Nada entre los dos, una síntesis de lo que sucede en la película con Natalia Oreiro y Gael García Bernal



Parece mentira que este Juan Taratuto que dirigió Nada entre los dos sea el mismo director que se puso al hombro comedias como No sos vos, soy yo, ¿Quien dice que es fácil?, Un novio para mi mujer o Me casé con un boludo. La última película del cineasta es amarga y ni siquiera en La reconstrucciòn, donde Diego Peretti se instalaba en Usuahia en busca de redención, tenia la densidad de este romance protagonizado por Natalia Oreiro y Gael García Bernal.
Nada entre los dos comienza con ellos en medio de una charla íntima por teléfono cada uno en su habitación de hotel. Enseguida un flashback muestra que esos Mechi y Guillermo (Natalia Oreiro y Gael García Bernal), que tan enamorados parecían durante la conversación telefónica, no se conocían un par de días antes, ni siquiera viven en el mismo país y están, cada uno a su manera, atravesando similares crisis de parejas, profesionales e incluso familiares.
Los dos tienen que volar de emergencia a un resort mexicano por un escándalo corporativo de la multinacional en la que trabajan y usan el viaje como excusa para escapar de sus realidades. Mechi huye por estar en pareja con un hombre que no sabe atarse los cordones sin preguntarle y en conflicto con una hija adolescente que la ningunea. Guillermo se siente completamente desconectado de su esposa y sufre al vivir a la sombra de un suegro poderoso e invasivo en las decisiones familiares. Los dos son solitarios acostumbrados a rutinas familiares en las que nunca se sienten cómodos.
Taratuto recurre a la excusa de un alerta de tsunami para juntarlos en la playa apenas aterrizados y a partir de ahí la película se centra en sus encuentros románticos plagados de largas charlas existenciales. Mechi y Guille enseguida descubren que no era obligatoria esa vida emocional en soledad que llevaban junto a sus familias.
El gran conflicto de la película, y a la vez su principal foco de oscuridad, aparece con el dilema de los protagonistas sobre qué hacer y cómo manejar ese incipiente romance avasallador.
El enigma está en sí es posible (y si es que vale la pena) reconstruir los vínculos familiares, si hay forma de redescubrir la pasión en esa pareja cuya mera presencia ya irrita, si el único camino posible es la resignación a la espera de un cambio mágico de actitud familiar o si vale la pena patear el tablero por una profunda conexión efímera con algún colega.
Mechi y Guille se plantean juntos estas alternativas y saben que están en jaque y tienen que tomar una decisión.
Nada entre los dos pone entre la espada y la pared a sus protagonistas, pero el tono de gravedad con el que Mechi y Guillermo recorren su camino vuelve pesada la película.
Apenas se escapa algún chiste con un exabrupto de Oreiro al confundir el origen de unos turistas que considera maleducados o en la exagerada inoperancia de ese esposo y padre tarambana que interpreta Peto Menahen.
Pero lo que más resiente la película es la falta de química que se percibe entre los protagonistas, una rareza en dos estrellas que suelen funcionar con cualquier pareja y sacar lo mejor de quien sea que le pongan enfrente.
Es mucho más fácil comprender por qué Mechi y Guille escapan de sus familias que la infatuación entre ellos. La repentina conexión física y emocional de los amantes parece forzada y la relación de pareja parece más artificial que la decisión de “disfrazar” Uruguay, donde se filmó Nada entre dos, para que todo parezca transcurrir en México.
Tal vez el problema esté en la falta de sutilezas, algo que Taratuto parece saber manejar sin inconvenientes, o al menos así lo demuestra en el costado más interesante de Nada entre los dos al insinuar que hay cuestiones sociales que a Guille y Mechi les impiden, más aún que la distancia entre sus hogares, transformar este amorío en una relación estable.
Drama / Romance. Argentina / Uruguay, 2026. 109’. De: Juan Taratuto Con: Natalia Oreiro, Gael García Bernal y Peto Menahen Salas: Cinemark Abasto, Cinépolis Recoleta, Showcase Belgrano, Multiplex Lavalle.



