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Portobello: la serie sobre el conductor de la TV italiana al que acusaron de ser parte de la mafia

El 17 de junio de 1983, el presentador italiano Enzo Tortora les muestra los puños esposados a los paparazzi y grita: “¡Miren esto! ¡Es indignante!”. Y remata: “Los periodistas tienen que prestar atención a esta historia”. Luego entra en el patrullero y la gente le grita: “¡Sos un ladrón!” y “¡Pudrite en la cárcel!”. Pero alguien dice: “Enzo, ¿puede ser un error?”. Lo habían acusado falsamente de ser un traficante de drogas de la Camorra napolitana. Este viernes 20 de febrero se estrena en HBO Max la serie que reconstruye todos los hechos: Portobello.

Portobello era el nombre del programa de variedades de Enzo Tortora, que cada semana, en los años ‘80, atrapaba a 26 millones de espectadores -el 47 por ciento de Italia-: “Portobello”, “Portobello”, decían los italianos. El genovés Tortora interpelaba al público de las provincias con gran éxito, como reconstruye al detalle la serie de HBO Max, y que dirige el gran Marco Bellocchio. ¿Qué ocurrió? Acusado falsamente por varios reclusos, Tortora fue arrestado, encarcelado y sometido a un largo juicio: lo absolvieron tras años de un calvario legal.

El mayor incriminador había sido un preso que veía el show Portobello en su celda: Giovanni Pandico (el actor Lino Musella), conocido como “el escribano”, ya que el jefe mafioso Raffaele Cutolo (Gianfranco Gallo) lo utilizaba para sus cartas: Pandico se había obsesionado con Enzo Tortora, quien nunca respondía las cartas que aquél escribió para Cutolo. Y entre ellos, el sistema judicial italiano y el festín del mundo mediático, construyeron la supuesta culpabilidad de Enzo Tortora, interpretado por el famoso Fabrizio Gifuni, de 59 años.

Del otro lado de la pantalla, en exclusiva, el actor dialoga con Clarín sobre la serie Portobello. ¿Qué fue lo más fascinante de ser parte de esta ficción? “Continuar trabajando con un gran maestro como Marco Bellocchio: seguir una colaboración que empezó hace más de diez años. Ya estamos en la cuarta producción juntos”, agradece Gifuni. Y también celebra “poder hacerlo sobre una historia tan interesante y una historia tan terrible, pero también tan importante para recorrer. El cine, a veces, puede tener un papel importante. Recorrer los pedazos de memoria olvidados, abandonados, y llevarlos al ojo de los espectadores”.

Y poder hacer eso “es un gran privilegio”, sabe Gifuni. También es consciente de que, en la serie Portobello, de seis episodios y la primera de HBO Max en Italia, “el mundo de la televisión y el mundo de la mafia son dos grandes protagonistas, en particular de los años ‘80. “El programa Portobello había comenzado en 1977, cuando se terminó una temporada de grandes batallas políticas, del terrorismo y otros conflictos políticos y económicos -dice-. En los ‘80, las primeras páginas de los diarios eran tomadas por la criminalidad organizada. El terrorismo se desvaneció y la mafia, la Cosa Nostra, la Camorra, ocupó ese espacio”.

Televisión y leyes penales

Fabrizio Gifuni, como Enzo Tortora, ante los tribunales. Su caso sentó precedente para que la Justicia italiana cambiara. Foto: Anna Camerlingo/HBO Max

En sintonía “la televisión se transformó -prosigue Gifuni-, porque hasta fines de los años ‘70 solo existía la televisión del Estado, la RAI. Y, luego, Enzo Tortora fue un gran protagonista de este proceso de liberalización: nacieron las televisiones locales en toda Italia. Esos son dos aspectos muy importantes que se encuentran en esta historia: el gran presentador y el gran símbolo de la televisión vino a ser atacado injustamente por un grupo de camorristas. Hubo una colisión entre estos dos mundos”.

¿Cuál es el punto de vista del sistema judicial italiano? Gifuni sonríe al pensarlo: “Con Tortora, y hasta 1988, en Italia existieron determinadas leyes y un Código Penal que provenían de los tiempos del fascismo. Después de Tortora, y gracias a Tortora, el proceso se reformó: surgió un nuevo Código Penal y aparecieron nuevas garantías e instrumentos legales. Entonces, desde un punto de vista técnico, el caso de Tortora no se podría repetir hoy, exactamente, como pasó en aquellos años. Esto no significa que el error judicial se haya cancelado: el error judicial no puede ser cancelado en ningún país”.

Así, lo que es representado en la serie Portobello “es el sistema judicial de esa época. En el que, durante la fase instructora, o sea, antes del proceso, el imputado y los abogados podían saber muy poco. Entonces, todo era realmente muy cercano al proceso de Kafka”, describe Gifuni. El imputado “tenía que preguntar ‘¿de qué me acusan?’. Los abogados pedían las pruebas y el sistema decía: ‘No se preocupen, no arrestan a nadie por casualidad’”. Pero “en este sistema judicial sólo podías conocer a tus acusadores durante el proceso”.

Enzo Tortora, encarnado por el actor Fabrizio Gifuni, era el conductor de "Portobello", un ciclo que veían 26 millones de italianos semanalmente. Foto: Anna Camerlingo/HBO Max

Antes -sabe Gifuni- “había una posibilidad de defensa mucho más baja de la que hay ahora. Así era el mundo de la justicia en los años ‘80. Y tenemos que estar muy atentos para comprenderlo, porque sino se hará una gran generalización sobre el mundo procesal”.

Sobre esos tópicos trabaja Portobello, en base al libro Lettere a Francesca de Enzo Tortora (2016). Los dos primeros episodios de la serie se proyectaron fuera de competición en el 82º Festival Internacional de Cine de Venecia, el 1º de septiembre de 2025, con aplausos unánimes.

Ahora, Fabrizio Gifuni piensa en cuál fue el desafío más importante que tuvo al componer un carácter tan complejo como el de Enzo Tortora: entre el proceso judicial, la condena mediática, el control policial y su futura, pero extenuante, reivindicación. “Yo tuve que poder restituir un carácter muy complejo -cuenta Gifuni-. Era un personaje amado por 26 millones de italianos y que, en el momento en que fue arrestado, ya encontró a una Italia lista para acusarlo y para juzgarlo culpable”.

Pero esto “no sucede en una noche: eso significa que antes ya había una parte de Italia que no sentía simpatía por Enzo Tortora -dice Gifuni-. Entonces lo más complicado de lograr en la serie Portobello fue tratar de entender cuáles eran todos los elementos en el campo y tratar de mantenerlos juntos. No era un carácter simple ni una historia simple. Para mí, el desafío más grande fue que el Enzo Tortora que yo componía fuera algo impreciso e indefinido: que no se entendiera bien quién era esta persona. Tratar de restituir esa complejidad”.

El dedo acusador

“Es Enzo Tortora”, señala Giovanni Pandico (Lino Musella) en su carácter de arrepentido, ante la policía y luego ante la justicia. Allí comenzará el calvario del conductor de Portobello, el programa cuyo contexto reconstruye al detalle la serie de HBO Max: aparecen los informantes de la Camorra, el público ávido por condenar a Tortora y hasta los fiscales adjuntos dispuestos a creer -o a hacer creer- que el presentador y periodista podía ser un traficante de cientos de kilos de cocaína. ¿Cómo quedará posicionada la justicia, al final?

Lino Musella encarna a Giovanni Pandico, un recluso ligado a la mafia que fue el principal acusador de Enzo Tortora. Foto: Anna Camerlingo/HBO Max

La serie de Marco Bellocchio multiplica los puntos de vista acerca del caso -los antecedentes, su núcleo dramático, sus oscuridades y absurdos- y Portobello también explica, o sugiere, que las sospechas y suspicacias sobre Enzo Tortora se dieron porque él criticaba los miles de millones que se habían destinado a la reconstrucción social tras el terremoto de 1980, pero que terminaron en la Camorra.

Así, se combinan la crítica política, el análisis del contexto mediático, del mundo del espectáculo, y también los bajos fondos de la mafia italiana.

Y se muestran el auge y caída de un programa de TV que también tenía un símbolo reconocible: un loro.

“¡Soy inocente!”, grita Enzo Tortora cuando ya todos -o casi todos- buscan comer del festín mediático y condenar, por anticipado, al showman de Portobello. “¡Es el programa televisivo más grande de Italia!”, anunciaba el locutor del ciclo antes de dar pie a Tortora, y a sus estrambóticos invitados, ante las pantallas cautivas de las y los italianos. ¿Cómo reaccionarán cuando el ídolo caiga y, luego, cuando se sepa la verdad?

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