Alvarado: proyectan 22 aerogeneradores de 100 MW; la MIA admite riesgo para aves
Veintidós aerogeneradores, 100 megawatts de capacidad y un vecino incómodo: una de las zonas de mayor valor ambiental de Veracruz. El proyecto de una nueva Central Eoloeléctrica en Alvarado ya tiene Manifestación de Impacto Ambiental Regional (MIA-R), y lo que dice el propio documento es tan importante como lo que propone construir.
La MIA reconoce de frente que las turbinas representan un riesgo para la fauna voladora. “Durante la operación de la Central Eoloeléctrica adquieren relevancia las aves y los quirópteros”, establece el estudio, en referencia a aves y murciélagos que podrían interactuar —y colisionar— con las aspas una vez que la central entre en funcionamiento. No es una advertencia de ambientalistas: es la conclusión del propio promovente.
El mapa ambiental del proyecto explica la preocupación. La Manifestación identifica una relación espacial con dos regiones de importancia ecológica: la zona de influencia del Área Natural Protegida Sistema Arrecifal Veracruzano y el Área de Importancia para la Conservación de las Aves (AICA) Humedales de Alvarado. El promovente sostiene que esa cercanía no implica por sí misma una afectación a las características o funciones ecológicas de dichas regiones, y subraya que las obras no se realizarán dentro del área natural protegida. Pero la cercanía está ahí, escrita en el documento.
Para atender ese frente, la MIA contempla medidas preventivas específicas: un análisis de rutas migratorias, conectividad ecológica y alturas de vuelo de las especies, además del cálculo de la probabilidad de colisiones mediante la comparación de las alturas promedio de vuelo con la zona de operación de las turbinas. Es decir: determinar qué especies, volando a qué altura, tendrían mayor interacción con la infraestructura.
Entre las medidas ambientales propuestas destaca la realización de un Estudio de Riesgo Aviar durante la preparación del sitio y la construcción, así como un monitoreo permanente de actividad y mortalidad de especies voladoras. El proyecto también plantea evitar generar condiciones que atraigan aves y murciélagos: nada de nuevos cuerpos de agua, sitios de anidación, zonas de alimentación o dormideros cerca de las turbinas.
La propia MIA admite que durante la preparación del terreno —con trabajadores, maquinaria, vehículos y ruido— la fauna podría desplazarse temporalmente hacia zonas aledañas. Es un impacto reconocido, aunque calificado como transitorio.
Los aerogeneradores se distribuirían en terrenos vinculados con tres ejidos: Moral y Mosquitero, Nanchal y Costa de la Palma. La zona está integrada principalmente por pastizales cultivados, potreros de ganadería bovina y algunas superficies agrícolas, entre ellas cultivos de caña de azúcar. El proyecto sostiene que la infraestructura eólica ocuparía alrededor del 1 por ciento de la tierra, que no requeriría deforestación y que los usos productivos se mantendrían: invernaderos de mangle, recuperación de cultivos frutales, pesquerías ribereñas y ganadería sostenible.
El documento también identifica riesgos para suelo y agua. En el suelo, advierte la posibilidad de contaminación por derrames accidentales de combustibles, aceites, grasas o lubricantes de vehículos y maquinaria. Para el agua, prevé modificaciones puntuales del régimen hídrico superficial y riesgo de contaminación ante derrames. Además, reconoce un incremento temporal del ruido durante la preparación y construcción, y admite que las dimensiones y altura de los 22 aerogeneradores harán que las estructuras sean visibles y modifiquen la configuración actual del paisaje.
La central tendría una capacidad instalada estimada de 100 MW, más un sistema de almacenamiento equivalente al 30 por ciento de su capacidad, con posibilidad de entregar energía de manera continua durante tres horas. La zona considerada abarca cinco ejidos con aproximadamente 2 mil habitantes, aunque la incidencia directa de los aerogeneradores se concentra en tres.
La conclusión de la MIA es que existe “suficiencia legal y técnica en materia ambiental” para desarrollar el proyecto, pero condiciona esa viabilidad al cumplimiento de la normatividad y de las medidas preventivas, correctivas y de mitigación previstas en el estudio. En otras palabras: el proyecto puede avanzar, siempre que cumpla lo que él mismo prometió. La vigilancia de ese cumplimiento —empezando por el Estudio de Riesgo Aviar y el monitoreo de mortalidad de aves y murciélagos— será la verdadera prueba de fuego de esta central eólica junto a los humedales.



