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Geonnitus: arte y ambientalismo para defender el estado crítico de la Tierra

El arte no siempre busca dar respuestas; a veces, su función más vital es amplificar las preguntas que el ruido del progreso intenta silenciar. Bajo esta premisa desembarcó Geonnitus, una instalación audiovisual sobre el fracking en el CETC (Centro de Experimentación del Teatro Colón), en coproducción con la Fundación Eco Eco y RUIDO. La obra transforma el fracking -la técnica de extracción de petróleo y gas por fractura hidráulica en yacimientos no convencionales- en una experiencia sensorial cruda, técnica y profundamente reflexiva sobre arte y ambientalismo.

La obra surgió de la idea y coordinación de Marina Aizen y Pablo Schanton (Proyecto Eco Eco, iniciativa de Periodistas por el Planeta) y contó con la realización de Javier Areal Vélez, Cecilia Castro, Florencia Curci, Julián D’Angiolillo y Leonello Zambon, y con la colaboración artística de Carlos Lescano y Rodolfo Marqués. El expresivo diseño de iluminación estuvo a cargo de Facundo Estol.

“No hay documento de cultura que no sea al mismo tiempo un documento de barbarie”. Con esta célebre premisa, Walter Benjamin postula que los grandes logros de la civilización -el arte, la tecnología, las instituciones y el pensamiento- no son productos de una evolución pacífica, sino que descansan sobre cimientos de explotación y violencia.

El logro de la obra descansa en que consigue sensibilizar sobre el estado crítico de la Tierra, relacionada con la explotación del gas y el petróleo, sin renunciar a un postulado estético.

De los viajes al centro del fracking argentino, la zona de Vaca Muerta que corresponde a Añelo, Neuquén, se formó parte del material con que se concibió Geonnitus en un escenario inmersivo: dos pantallas exhiben el paisaje desvitalizado de Vaca Muerta, allí no hay viviendas, sólo alojamientos de paso y una casi total ausencia presencia humana; el fuego de las chimeneas aparece como escupido por un dragón (imágenes capturadas por D’Angiolillo); tubos anaranjados citan las mangueras que llevan y traen agua de los ríos y luego descartan hasta las zonas de fracking; piletas de lona llenas de agua oscura.

La estructura de andamios opera como un órgano neumático vivo, activado por motores, vibraciones y el ciclo hipnótico del agua, reconfigurando los ensamblajes sonoros del extractivismo.

Bajo las maderas de las gradas donde está sentado el público, golpean percutores durante la función, sumando sonidos profundos y graves a modo de contrapunto con la música escrita especialmente por Cecilia Castro.

En ese ecosistema industrial, crudo y áspero, suena el réquiem de Castro: un ensamble de vientos metal -Sebastián Miranda Torres, Ignacio Moglia Flaschka, Yanina Santi, Santiago Torres, Ana Grynberg, Hans Huamán, Elías Contreras, Eduardo Guillén, Juana Zapara y Esteban Barolin– sostiene notas largas, a veces en unísono, emitidas por músicos distribuidos por las tarimas de madera, ubicadas en la estructura de caños. Cornos y trombones se mezclan a veces con una marimba -Nicolás de la Puente–, mientras el agua gotea o chorrea sobre una pileta de lona, evocando a los grandes piletones de los yacimientos.

Las vacas, las rocas, el agua, son los elementos que, a modo de una forma rondó, circulan sobre la letanía de los vientos.

“Ya madura el silencio/Por el agreste vientre de tus bardas/Quiere Rayén dormirse/Tiemblan sus entrañas”, se escucha Quimey Neuquén en la voz de José Larralde -referente ineludible del canto patagónico-, canción que cierra la obra en la penumbra.

La irrupción de la canción no es un epílogo, sino un acto de presencia en esa voz que tiembla sobre el silencio de las máquinas. Al salir de la sala, el tinnitus persiste; no es ya el ruido de los motores, sino la resonancia ética de saber que bajo el brillo de nuestra civilización late el pulso herido de la tierra en el paisaje neuquino. La obra nos devuelve a la responsabilidad del testigo en la actual crisis ambiental: después de escuchar el grito neumático de la piedra, el silencio ya no puede ser indiferente.

Geonnitus: Una instalación audiovisual sobre el fracking

Idea, coordinación de proyecto y producción: Marina Aizen, Pablo Schanton y Daniel Borrelli Azara Creación y dirección: Javier Areal Vélez, Cecilia Castro, Florencia Curci, Julián D’Angiolillo y Leonello Zambon Colaboración artística: Carlos Lescano y Rodolfo Marqués Arquitectura y maquinaria: Leonello Zambon, Rodolfo Marqués y Carlos Lescano Diseño sonoro: Florencia Curci Electrónica y control numérico: Carlos Lescano Iluminación: Facundo Estol Música: Cecilia Castro Órgano de tubos y fluidos: Rodolfo Marqués Vibraciones parásitas y noise: Javier Areal Vélez Video / Cámara y edición: Julián D’Angiolillo Colorista: Lucila Kesselman Diseño gráfico: Emmanuel Orezzo Ensamble: Corno y dirección de ensamble, Sebastián Mirando Torres; Cornos: Ignacio Moglia Flaschka, Yanina Santi, Santiago Torres, Ana Grynberg; Trombones: Hans Huamán, Elías Contreras, Eduardo Guillén y Juana Zapata; Tuba: Esteban Barolin Marimba: Nicolás de la Puente Función: Miércoles 18 Lugar: Centro de Experimentación Teatral de Colón

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