casona de la calle Soler, el gurú con overol y adepto al tai-chi se consolidó como un “relator-decidor” y jamás como cantante.
El 4 de agosto de 2001, dio su último concierto -aún sin saberlo- al frente de Los Redondos, en el Estadio Chateau Carreras (Córdoba). El show siguiente, que el grupo había anunciado para el 8 de diciembre, fue suspendido por la delicada situación político-económica que atravesaba el país.
Los Redonditos se habían disuelto en 2001 -aunque tendrían algunas presentaciones más- y tres años más tarde el Indio quedó con su nuevo grupo, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado, que lanzó su primer álbum El tesoro de los inocentes. Luego vendrían Porco Rex (2007), El perfume de la tempestad (2010), Pajaritos, bravos muchachitos (2013) y El ruiseñor, el amor y la muerte (2018).
Se había casado con Virginia Mones Ruiz en 1989 y ella lo acompañó por siempre. Fueron padres de Bruno, a fines del 2000.



