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Luis Brandoni, Luis Puenzo y Adolfo Aristarain: en una semana murieron tres figuras trascendentales del cine y con ellos se fue un pedazo de historia

La seguidilla nos dejó un poco huérfanos de clásicos. En seis días se murieron tres figuras que tienen que ver con un temperamento en el cine y en la vida. El lunes partió el actor Luis Brandoni con 86 años recién cumplidos, el martes el cineasta Luis Puenzo a los 80 y este domingo el director Adolfo Aristarain, con 82.

Lo de Brandoni sonó repentino. Un día estaba actuando (en la obra ¿Quién es quién?, junto a Soledad Silveyra) y a los pocos días estaba internado en terapia intensiva por una caída doméstica que le provocó un hematoma cerebral. Y no pudo recuperarse.

Luis Puenzo se fue en el medio de ambos, un poco eclipsado por el adiós al Capitán Beto, pero siempre eterno por La historia oficial, la primera película argentina en ganar un premio Oscar.

Brandoni funcionaba como ejemplo de algo que uno no sabría muy bien cómo explicar. Podía ser ejemplo de permanencia: trabajaba activamente de su profesión desde hacía más de 60 años. Entre sus enormes trabajos, se destaca el de La patagonia rebelde, donde era un joven actor: se filmó hace más de medio siglo. Opinión, debate, convicciones. No era poco para una sola persona.

Lo curioso era su manera de mantener la vigencia en un país acostumbrado a tratar mal a sus viejos. La vida era eso que le iba pasando entre una película y otra. Su insistente producción de contenido para las cámaras lo habían vuelto el gran actor nacional.

Brandoni tuvo un recorrido que se interrumpió en la dictadura, cuando al volver de su exilio estuvo prohibido. Amenazado por la Triple A, dirigió la otra triple A (Asociación Argentina de Actores), se exilió y volvió al país. “El actor no tiene seguridad, no tiene un trabajo estable”, dijo este hombre repleto de interpretación.

“La peor época mía fue durante la dictadura, donde no podíamos hacer esto que estamos haciendo ahora: no se podían hacer reportajes, no se nos podía nombrar en los diarios, salvo en las críticas; no podíamos salir por radio, no podíamos hacer televisión (…) Creían que era comunista. Yo participaba activamente del gremio de Actores”.

Una generación asociada a descubrir el misterio en las sombras. En siete días se fueron tres tipos que dejaron títulos inolvidables como La Patagonia rebelde (1974), La historia oficial (1985) y Tiempo de revancha (1981).

Lo abrumador es que se fue parte de nuestra idiosincrasia. Adolfo Aristarain murió a los 82 años. Todos confesaban haber vivido. Dirigió películas que son una educación sentimental: La parte del león y Los últimos días de la víctima. Un lugar en el mundo, Martín (Hache), Roma. Él y Luis Puenzo fueron directores humanistas.

La última clase magistral del viejo profesor en Lugares comunes: “Deben despertar en sus alumnos el dolor de la lucidez”. El próximo 30 de julio Tiempo de revancha cumplirá 45 años de su estreno. Se lo considera uno de los mejores filmes del cine argentino de todos los tiempos.

Puenzo tenía 80 años. El 24 de marzo de 1986 recibió la estatuilla de la Academia de Hollywood. No hubo mejor propaganda para nuestra democracia. Lo suyo fueron solamente seis largometrajes, pero el impacto de La historia oficial -obra con halo de legado- lo catapultó a la escena mundial. El otro día fue despedido por Abuelas de Plaza de Mayo.

Con Brandoni -dijo Diego Peretti- se fue el último representante de una generación de actores brillantes. El último de los mohicanos de una generación dorada. Tuve la suerte enorme de trabajar con él, era un actor impresionante y muy buen compañero en escena”.

Aristarain, Puenzo y Brandoni en una semana. Tres golpes de estado de ánimo.

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