De la pastelería al escenario y del coro al protagónico: Damián Betular y Belén Bilbao, la extraña pareja que debuta en Hairspray


Montados en sus personajes, con horas de ensayo encima y hasta una hora de maquillaje para transformarse, Damián Betular y Belén Bilbao viven días de máxima intensidad. Pero lejos de ese despliegue escénico, en la charla con Clarín, en la mesa redonda de un bar, se muestran relajados, cercanos y con una complicidad que sorprende para dos trayectorias que, hasta hace poco, corrían por carriles distintos. Hoy, sin embargo, ambos comparten el vértigo del debut en Hairspray, una de las apuestas teatrales más grandes del año.
Porque los números ya hablan por sí solos. Con más de 15.000 entradas vendidas y 10 funciones agotadas antes del estreno, Hairspray se perfila como el gran fenómeno teatral de 2026. La superproducción desembarca el 6 de mayo en el Teatro Coliseo con una puesta de escala internacional pensada para emocionar, sorprender y hacer vibrar al público desde el primer minuto.
En ese contexto aparece una dupla que genera expectativa. Damián Betular, a los 43 años, se anima a su debut en teatro musical interpretando a la icónica Edna Turnblad, después de una vida dedicada a la gastronomía, formado en hotelería, con experiencia en cocinas de alto nivel en Londres y Nueva York, dueño de su propia pastelería homónima y figura televisiva consolidada por Bake Off y MasterChef. Sin dejar ese universo, ahora cambia la pastelería por el escenario y se mete de lleno en un desafío completamente nuevo.
A su lado está Belén Bilbao, de 28 años y oriunda de San Isidro, quien se pone en la piel de Tracy Turnblad. Cantante de formación y con recorrido en distintos proyectos musicales. Fue corista de Migue Granados, llegó a cantar en escenarios como el Teatro Colón y también participó en musicales, siempre desde lo vocal. Hairspray es su primer protagónico, con todo lo que eso implica, al frente de un personaje que lleva el pulso de la historia.
Bajo la producción de Club Media junto a OLGA y dirigida por Fernando Dente, con música en vivo, coreografías y un equipo creativo de primer nivel, la obra -basada en la película de John Waters– vuelve a poner en escena una historia ambientada en los años ’60 que, entre humor y emoción, celebra la diversidad, la inclusión y el valor de animarse a ser uno mismo.
De la cocina al escenario: Betular debuta en el teatro músical como Edna en Hairspray
Nacido en Dolores, Damián Betular creció con la cocina como lenguaje cotidiano con su mamá y su abuela. En el colegio se destacaba en las materias más duras y durante un tiempo imaginó un futuro ligado a la ingeniería, tras cursar en una escuela industrial en la que se recibió en cinco años, uno antes de lo previsto. Pero antes de que ese camino se consolidara, decidió cambiar de rumbo.
Recién egresado, se mudó a Buenos Aires para estudiar cocina y ahí empezó un recorrido que lo llevó a formarse en ciudades como Nueva York y Londres, además de pasar por México y Japón, donde siguió perfeccionándose y haciendo sus primeros trabajos.
Sus primeros pasos en los medios fueron en radio, en La ley de Marley, donde se sumó como columnista de cocina. Años después, con una carrera consolidada, su propia pastelería y una popular presencia en televisión, hoy está a pocos días de subirse a un escenario, vestido de mujer, para interpretar a la mamá de Tracy en Hairspray.
Un giro inesperado que, lejos de alejarlo de su esencia, parece ser un nuevo capítulo en una trayectoria marcada por los desafíos.
-Qué desafío, Damián, debutar en teatro musical donde se combinan actuación, canto y baile…
-Me asombró mucho el montaje de una obra que tiene tantos cuadros musicales, tanto baile y tanta exigencia. La primera vez que subí al escenario y vi la platea sentí algo muy fuerte, un ‘wow’. Ese paso fue increíble. Confío mucho en Fer Dente, desde el primer día me dijo que había tiempo y que era un proceso. Empecé a prepararme meses antes en canto, coreografía y actuación. Vengo de otro oficio donde todo es más automático, acá tuve que aprender un lenguaje nuevo. Me parece muy loco que una obra es como un programa en vivo, es como que te editas en el momento. Pero es una experiencia muy linda y compartirla con este grupo que realmente es súper empático, nos llevamos muy bien.
Y sigue: “Pero a mí salir de mi zona de confort me encanta. La tele fue salir de mi zona de confort; hacer ese año diario también fue un desafío. Olga en su momento fue un desafío. Abrir un local fue un desafío, porque yo estaba muy cómodo en la hotelería… y ahora asumo uno nuevo con el teatro”.
-¿Con tanta preparación en simultáneo, en qué aspecto llegás más cómodo al estreno?
-La parte que más me preocupaba era el canto, sobre todo una canción muy exigente que hago con mi personaje. La vengo trabajando hace bastante. Ahora lo que falta es integrar todo con el vestuario, el maquillaje y la peluca, porque eso cambia todo. El teatro exige muchísimo más de lo que uno imagina desde afuera. No hay margen, es todo concentración.
Belén Bilbao: “Ensayar en teatro es otra cosa, ya proyectás todo más cerca, ves los errores que pueden aparecer. Cuando te ponés el vestuario, el maquillaje y subís al escenario, pasa algo mágico, se arma todo, uno gana mucha seguridad. Es como si todo se acomodara. El proceso te ordena y te da confianza”.
-Venís de un éxito muy fuerte en la pastelería, ¿qué te impulsó a animarte a un desafío como Hairspray?
Betular: “Esta idea empezó con Fer desde algo inimaginable, en un cruce en Olga. De esas cosas que te dicen al pasar y pensás: “Bueno, sí… hasta que eso suceda”. Pero después hablamos en la semana y ahí empezó un proceso más concreto, de entender qué iba a tener que hacer. Yo fui muy sincero con lo que podía hacer y con mis limitaciones, y él me dijo: “Yo creo que lo podés hacer, confiá en mí”. Empecé a conocer a su equipo y apareció gente con mucho talento que me hizo sentir muy seguro. Entonces dije: ‘Bueno, hagámoslo’.
Yo sigo amando mi oficio, lo voy a amar hasta el último día de mi vida. No me imaginaba haciendo otra cosa que no fuera cocinar. Después vino la tele, con Bake Off o MasterChef, que te da mucha exposición, pero cada vez que cocino para mi familia me conecto con algo muy especial y no lo quiero perder. Por eso esto lo vivo como un lujo.
Damián Betular dice que nunca dejará la pastelería, pero que sí le gusta asumir desafíos. Foto: Ariel Grinberg-Recién decías que una obra es como un programa en vivo, ¿qué traés de la tele y en qué te sirve?
-¡Nada! Cero. Es muy distinto. Ellos mismos me lo dicen: “Vos sos muy de la tele”. Son otros tiempos, otra exigencia. Yo nunca hice tele en vivo, más allá de alguna participación como invitado. MasterChef son muchas horas, sí, pero esto es concentración absoluta y mucho respeto por el compañero. Me sentí muy cuidado en todo el proceso.
En ese cruce de mundos, el famoso pastelero encuentra más puntos en común de los que imaginaba. Dice que, así como el telón se levanta a una hora, la puerta de un restaurante también, pero que en ambos casos la verdadera producción empieza mucho antes. Ensayos, pruebas, ajustes, coordinación para que después todo funcione con precisión. Y en los dos escenarios, para él, el trabajo en equipo es clave para que todo salga bien… porque cuando llega el momento, ni a los comensales ni al público se les puede poner excusas.
“Yo no me imagino haciendo nada solo. No existe eso en mi vida, nunca pude. El trabajo en equipo es muy reconfortante y de aprendizaje constante. Tiene mucha similitud esto con la pastelería: sale la entrada y el que prepara el principal tiene que estar listo; el del postre ya sabe si va a salir o no. El servicio funciona como una coreografía donde todos tienen que estar conectados. Acá pasa lo mismo”, compara Betular.
En esa misma lógica de equipo, Belén Bilbao también transita un momento que define como “soñado”. No sólo por compartir escenario con figuras como las actrices Alejandra Radano y Sofía Morandi, sino porque dentro del elenco está su mejor amiga, Paula Chouhy, con quien se conoce desde los 7 años y además interpretará a una de las amigas de Tracy.
Bilbao: Cuando me dijeron que había quedado y enseguida sumaron que también había quedado mi mejor amiga, no lo podía creer. Sentí una gratitud inmensa, fue el mejor día de mi vida”, cuenta.
Ellas se conocieron en una escuela de comedia musical cuando eran chicas, cantaron juntas durante años, armaron el grupo vocal Vocat a los 18 y nunca se separaron. “Es mi hermana, mi socia, mi mejor amiga. Compartimos esta pasión desde siempre. Por eso, que hoy se nos dé una oportunidad tan grande juntas es algo realmente de película”, resume.
El peso de los sueños
La historia sigue a Tracy Turnblad, una adolescente que sueña con bailar en el programa de TV más popular de Baltimore. Con una energía arrolladora, humor y emoción, Hairspray celebra la diversidad, la inclusión y el poder de animarse a ser uno mismo. Un mensaje vigente, contado a través de canciones inolvidables como Good Morning Baltimore, Welcome to the 60’s y You Can’t Stop the Beat, donde cada personaje, a su manera, persigue su propio sueño.
Belén Bilbao y Damián Betular. El musical “Hairspray” está ambientado en los años ’60 y basado en la película de John Waters. Foto: Ariel Grinberg -¿En qué te sentís identificada con esta Tracy soñadora?
Bilbao: En la perseverancia y en que cuando se me mete algo en la cabeza, voy por eso. Sea como sea, cueste lo que cueste. Y me parece que Tracy tiene mucho eso: le dicen que no mil veces y ella sigue. Y creo que en la vida en general, ser perseverante es la clave“.
-¿Damián, qué fue lo más desafiante de interpretar a una mujer?
Betular: “Es un personaje icónico, que hicieron grandes figuras, y además tiene una dualidad muy fuerte: es madre, pero también carga con el peso de sueños frustrados. El primer gran desafío es el cuerpo. Habitar a Edna no es sólo el vestido o la peluca, sino cómo se mueve, cómo camina alguien que hace años no sale de su casa. Y hay algo más. Edna tiene una inseguridad muy profunda que contrasta con la seguridad de su hija. Encontrar ese equilibrio, sin caer en la caricatura, sino construir una madre real, con miedos concretos, fue el trabajo más intenso que hice junto a Fer Dente.
-La obra pone en juego el vínculo entre los sueños y el apoyo -o las dudas- de los padres. En su caso, ¿cómo fue ese acompañamiento cuando decidieron dedicarse a lo que aman?
Bilbao: Mis padres me apoyaron mucho y me acompañaron en todo. Aunque creo que, internamente, a mi papá le hubiese gustado que me dedicara a algo más formal, porque yo era muy aplicada en el colegio. Pero yo tenía claro que quería cantar, actuar y bailar. Quería despertarme y decir ‘qué lindo lo que tengo para hacer hoy’. Con el tiempo, ellos también se fueron sorprendiendo con la vida del artista, algo que al principio era completamente nuevo.
Betular: A mí me pasó algo parecido. Capaz esa charla entre mamá y papá sobre mi futuro existió, pero nunca me la transmitieron y siempre hubo apoyo. Cuando terminé la escuela técnica y todos pensaban qué ingeniería iba a estudiar, yo dije ‘quiero cocinar’. Era raro, pero igual fue un ‘vamos para adelante’. Ellos sabían que eso implicaba irme de mi ciudad, venirme a Buenos Aires a los 18. Me acuerdo de viajar desde Retiro, tomar el micro a Dolores en 2001, y a mi mamá esperándome en la parada en esas noches de invierno. Fue todo muy desde un lugar de construcción en conjunto. Por eso digo que esto del equipo también se traslada a la familia. Porque sin ese apoyo, muchas veces, es muy difícil.”
Una obra que divierte y deja un mensaje
-Teniendo en cuenta la versión de Broadway y la película, ¿lo viven como una presión extra o buscan construir una identidad propia?
Bilbao: Es una obra que de por sí tiene algo muy único y hay que estar a la altura de lo desafiantes que son los personajes. Pero en esta versión se logró algo muy particular: cada personaje respeta su identidad y sus valores, pero al mismo tiempo tiene un sello propio.
¿Está argentinizada?
Bilbao: Por momentos sí, hay guiños. Pero también es una obra con un lenguaje muy universal. Si bien habla del racismo en los ’60 y de la discriminación, en el fondo trata sobre la inclusión, la diversidad y el amor propio. Y eso no tiene fronteras de época.
Malditos prejuicios
En sintonía con los temas que plantea Hairspray, el elenco también reflexiona sobre sus propias experiencias con los prejuicios. Coinciden en que no se trata de algo que se cambia de un día para el otro, sino de un proceso que se va dando con el tiempo.
En ese recorrido, destacan la importancia del trabajo en equipo y de escuchar otras miradas. “No todo el mundo tiene que pensar como vos”, remarcan, y aseguran que el intercambio y el debate ayudan a crecer.
Al mismo tiempo, aparece la idea sobre la necesidad de pasar a la acción. Dejar de esperar oportunidades y salir a buscarlas, construir un camino propio desde la constancia y la iniciativa. Una lógica que, de algún modo, también dialoga con el espíritu de la obra, donde la protagonista impulsa cambios desde una convicción genuina y logra contagiar a otros con su mirada.
“Es una obra que te hace reflexionar mientras te estás divirtiendo y bailando. No es una bajada de línea aburrida, es una explosión de alegría que te deja pensando: ‘¿Por qué seguimos juzgando por el envase?’, sostiene Betular sobre la esencia de la obra.
-Para terminar, ¿Por qué el público no se puede perder Hairspray?
Bilbao: Porque es una fiesta. Van a salir con el corazón explotando de felicidad, con ganas de bailar y de quererse un poquito más. Hay una frase muy linda que me dijo en su momento Javier Daulte, que fue mi maestro de actuación: ‘La profundidad yace en los pliegues de la superficie’. Y para mí esta obra es eso, porque es una obra muy profunda pero te lo cuenta desde un lugar de fantasía, de sueños y de alegría.
Betular: Porque es el plan perfecto. Hay talento, hay una orquesta en vivo que es increíble, y una historia que les va a encantar a todas las edades.



