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Ana María Stekelman y un merecido homenaje: el Ballet del San Martín repone tres de sus obras, dos que creó para Julio Bocca

Este jueves 12 de marzo, a las 20, en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín, el Ballet Contemporáneo -que dirigen Andrea Chinetti y Diego Poblete– se estrena un programa-homenaje a Ana María Stekelman, una artista muy íntimamente ligada a esta compañía, al punto de que es parte esencial de su extensa historia.

Vayamos hacia atrás en el tiempo: en el año 1968, una joven, brillante y apasionada bailarina se unió al flamantísimo Ballet Contemporáneo del San Martín. Era Ana Maria Stekelman, que junto con otros quince bailarines comenzó a dar forma a las ideas de su director y coreógrafo, el también muy joven Oscar Araiz.

La compañía vivió apenas cinco años y fue recreada recién en 1977 con otro nombre y puesta bajo la dirección, esta vez, de Stekelman.

La historia del Ballet del San Martín está atravesada por alejamientos y regresos: a lo largo de los años, y en distintos períodos, tanto Araiz como Stekelman y Mauricio Wainrot -que también formó arte como bailarín del elenco original- ocuparon, abandonaron y regresaron a la dirección del Ballet.

Y ahora, para Ana María Stekelman se abre otro tipo de regreso, gracias a este programa constituido por tres piezas suyas creadas en distintas épocas En realidad sólo una de ellas fue pensada para el Ballet del San Martín: la muy bella Bailando en la oscuridad ((1988), que Stekleman describe como “espiritual pero no solemne e incluso humorística”.

Obras pensadas para Julio Bocca

Ana Maria Stekelman. Desde que vio bailar a Juan Carlos Copes, se fascinó con el tango. Foto: Carlos Furman

Las otras dos obras formaron parte del repertorio del Ballet Argentino que Julio Bocca dirigía e integraba como bailarín: La consagración del tango (1998) y un breve dúo que pertenece al Romance del diablo (2001) repuesto muy recientemente, en 2025, porque formó parte de la Gala con la que se celebró el centenario del Ballet del Colón.

El elemento en común de las tres obras es el tango, con su mundo sonoro y poético y que ha sido una gran fuente de motivación para esta coreógrafa.

¿Qué sentimientos le provoca volver a ver, después de tanto tiempo, una obra como Bailando en la oscuridad o La consagración del tango? La respuesta es casi inevitable: “Mucha felicidad y mucha nostalgia”.

Un dúo de "Romance del diablo", creación de Ana María Stekelman. Foto Carlos Furman

Inspiración en el consultorio del dentista

El punto de partida de Bailando en la oscuridad apareció para Ana María Stekelman en el lugar quizás menos esperable: el consultorio del dentista. Una música que sonaba en la sala de espera, y que pertenecía a una vieja película con Fred Astaire y Cyd Charisse, desencadenó en su mente imágenes que desembocaron en la futura coreografía.

Sin embargo, el tema musical no fue utilizado; sólo las ideas de fluidez y espiritualidad de ese dúo precioso de Astaire y Charisse en la película Bandwagon. Stekelman eligió para la banda sonora tres boleros cantados por Elvira Ríos, el Youkali Tango de Kurt Weill y La cumparsita, un tema que aparece en todas sus obras.

Bailando en la oscuridad es una obra espiritual pero a la vez muy sensual. Alguien le dijo a Stekelman en estos días “Bailando… es una arquitectura del deseo”.

La consagración de tango, una coreografía más física y más técnica que Bailando en la oscuridad fue compuesta por Stekelman para Julio Bocca y el Ballet Argentino. Hicieron algunas funciones en el Luna Park, más tarde en la ciudad española de Córdoba y luego en la Sala Garnier de la Opera de París.

El punto de partida fue primordialmente musical: el interés de Stekelman de que en una misma obra convivieran y se mezclaran dos compositores como Igor Stravinsky y Astor Piazzolla: “Cada uno a su manera -dice la coreógrafa- rompió con la tradición de la que venían”.

La presencia del tango

"Bailando en la oscuridad", una coreografía de Ana Maria Stekelman. Foto Carlos Furman

Desde aquellos tiempos de la infancia de Ana María, cuando en su casa del barrio de Almagro se escuchaba el legendario programa de radio El Glostora tango club, el género rioplatense fue para ella un destino, aunque un destino que desde el punto de vista de la creación coreográfica demoró bastante tiempo en concretarse.

“Vi bailar a Juan Carlos Copes cuando tenía 18 años, me fascinó y seguí viéndolo cada vez que bailaba en Buenos Aires. Pero recién doce años después llegué a crear una obra en la que el tango estaba presente”.

Y no sólo fue al encuentro de una fusión -palabra que no le simpatiza- entre la danza contemporánea y el tango, sino que en 1993 fundó la compañía Tangokinesis, su proyecto más enteramente personal. El grupo recorrió muchos países del mundo y un gran número de bailarines de tango, de folclore y de danza contemporánea fueron parte de los sucesivos elencos.

Las influencias de una creadora

Ana María Stekelman y un homenaje donde es su casa, el Teatro San Martín. Foto: Ariel Grimberg

-¿Qué artistas la influyeron?

-Admiro mucho el talento de Oscar Araiz y me encantaba bailar sus obras y los movimientos que creaba. ¡Y por supuesto Martha Graham! Estudié en su escuela de Nueva York durante dos años, aunque tuve sólo dos clases con ella. Algunos bailarines de su compañía fueron también profesores míos y es un lenguaje que queda marcado en el cuerpo para siempre.

Podría mencionar también a Pina Bausch, pero todo el mundo lo hace (se ríe). Por otra parte siento que lo que hago como coreógrafa es muy personal, porque sale desde muy adentro de mí.

Ana María Stekelman, durante su dirección, inauguró las presentaciones del Ballet en el Hall del San Martín con entrada libre. Pero aún más importante, creó el Taller de Danza, una escuela de perfeccionamiento que es hasta hoy una de las instituciones más importantes en su tipo –quizás la más importante- de América Latina.

-Con tantas cosas que fueron ocurriendo en tu vida artística, ¿cuánto de decisión y cuánto de azar hubo en ellas?

-Creo que las cosas simplemente suceden. Ni uno mismo ni nadie puede manejarlas.

Información

El homenaje a Ana María Stekelman puede verse desde el jueves 12 al domingo 15 de febrero, a las 20, en la sala Martín Coronado del Teatro San Martín, Corrientes 1530.

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