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“Solo quiero saber dónde está”: Padre de minero desaparecido en Concordia denuncia abandono institucional

CONCORDIA, SIN. – A más de 40 días de la desaparición de un grupo de trabajadores mineros en el sur de Sinaloa, el dolor de las familias se transforma en exigencia ante lo que califican como un silencio administrativo de las autoridades y de la empresa canadiense Vizsla Silver.

Un laberinto burocrático

Martín Adolfo Ochoa Casas, padre de Saúl Alberto, uno de los cinco mineros que aún no han sido localizados, compartió en entrevista para El Sol de México el calvario que vive ante la falta de canales oficiales de comunicación.

  • Información por goteo: El señor Ochoa asegura que la poca información que posee proviene de los medios de comunicación y no de las fiscalías de Sinaloa o Chihuahua, ni de la compañía minera.
  • Falta de seguimiento: Tras una reunión inicial en la Fiscalía de Chihuahua, donde se prometió coordinar esfuerzos con las autoridades de Sinaloa, las llamadas y correos de la familia han dejado de ser atendidos.
  • Exclusión como víctimas: El padre denunció que la fiscalía ha centralizado la información únicamente con la pareja sentimental de su hijo, negándole a él, en su calidad de progenitor, el acceso a los avances de la investigación.

El saldo de la tragedia

El pasado 23 de enero, diez mineros desaparecieron en la región. A principios de febrero, el hallazgo de fosas clandestinas en la comunidad de El Verde confirmó el fallecimiento de cinco de ellos, ya identificados:

  1. Ignacio Aurelio Salazar Flores (40 años)
  2. José Ángel Hernández Vélez
  3. José Manuel Castañeda Hernández
  4. José Antonio Jiménez Nevares
  5. Jesús Antonio de Lao Valdés

Sin embargo, para las otras cinco familias, entre ellas la de Saúl Alberto, la incertidumbre continúa.

El llamado de un padre

Ante el estancamiento del caso, la familia Ochoa anunció que interpondrá una denuncia formal en la Fiscalía de Delicias para ser reconocidos legalmente como víctimas indirectas. Este paso es vital para obligar a las instituciones a entregarles reportes oficiales.

“Yo nomás quiero saber. Si está muerto, que nos lo entreguen para tener dónde llorarle. Y si está vivo, que nos lo regresen”, expresó don Martín con la esperanza de cerrar un ciclo de angustia que ya suma casi siete semanas.

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