Avenged Sevenfold y Mr. Bungle, en el Movistar Arena: heavy metal preciso, profesional y también romántico


El arte, en este caso la música, tiene el poder de transformar las tradiciones. Quien se diera ayer un paseo por las inmediaciones del Movistar Arena en horarios de la tarde podría ver como en la previa del show de Avenged Sevenfold y Mr. Bungle las calles se poblaban de metaleros de todas edades. Religiosamente de negro, pero con notas de emocionalidad a corazón abierto.
Y es que Avenged Sevenfold (los principales atrayentes de la noche, cabezas de cartel) es una banda que de algún modo hizo un camino inverso al usual: fueron parte de una avanzadilla encuadrada dentro de un género novedoso en sus comienzos (el metalcore) para ir adquiriendo elementos y guiños bien cercanos al metal de toda la vida (y a muchos estilos más).
Parte de un momento de la música pesada en la que el sentimentalismo cobró relevante importancia, el grupo hizo su camino propio y del mismo modo sus fans rodean el estadio con aura de comunidad, casi de tribu.
A pesar del imperante negro en las vestimentas para ser fan de Avenged Sevenfold hace falta mucho color en la mente y el corazón: las derivaciones musicales de la banda nacida en la surfera Huntington Beach californiana no permiten ver la vida en un solo tono.
Cerca de las 19 y mientras dentro del Arena tocaba Femi -una elección llamativa para abrir este show pero también saludable y que, otra vez, evidencia que no todo debe ser del mismo color- las calles se adyacentes rebosaban de ambiente: las cervecerías y pancherías atestadas hacían sonar metal, el mercado ambulante del merchandising no oficial actuaba de termómetro de una previa muy esperada.
Si bien el porcentaje de remeras favorecía sustancialmente a Avenged Sevenfold, una buena porción de quienes se acercaron a Villa Crespo lo hicieron por la banda telonera, los patanes del culto metalero-experimental Mr. Bungle y con ello también vestían el logo de la banda así como de otros proyectos de su cantante Mike Patton, más que nada los super referenciales Faith No More.
Mike Patton, de Mr. Bungle, y la camiseta de la Selección argentina, que ya lució en sus shows de Buenos Aires en 2022. Se ve que la guardó bien. Foto: BonettoMr. Bungle, con los eternos y otras glorias
Siendo las 20, las luces se vuelven a apagar y el ambiente se deforma para darle bienvenida a Mr. Bungle. Vale aclarar que la banda de Mike Patton (acompañado por los otros dos bungles eternos, Trey Spruance en guitarra y Trevor Dunn en bajo, a quienes se le sumaron las glorias del thrash metal Dave Lombardo en batería y Scott Ian en guitarra) hizo su camino en el amplio vértigo de la música experimental, pero esta encarnación tributa a los primeros años de la banda, en los que eran básicamente un grupo de thrash metal.
No obstante, son la mona vestida de seda del thrash metal. Sí, pueden sonar ultraveloces y mega precisos, súper agresivos y completamente insaciables, pero también pueden ser vanguardistas y demostrar, mediante gags y sketches de excelso humor, que la solemnidad no es una palabra en su diccionario.
Mr. Bungle cantó una canción popularizada por Olivia Newton-John y también “All by Myself”, de Eric Carmen, pero con letra en castellano. Foto: BonettoLuciendo una camiseta de La Scaloneta, estrenada en su visita de 2022, a pocos días de la consagración argentina en Qatar, Patton supo de entrada cómo ponerse al público propio y ajeno en el bolsillo “¡Queridos porteños! ¡Queridas porteñas!”, saludó haciendo gala de un gracioso español multi acento.
Con un Scott Ian que entraba y salía del escenario por una fuerte dolencia física, la banda pudo sortear con altura el inconveniente y saldar un show que entre la distopía, el frenesí de la distorsión y la actitud hardcore, también hizo uso de una dinámica espectacular cuando mechó con temas por fuera del género como los covers de Tuyo de Rodrigo Amarante, Hopelessly Devoted To You popularizada por Olivia Newton-John, maravillosamente cantada por Patton, la propia Retrovertigo con M Shadows de Avenged Sevenfold en la voz principal (cosa que no gustó a los fans de Bungle, que esperaban con ansias ese guiño al repertorio más clásico de la banda) y cómo no nombrar el final con juego interactivo con todo el estadio en que se entonó “A la mierda” sobre la melodía de la inmortal All By Myself de Eric Carmen.
Aunque su fandom más radical desee que se reformen en su formato “experimental”, es innegable que esta hora de show fue violentamente divertida.
No, no son superhéroes, pero…
M Shadow, el cantante de Avenged Sevenfold, en su show en el Movistar Arena. Foto: Bonetto“¿Cómo se llaman? ¿Avengers qué?” preguntaba un despistado señor al que evidentemente habían invitado al show. La respuesta de su interlocutor no llega a tiempo porque los californianos toman la escena y todo (el sonido, las visuales, los corazones) explota al mismo tiempo.
La imposición visual y sonora es total y de entrada es notorio que estamos ante un espectáculo de alto standing, con todo calculado al milímetro.
La teatralidad del grupo y cierto amor por el dramaqueenismo se replican en los gestos emocionales de un público completamente entregado. Hay clichés rockeros por los cuatro costados, sí, pero el nivel con el que están ejecutados es excesivamente profesional.
Los Avenged Sevenfold mostraron su precisión en el Movistar Arena. Foto: BonettoNo faltan las baladas y los celulares iluminándolo todo y ahí aparece una palabra que define la experiencia: el ritual. El público actúa como devotos de una suerte de misa gospel gigante y pagana, inmersos en una liturgia con códigos que conocen al dedillo.
Porque en el carácter intergeneracional del público (mayormente entre 22 y 36 años, pero también por encima y debajo de esos márgenes) también se refleja lo que pasa en escena con esa música que toma mucho del metal de los ’80, pero con unas visuales que desafían la percepción en el sentido de lo desconocido, lo futurista.
En concreto se utilizó un impactante filtro en vivo de lo que las cámaras tomaban en el escenario que lograba correr el eje temporal del show, dando una sostenida sensación de alucinación. Maravilloso.
Si a todo este combo le sumamos los climas propuestos por canciones del hemisferio ecléctico de la banda como la celestial Cosmic (que entrelaza voces robóticas a la Daft Punk con atmósferas de post rock) o Nobody, donde lo teatral del show encuentra su pico, la experiencia se completa con creces.
Nunca los había escuchado, ni idea quienes eran, pero no la puedo creer ¡Qué show!”, soltó el mismo señor curioso de camino a la salida.



