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A los 85 años, las mil vidas de Palito Ortega: de ídolo pop a gobernador de Tucumán y “enfermero” de Charly García

Hay vidas que parecen escritas como una película. La de Ramón Bautista Ortega -para todos Palito-, quien hoy cumple 85 años, tiene esa estructura: un chico del interior que llega a Buenos Aires con lo puesto, descubre la música casi por casualidad, se convierte en ídolo juvenil, llena cines y teatros, se reinventa empresario, se mete en política y, décadas después, termina ayudando a rescatar a una de las figuras más importantes del rock argentino.

Todo empieza el 8 de marzo de 1941, en Lules, Tucumán, donde nace en una familia humilde y numerosa que conoce de cerca el esfuerzo cotidiano.

Su infancia no tuvo nada de glamour, sino que ya se recuerda haciendo changas desde muy chico para ayudar económicamente a alimentar a sus hermanos.

De vender café en la calle al descubrimiento de la música

Si la película de su vida tuviera una primera escena clave, sería su llegada a Buenos Aires con apenas 14 años. La primera noche durmió en la estación de Retiro, pero gracias a los distintos trabajos que consiguió logró mejorar poco a poco su situación.

Palito Ortega llegó a Buenos Aires desde Tucumán. Fotos Archivo Clarín

Para sobrevivir, además de ser mesero y personal de limpieza, vendía café en la calle. Caminaba la ciudad con una bandeja y un termo. Nadie que le hubiera comprado un cortado imaginaba que ese chico terminaría siendo una de las figuras más populares del espectáculo argentino.

El destino de Palito empieza a girar cuando logra entrar en contacto con el ambiente artístico en Canal 7 y Radio Belgrano, donde cruza músicos, escucha ensayos y respira ese mundo nuevo. Así, se enamora de la música y decide aprender por su cuenta primero la batería, después la guitarra.

Ese entusiasmo lo llevó a sumarse a una pequeña banda llamada Carlinhos y su bandita. Con ellos salió de gira y empezó a conocer el oficio hasta que, años después, el líder del grupo se separa y el joven tucumano decide probar suerte como cantante. Para hacerlo adopta un nombre artístico que hoy parece un capítulo olvidado de su vida: Nery Nelson.

Palito Ortega como Nery Nelson. Foto: Captura de video

Con ese nombre grabó sus primeras canciones en Mendoza. El disco incluía temas como La edad del amor y Yo no quiero, que pasaron prácticamente desapercibidos. No le dieron éxito ni fama, pero sí la certeza de que ya no podía abandonar la música.

Ahora sí, nace Palito Ortega

El verdadero despegue llegó en 1962, cuando conoce al compositor Dino Ramos. Juntos forman una sociedad creativa con la que comienza a grabar para RCA Records y adopta definitivamente el nombre con el que se volverá famoso: Palito Ortega.

Con su primer disco homónimo empezó a aparecer en televisión, pero fue su paso porEl Club del Clan el que terminó de convertirlo en un fenómeno juvenil.

Ramon Palito Ortega en sus comienzos como cantante.

En una Argentina que empezaba a descubrir la cultura pop, Palito representó un ídolo distinto, cercano, optimista y con canciones que hablaban de amor, alegría y esperanza.

Con el tiempo, temas como La felicidad, Despeinada o Yo tengo fe marcaron a toda una generación que hoy ya peina canas.

En pocos años, el rostro del tucumano que vendía café llena teatros, vende miles de discos y protagoniza películas. La industria del entretenimiento descubrió que su imagen funcionaba en todos lados: televisión, radio, cine y escenarios.

La familia Ortega, completa.

Amor, familia y seis hijos: el otro proyecto de vida de Palito Ortega

En su vida personal también construye uno de los capítulos más importantes de su historia. Conoce a la actriz Evangelina Salazar a comienzos de los años ’60, cuando ambos empiezan a coincidir en el ambiente artístico y en producciones de cine y televisión ligadas al fenómeno del Club del Clan.

Mientras ambos atravesaban el auge de sus carreras, en 1967 deciden casarse. La boda se convirtió en un acontecimiento mediático que se transmitió por televisión para sus fans, mientras cientos de personas se acercaron a la iglesia San Francisco de Asís, en Buenos Aires, para presenciar en vivo el esperado “Sí, quiero”.

Aquel casamiento consolidó una de las parejas más duraderas del ambiente artístico argentino y dio inicio a una familia que con el tiempo tendría seis hijos, varios de los cuales también construyeron sus propios caminos dentro del mundo del espectáculo.

Palito Ortega fue gobernador de Tucumán desde 1991 hasta 1995.

Del escenario al poder

A comienzos de los años ’90, tras pasar varios años entre la Argentina, Miami y España produciendo música y cine, acepta la propuesta de involucrarse en política dentro del peronismo, impulsado por el entonces presidente Carlos Menem.

En 1991, el cantante que había conquistado al país con canciones románticas, fue elegido gobernador de su provincia natal, motivo por el que volvió a la tierra donde había nacido en un ingenio azucarero para gobernarla durante cuatro años.

La experiencia política continúa luego en el Congreso, donde también se desempeña como senador nacional por Tucumán entre 1998 y 2001, y en 1999 integra la fórmula presidencial del peronismo como candidato a vicepresidente junto a Eduardo Duhalde.

Con Frank Sinatra, a quien trajo en agosto de 1981, y actuó en el Luna Park y en el hotel Sheraton.

Para entonces, su figura ya era la de un personaje difícil de encasillar. Cantante, actor, empresario (trajo a cantar a Frank Sinatra), productor y político, todo en una misma vida.

Cuando Palito cuidó a Charly García

Pero todavía quedaba otro capítulo inesperado en la historia de Palito Ortega. A fines de los años 2000 su nombre vuelve a aparecer en los medios por una razón muy distinta: su relación con Charly García, uno de los músicos más influyentes y turbulentos del rock argentino.

En 2008, cuando la salud del creador de Yo tengo fe atraviesa uno de sus momentos más críticos, Ortega decide abrirle las puertas de su casa para ayudarlo en su recuperación.

Palito Ortega y Charly García, juntos en el Gran Rex.

Durante varios meses Charly vive allí, acompañado por médicos, amigos y familiares. El tucumano se involucra de lleno en ese proceso y termina convirtiéndose en una especie de “enfermero” y sostén emocional del músico.

Esa escena -el ídolo romántico de los años ’60 cuidando al genio indomable del rock- resume, quizá mejor que ninguna otra, las múltiples vidas de Palito Ortega.

Y quizá su historia, que ya cuenta 85 capítulos, demuestra justamente eso, que la vida puede comenzar vendiendo café en la calle… y terminar transformándose en uno de los grandes íconos de la música argentina.

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