La obsesión argentina del escritor detrás de “Una batalla tras otra”: gauchos, submarinos nazis y el Martín Fierro


Gauchos en un submarino nazi, un director argentino obsesionado con filmar el Martín Fierro y un psicoanalista exiliado de “Villa Freud”. Son algunas de las escenas que aparecen en las novelas de Thomas Pynchon, el escritor detrás de Una batalla tras otra, la gran ganadora de los premios Oscar.
Una batalla tras otra, dirigida por Paul Thomas Anderson y protagonizada por Leonardo DiCaprio, adapta Vineland, la novela publicada en 1990. La película ya acumula elogios -Steven Spielberg confesó haberla visto tres veces- y en Rotten Tomatoes supera el 90 % de aprobación.
Detrás de esa historia está Thomas Pynchon, un mito viviente que durante décadas evitó entrevistas, cámaras y apariciones públicas.
Pero en medio de sus novelas -laberintos narrativos llenos de conspiraciones, música, tecnología y paranoia política- aparece una obsesión inesperada: Argentina.
Thomas Pynchon, que rara vez ha sido fotografiado a lo largo de su dilatada carrera. Foto: The New York TimesGauchos anarquistas, psicoanalistas exiliados, crisis económicas y hasta un submarino nazi en Mar del Plata se cuelan en sus historias.
El escritor invisible que terminó en Los Simpson
Thomas Pynchon nació en Nueva York en 1937. Antes de convertirse en novelista trabajó en Boeing redactando manuales técnicos. Luego publicó V. en 1963 y empezó a construir una obra monumental que mezcla historia, cultura pop, ciencia y humor absurdo.
Con el tiempo también decidió desaparecer del espacio público. Nunca dio entrevistas extensas, casi no existen fotos recientes y su figura terminó rodeada de misterio, como ocurrió antes con J. D. Salinger, otro escritor que prefirió esconderse del mundo.
Thomas Pynchon, en “Los Simpson”. En 1997 aceptó una entrevista telefónica con CNN, pero dejó clara su regla: prefería no ser fotografiado.
Paradójicamente, la imagen más conocida de Pynchon no proviene de una foto real. Aparece caricaturizado en Los Simpson, con una bolsa de papel en la cabeza para ocultar su rostro mientras invita a los transeúntes a sacarse fotos con “un autor recluso”.
El chiste terminó convirtiéndose en meme: el escritor más invisible del mundo dentro de la serie más famosa del planeta.
Las novelas densas, eruditas y juguetonamente posmodernas de Thomas Pynchon. NYTCómo escribe Pynchon
Las novelas de Pynchon funcionan como un mapa delirante de la cultura del siglo XX. El arco iris de la gravedad, su obra más ambiciosa y ganadora del National Book Award, sigue la historia de los cohetes V-2 durante la Segunda Guerra Mundial.
La subasta del lote 49 imagina una red secreta de correos en la California de los años sesenta.
Inherent Vice parodia el policial negro en plena era Nixon con un detective que parece una mezcla de Philip Marlowe y un surfer californiano.
“Vicio propio” (“Inherent Vice”) fue también dirigida por Paul Thomas Anderson. Actúan Phoenix y Del Toro.Sus páginas se leen y suenan como una radio vieja mal sintonizada: ruido, estática, guitarras, hippies, conspiraciones y tecnología fuera de control. En ese caos narrativo aparecen cientos de personajes y tramas superpuestas. Y entre ellas, de manera inesperada, aparece también la Argentina.
Argentina infiltrada en sus laberintos
Una de las escenas más extrañas aparece en El arco iris de la gravedad. En medio de una trama sobre cohetes alemanes y conspiraciones bélicas surge un personaje improbable: un director argentino exiliado que secuestra un submarino alemán en Mar del Plata.
Lo acompaña una troupe de gauchos anarquistas antiperonistas que sueñan con filmar el Martín Fierro.
El escritor Thomas Pynchon.Sí: gauchos en un submarino nazi en plena Segunda Guerra Mundial.
La escena mezcla sátira política, cultura gauchesca y espionaje con el tono absurdo que atraviesa toda la novela.
Del Martín Fierro a la hiperinflación
Las referencias argentinas no se limitan a esa escena. En otros libros de Pynchon aparecen guiños dispersos al país: desde menciones al Martín Fierro hasta alusiones irónicas a la política económica argentina.
En Al límite, por ejemplo, aparece un psicoanalista exiliado de “Villa Freud” que intenta rehacer su vida en Nueva York después de la hiperinflación de los años ochenta y los planes de ajuste del FMI. En el fondo flotan nombres como Menem o Cavallo, convertidos en notas al pie dentro de un capitalismo al borde del colapso.
Un “argentinófilo” inesperado
Lo curioso es que esa fascinación no proviene de una experiencia directa. Hasta donde se sabe, Pynchon nunca vivió en Argentina ni hay registros claros de viajes al país. Sin embargo, en una carta de 1963 escribió que se estaba convirtiendo en “un argentinófilo”. Desde entonces el país aparece una y otra vez en sus novelas: gauchos, psicoanalistas, exiliados políticos y economías quebradas.
Argentina convertida en cameo recurrente de su paranoia global.
De las novelas al Oscar
La relación entre Pynchon y el cine no empezó con Una batalla tras otra. En 2014 Paul Thomas Anderson ya había adaptado Inherent Vice, protagonizada por Joaquin Phoenix. Ahora volvió a su obra con Vineland y convirtió esa historia en la película que terminó dominando la última ceremonia de los Oscar. Para un escritor que durante décadas evitó mostrar la cara, el resultado tiene algo de ironía.
Sus novelas -caóticas, desmesuradas y llenas de conspiraciones- terminaron convertidas en grandes producciones de Hollywood.
Y entre cohetes alemanes, paranoia política y cultura pop, la Argentina sigue apareciendo como uno de los escenarios más improbables de su imaginación literaria.



