Ca7riel y Paco Amoroso armaron una fiesta para presentar su nuevo disco: adrenalina, imágenes lisérgicas y libre de prejuicios


En la presentación oficial de su nuevo álbum Free Spirits con un abarrotado Movistar Arena, Ca7riel y Paco Amoroso no sólo regalaron una fiesta inolvidable a un variopinto público, sino que lo hicieron parte de una celebración en la que hubo de todo, desde adrenalina desenfrenada e imágenes lisérgicas a sonidos que invitaron a las reflexiones más delirantes.
Los minutos de retraso que tuvo el comienzo del show de Ca7riel y Paco sirvieron para que el presente socialice y por ahí iban las charlas de recepción “Lo de hoy no es joda: el artista argentino de mayor relevancia internacional presentando de local su disco más potente a la fecha. Guarda que pinta histórico” comentaba en la fila de un puesto de hidratación cervecera un señor con suficientes años para asegurarlo y suficiente flow como para festejarlo.
Que el hombre sirva de punto de partida para un primer detalle a marcar: si bien es algo que se viene notando con antelación, es destacable ver cómo el público de Paco y Cato no responde a ninguna regla. O si, quizá a la idea de disfrutar la música sin prejuicios, algo que parece simple, pero es un logro de dimensiones, llanamente porque en décadas anteriores no era tan así.
El rango etáreo es multicolor, un primer rasgo distintivo del mundillo que habitan estos dos ñoños musicales reconvertidos en estrellas de lo bizarro y espectacular.
La voz en off de Sting -una suerte de padrino freak en esta etapa del grupo- es maestra de ceremonias. Mientras da la bienvenida a esta sesión de wellness masiva la gente comienza a delirar aún ante un escenario que sólo les desvela un telón gigante.
Pero eso sólo durará hasta que No me sirve más cope la parada y dé comienzo a la parodia extraordinaria que define el andar del dúo.
Seguido, Nadie inventa nada nuevo, todo ya está hecho bebo es un leit motiv no del todo aplicable a estos dos, pero que igual electrifica los cuerpos de los 15.000 presentes.
Un show enérgico y cuidado, el que dieron Ca7riel y Paco Amoroso en el Movistar Arena. Foto: Martín BonettoUna galaxia propia
Cae el telón y con la imagen de decenas de personas poblando el escenario -todos vestidos de profesionales de la salud a tono con el concepto de centro de rehabilitación espiritual que guía a Free Spirits-, comienza a tomar forma una galaxia propia.
Grupos de amigos, familias enteras son parte del primer pogo de la noche con un grito de guerra que para los normales puede no tener sentido, pero quien conecta, conecta. “¡Lady Gaga es argentina!” y todo Dios se deja media garganta.
El sonido (que finalizó siendo brillante) tardó algo en acomodarse y eso hacía que el coro (desafinado, desacatado, explotando desde el alma) del público tapase las voces de los héroes de Flores.
En el campo la fiesta sigue inolvidable, son miles de Peters Sellers que sienten estar de regalo allí más allá de si pagaron o no la entrada. Y en el escenario pasa lo mismo. Al afinar la vista se nota que el personal que secunda a la banda y los protagonistas no son más que sus amigos. Gente como Joaquín Furriel, Esmeralda Mitre o Martín Piroyansky se mezclaban con popes del under argento como Walas de Massacre, Chowy Fernandez (guitarrista de Barro, la excelente banda metal de Ca7riel) o Axel Fiks, uno más Peter Sellers que el otro, todos de joda, todos felices.
Energía y sanación, la propuesta de Ca7riel y Paco Amoroso, en la presentación del álbum “Free Spirits”. Foto: Martín BonettoEs llamativo y admirable el hecho de que con solamente dos discos y medio el setlist del show se pueda poblar así de hits. #Tetas, Muero, Re forro, Baby gangsta, La que puede, etc, etc. etc. La seguidilla es infecciosa y no hay tregua para esos organismos que brillan en la pista.
“No lo puedo creer” repetía un adolescente ondero con el cuerpo poseído por el beat de Todo el día, en este caso reinventada exitosamente con instrumentación metal.
En un pispás, Ca7riel pasa de ser una bestia peluda que aporrea su guitarra Flying V con riffs a la Gojira a colocarla delante suyo en pose de Prince para comenzar a entonar -con un nivel de irreverencia y sensualidad monumental- la letra del quizá mejor tema del dúo, Ha Ha.
El show, tanto en lo musical como en lo actitudinal, es una mamushka de mundos posibles, uno cabe dentro del otro y del otro y del otro. El jazz rock de Weather Report dentro del código más atorrante. El agite salvaje dentro de la sofisticación instrumental. El actuar dentro del sentir genuinamente. Por su forma de retratar la argentinidad, estos dos de a ratos parecen más cercanos a Tato Bores o Capusotto que a Duki o Wos.
El show de Ca7riel y Paco Amoroso terminó con un potente DJ set. Foto: Martín BonettoFinalmente, espíritus libres
Y volviendo a lo de sentir genuinamente: el tramo final en plan DJ set con todo el personal al frente del escenario, con Ca7riel haciendo stage diving y con un popurrí de temas antiguos en clave electrónica dura fue incluso más de lo que se podía esperar. En otro estadío de esta idea de crear mundos dentro de mundos, músicos y público como parte de la misma liturgia liberan endorfinas, siempre con la mano arriba que llegó Paquito.
Luego del sentido y extendido saludo, las pantallas y la voz de gurú de Sting confirmaban lo que todos los presentes ya sabían, que habían completado el proceso de sanación y finalmente eran espíritus libres, en este caso caminando a la salida entonando Himno del mediocre, un tema con guiños al pop italiano de los ’60 que hoy funciona como mantra holístico.
En el debut porteño de Free Spirits Paco y Cato renovaron votos con el público de su ciudad, haciéndolos sentir reyes por un día. Parafraseando a Faith No More, otro señor de la quinta de aquel que entusiasmado esperaba su birra en la previa al show da su sentencia camino a la salida “Fue la mejor fiesta en la que estuve”. El que sabe, sabe.



