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El mensaje oculto en Morse que Rush convirtió en un himno de los bajistas y revivirá en el Fifty Something Tour

Cuando el pasado mes de octubre de 2025 Geddy Lee y Alex Lifeson sacudieron al mundo anunciando el “Fifty Something Tour”, y mucho más con la confirmación de que Rush vuelve a la Argentina en el 2027, los fans comenzaron a especular sobre qué joyas del catálogo volverían a tocar en vivo.

Y es que el regreso de Rush, más allá de ser nostalgia pura, es la oportunidad de presenciar (para nuevos y veteranos) la ejecución de piezas que desafían todas las leyes de la música. Entre ellas, hay una que brilla con luz propia y que, con casi total seguridad, será uno de los momentos más técnicos y esperados del setlist: “YYZ”.

Esta canción instrumental del álbum Moving Pictures (1981) es toda una montaña rusa emocional. Para los bajistas, “YYZ” es un examen final: una estructura en 10/8 que nació de un viaje en avión y terminó convirtiéndose en el himno de estadio más extraño de la historia del rock. Pero, ¿Cómo fue que un código aeronáutico se transformó en una pieza nominada al Grammy?

La historia de “YYZ” comienza en el aire. Mientras volaban hacia Toronto en un pequeño avión pilotado por el instructor de vuelo de Alex Lifeson, los miembros de la banda escucharon un patrón rítmico proveniente de un radiofaro (VOR). Era el identificador del Aeropuerto Internacional Pearson en código Morse: –⋅––/–⋅––/––⋅⋅.

Ese pulso rítmico —Y-Y-Z— impactó de inmediato en Neil Peart. “El ritmo se me quedó grabado en la cabeza y les dije: ‘¡Chicos!'”, recordaba “El Profesor” en entrevistas posteriores. Lo que para cualquier viajero era un molesto pitido de navegación, para Rush fue la base rítmica de una de sus canciones más icónica. Peart utilizó los crótalos para recrear la introducción en Morse, estableciendo una síncopa que sigue vigente con el paso del tiempo.

“Así que, temáticamente, dijimos: ‘Usemos ese aeropuerto, tan importante para nosotros en aquella época y después, usémoslo como metáfora, en cierto sentido. De nuevo, de forma lúdica. No había una sensación de ‘Bueno, esta parte es esta parte’ ni nada de eso. Pero sí hay una sensación de bullicio, de ir y venir, y la gran emoción de esa parte central de lo que pueden ser los aeropuertos”, explicó Peart.

Para Alex Lifeson, la creación de “YYZ” fue un desafío de ego y técnica. En una charla con Prog Magazine, Lifeson recordó con humor el momento en que llegó al estudio: “Es lo peor que te puedes imaginar: ¡una maldita canción escrita por la sección rítmica! ¿Yo tengo que encajar una parte de guitarra sobre esto?”.

Geddy Lee y Neil Peart habían construido la estructura base durante una sesión de calentamiento. Geddy explica que buscaban capturar la “gran emoción” y el exotismo de los aeropuertos: “En nuestras vidas, los aeropuertos estaban llenos de simbolismo. Salidas y llegadas, separaciones y encuentros”. Para Lee, ver el código “YYZ” en sus etiquetas de equipaje significaba una sola cosa: “Estamos volviendo a casa”.

A pesar de su complejidad, la industria no siempre entendió la mística de “YYZ”. En 1982, fue nominada al Grammy como Mejor Interpretación Instrumental de Rock, pero perdió ante “Behind My Camel” de The Police. Sin embargo, el mayor hito de la canción no ocurrió en una premiación, sino en los escenarios de Sudamérica. En el mítico show del Maracaná en 2002, Rush quedó atónito cuando miles de fans comenzaron a “cantar” las melodías del bajo y los sintetizadores como si tuvieran letra.

Ese mismo fervor es el que Rush espera revivir en este “Fifty Something” no sólo en Brasil, sino -también- en Argentina. Lugares donde los fans son capaces de corear un riff que nació de un telégrafo.

La gran incógnita de esta gira es cómo sonará “YYZ” sin Neil Peart. La responsabilidad recae sobre la baterista alemana Anika Nilles. Para Lee y Lifeson, Nilles, maestra de los polirritmos y las subdivisiones complejas, es la elección perfecta para heredar el puesto de “El Profesor”. Sin embargo, en la práctica, la última palabra no está dicha: aún falta la aprobación de los fans veteranos. Con la gira recién comenzando, son poquísimos los afortunados que han visto a Nilles como baterista de Rush, y para una audiencia que conoce cada golpe de memoria, la verdadera prueba de fuego será la química que demuestre en vivo ante los más críticos del rock progresivo.

Al final del día, “YYZ” sigue siendo el testimonio de que se puede ser complejo sin perder el alma. Es una llamada a casa que, después de décadas, finalmente volverá a sonar en los grandes estadios del mundo.

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