Carmiña Masi rompió el silencio tras su expulsión de Gran Hermano por racismo: “Nadie es agua bendita”


Su paso por la casa fue breve, pero suficiente para convertirse en una de las protagonistas más comentadas en lo que va de esta edición deGran Hermano Generación Dorada. Carmiña Masi llegó al reality con un perfil frontal y provocador, y terminó envuelta en una polémica tras un comentario considerado discriminatorio hacia una compañera, episodio que derivó en su expulsión.
En diálogo con Clarín, la periodista paraguaya aseguró que todavía está tratando de acomodarse a la vida fuera de la casa y entender la dimensión que tomó todo lo que pasó dentro del reality. “Siento una montaña rusa de emociones. No me cae la ficha todavía. Solamente los que entramos en la casa sabemos lo que se siente”, explica.
La autocrítica tras salir de la casa: “Me da mucha vergüenza”
Esa sensación se intensifica cada vez que vuelve a ver el material que la convirtió en la tercera participante en abandonar el reality por decisión de la producción. “Ahora que salí me cuesta todavía entender. Me da mucha vergüenza”, admitió
La frase que dijo sobre su compañera Mavinga mientras bailaba en el patio, frente a otro de los participantes, fue -según reconoce ahora- un error del que se hace cargo y que hoy le resulta incómodo recordar. “Nunca me voy a cansar de pedir disculpas porque sé que me equivoqué”, afirmó.
En ese sentido, sostiene que dentro de la casa las situaciones se viven con otra intensidad y que en ese momento no llegó a dimensionar el impacto de sus palabras.
Según explica, “convivir con cámaras las 24 horas expone a cualquier participante a decir algo desafortunado”, algo que, dice, le puede pasar a cualquiera porque “nadie es agua bendita“.
La periodista también contó que la decisión del programa la tomó por sorpresa. Cuando la voz de Gran Hermano comenzó a hablar de una sanción, creyó que se trataba de un castigo dentro del juego, no una cuestión personal.
“Yo pensé que iba a ser ir de por vida a placa. Pero la segunda vez que no me dejó hablar, ahí dije: ésta es una expulsión y ya me lo veía venir”, recordó desde el hotel donde recibió la llamada de este medio.
Al mismo tiempo, rechaza las acusaciones de racismo que circularon después de su frase, a la que calificó como “desafortunada” y asegura que su relación con su compañera dentro de la casa era cercana.
“No soy racista, como me están queriendo instalar. Si lo fuera nunca iba a compartir con Mavinga como compartía en la casa, como dormía con ella, como nos abrazábamos”, cuestionó.
El motivo que la llevó a Gran Hermano y la estrategia que intentó sostener en el juego
Más allá de la polémica que marcó su salida, Masi explica que entrar al reality fue una decisión que tomó en un momento de replanteos personales y profesionales. Con casi veinte años de carrera en radio y televisión en su país, sentía que necesitaba un desafío distinto.
“Voy a cumplir veinte años en los medios en Paraguay y de repente me agarró como un: ¿y qué más puedo hacer? No sabía cómo seguir, si retirarme, si seguir. Entonces se me dio esta oportunidad y dije: bueno, ¿por qué no hacer Gran Hermano y darle un plus más a mi currículum?”, contó.
Esa misma lógica de desafío fue la que trasladó al juego dentro de la casa. Lejos de intentar pasar desapercibida, la conductora apostó por una estrategia basada en provocar y mover fichas entre los participantes.
“Amo la manipulación, eso te diría que sería mi estrategia. Me gustaba manipular mucho, poner un poquito aquí, un poquito allá, ir tejiendo de a poco, después mirar a la cámara, hacer un ojito”, confesó.
En ese esquema, asegura que nunca quiso integrarse a un grupo ni formar alianzas fuertes, porque su idea era sostener un juego individual. “Jugué sola. Nunca me iba a meter en ningún grupo. Siempre hablaba con todos y con nadie, porque Gran Hermano es un juego primero con uno mismo, con la cabeza de uno, y después contra todos”, sostiene.
Para ella, esa dinámica responde a la esencia del reality porque “por esa puerta sale uno solo y solo uno apaga la luz”. Después de la salida y de la exposición que generó en el programa, Masi sostiene que el público no llegó a ver la mitad de su personalidad durante su breve paso por el reality.
Asegura que siempre se mostró tal cual es –frontal, directa y sin preocuparse demasiado por caerle bien a todo el mundo-, pero que todavía queda mucho por conocer de ella.
Lo que se viene
Mientras se mantiene alejada de las redes sociales para evitar que la exposición le vuelva a provocar una crisis, la conductora asegura que no piensa esconderse ni abandonar su carrera. En Paraguay continuará con sus programas de radio y televisión, pero también imagina nuevos desafíos dentro del periodismo. “Me encantaría ser corresponsal de guerra“, dijo, como un sueño que le encantaría cumplir.
Otro de sus sueños que mencionó es que espera que algún día Mirtha Legrand la invite a su emblemática “mesaza”, un gesto que para ella sería un reconocimiento importante dentro del mundo del espectáculo.
Además, la conductora aclaró que su permanencia en la Argentina dependerá de las oportunidades que se le presenten.
Mientras tanto, hace un balance de su paso por el reality donde, para ella, la experiencia fue intensa y dejó aprendizajes, aunque el final haya llegado antes de lo esperado. “Jugué bien, tuve mala suerte y perdí”, resume. Y agrega, fiel a su estilo: “Nunca me van a ver derrotada ni victimizándome”.



