“Nunca estoy satisfecha”: antes de Meg Ryan, la mujer que escandalizó con el primer orgasmo del cine



Nació en Viena Hedy Lamarr. Fue una de las actrices más populares del Hollywood clásico de los años ’30 y ’40 y se hizo famosa por el filme Éxtasis donde, sexualmente liberada, permitió que se viera en pantalla el primer orgasmo femenino de la historia del cine.
No, no fue el orgasmo fingido de Meg Ryan frente a Billy Crystal en Cuando Harry conoció a Sally. El antes y después ocurrió en 1933: Lamarr actuó un orgasmo en blanco y negro que se puede ver en tres minutos de YouTube. ¿Está haciendo lo que creemos que está haciendo?
Se ha escrito sobre esa escena: “Erotismo puro. La imaginación desbocada nos hace sospechar mil cosas”. “Una escena magistralmente filmada”. Algo inédito en la historia del cine escandalizaba desde la joven presencia de una protagonista. Además, en Extasis, ella tiene otra escena donde aparece completamente desnuda. Una cosa y otra en medio de su belleza arrolladora, la convirtió en “la mujer más bella del mundo”.
Durante su adolescencia había alternado estudios de teatro con la carrera de Ingeniería. Pero a los 19 filmó, en Checoslovaquia, Extasis. Después viajará a Londres donde se cruzará con Louis B. Mayer, el mismísimo dueño de la Metro Goldwyn Mayer (MGM). La belleza de Lamarr convenció al magnate. Ahí empezó una carrera de 20 años en Hollywood.
“Cualquier chica puede ser glamorosa. Todo lo que hay que hacer es quedarse quieta y parecer estúpida”, dijo Lamarr, quien fue la fuente de inspiración para el personaje de Blancanieves creado por Disney en 1940 en base a un rostro casi perfecto.
Se la calificó de “excéntrica y vulnerable”. En el libro Beautiful: The Life of Hedy Lamarr (Bella: La vida de Hedy Lamarr), se dice que la actriz tenia “feos recuerdos” de Extasis y que ella misma la calificaba de “ficticia, falsa, vulgar, escandalosa, difamatoria y obscena”.
Luego fue la protagonista de Sansón y Dalila. “Nunca estoy satisfecha. En cuanto hago una cosa, ya estoy hirviendo por dentro para hacer la siguiente”, declaró. Se casó seis veces, fue actriz, productora, empresaria, coleccionista de arte e inventora.
Durante la Segunda Guerra Mundial desarrolló técnicas para la Armada de los EE.UU. que fueron aprovechados contra el régimen nazi, gracias a los conocimientos que tenía de sus estudios de Ingeniería. Un invento suyo, que patentó en 1941, significó el puntapié para el desarrollo de las redes wifi y bluetooth.
Su vida nunca la mostró como la típica mujer trofeo. Lejos de ese estereotipo, se la asocia al glamour y al espionaje, con investigaciones secretas vinculadas con el desarrollo de aviones militares.
Extasis cuenta la historia de Eva, una muchachita que está casada con un señor mayor (e impotente). ¿Resultado? Lo abandona, vuelve a la casa de sus padres y es allí donde tendrá lugar la escena del orgasmo. La trama sigue con un obrero con quien por fin podrá concretar.
La cámara la muestra tirada en una cama, ojos entrecerrados, curvando su cuerpo. No hay gemidos. Cuentan que para recrear el placer, el director de la película se metió debajo de la cama y con una aguja pinchó el trasero de la actriz. Una mezcla de dolor y falso placer lograron un plano que merece pasar a la historia.
Ella lo contó así: “El director (Gustav Machaty) me clavó un poquito una aguja en las nalgas y reaccioné. Recuerdo una toma en la que la cámara da un primer plano que capta una distorsión en mi cara. Ahí él grita alegremente: “Ya, goot!”
Se estrenó en los cines el 14 de febrero de 1933. El novedoso contenido sexual hizo que Alemania la prohibiera hasta dos años más tarde cuando se estrenó bajo el título de Sinfonía de amor. En los Estados Unidos se la calificó como “moralmente cuestionable” y la iglesia católica la sancionó a través del Papa Pío XII.
A mediados de los ’60 Lamarr decía estar arruinada y confesaba ser adicta a las metanfetaminas. En 1966 la arrestaron por robo de joyas en Los Angeles. Fue a vivir a la Florida y sólo pudo soportar el envejecimiento escondida en cirugías plásticas.
“Soy una persona sencilla muy complicada”. En las últimas décadas de su vida, el teléfono se convirtió en el único medio de comunicación con el mundo exterior. Ni a sus hijos veía. Acostumbraba hablar hasta seis horas diarias por teléfono, pero está completamente recluida.
Tiene estrella propia en el Paseo de la Fama de Hollywood. Murió el 19 de enero de 2000 a los 85 años. Desde el 27 de agosto de 2019 un asteroide lleva su nombre.



