Parejas +40, sexo y una propuesta difícil de rechazar: la película para ver este sábado de a dos… o de a cuatro


Tenía todo para gustar. De verdad.
Una pareja que se encuentra con otra pareja: género (¿?) que nunca falla. O casi.
Quién le teme a Virginia Woolf?: Taylor y Burton destrozándose en blanco y negro. En Perversa luna de hiel, un lisiado y su bomba sexual invitan a otra pareja a cenar y terminan ofreciendo asesinato y suicidio. Polanski entendía la hospitalidad de una manera particular.
Y en Carnage, también de Polanski, una pareja invita a otra a discutir civilizadamente… hasta que dejan de ser civilizados.
Woody Allen armó en su perfecta Manhattan un cuadrilátero (+1) de infidelidades entre Isaac, Yale, Mary y Emily. En Mientras somos jóvenes, unos cuarentones en crisis encuentran en una parejita hipster todo lo que creen haber perdido. Mala idea para ellos. Excelente película.
Y hasta Raymond Carver, el gran cuentista de las parejas rotas, hizo sentarse a dos matrimonios alrededor de la colorida cena —pavo real incluido— en “Plumas”, uno de los cuentos de Catedral.
Y ahora, The Invite.
Penélope Cruz y Olivia Wilde: una cena entre vecinos que empieza a cruzar límites.Arranca tan setentera que fascina: bicicletas en San Francisco, una banda ensayando, pantalla en split screen. Gente de carne, hueso y poco amor pero mucho humor, como esas parejas que Peter Bogdanovich hacía hablar, pelearse y enamorarse en el gran cine americano de los setenta.
Y detrás de cámara, una mujer hermosa: Olivia Wilde.
Wilde. El swing de Rogen. El perverso Edward Norton. La almodovariana Penélope Cruz.
Sin margen de error, ¿no?
Dos parejas y una invitación
Joe y Angela, interpretados por Seth Rogen y Olivia Wilde, están casados y la rutina ya hizo su trabajo. Hawk y Piña, Edward Norton y Penélope Cruz, lo contrario: desinhibidos, sexuales, divertidos.
Angela invita a cenar a Hawk y Piña, los vecinos del piso de arriba. Se gasta una fortuna en jamón español importado. Piña no come carne. El deseo es un plato que, a veces, nadie toca.
La invitación, literalmente, está sobre la mesa. Joe aprovecha para sacar el tema de ciertos ruidos nocturnos que bajan del techo. También hay una ventana indiscreta y algunas miradas que no fueron del todo accidentales.
El buffet frío empieza a calentarse.
Hasta que Hawk y Piña proponen un intercambio de parejas. Y entonces ocurre algo bastante más erótico que desnudarse: hay que contestar.
“Mejor que decir es hacer”, dicen que decía Perón. El swinging tal vez admita la inversión: mejor que hacer es decir.
No es que el cine haya descubierto el swinging en 2026. Bob & Carol & Ted & Alice ya había puesto en 1969 a dos matrimonios frente a algo parecido, cuando la revolución sexual estaba bastante más de moda que las aplicaciones para encontrar pareja.
Y hace apenas un año, Splitsville cruzó otra vez a dos matrimonios con la no monogamia y sus consecuencias.
The Invite, además, viene de Sentimental (2020), de Cesc Gay, basada en su obra Los vecinos de arriba.
Joe y Angela aceptan. Sin un segundo de duda. Demasiado fácil para creerles.
Pobres gentes: terminan otra vez en su departamento burgués con piano incluido.
Qué envidia.
Una pareja +40 mira a otra y ve lo que ya no encuentra en la propia: sexo, desparpajo, libertad. Lo que sea. La posibilidad de recuperarlo era una película buenísima.
Sin swing de Rogen
El problema es que The Invite se complica desde el comienzo. La música atonal se come los diálogos, los planos, cada vez más vistosos, vacíos, virtuales. Cine para adultos Triple V.
Wilde, autodirigida, sobredirigida.
Y Seth Rogen, que suele ser un genio sin decir nada, en pausas, en esa mueca de desconcierto y cara de que llegó tarde a su propio pensamiento, acá tapa los silencios los con un “yeah”.
Seth Rogen y Olivia Wilde interpretan a un matrimonio al que la rutina ya le hizo su trabajo.Penélope Cruz: ¿actuación sobre la incomodidad o actuación incómoda? ¿O la insoportable ya es Cruz?
Y Edward Norton, genial, como siempre. Qué perverso.
The Invite se estrenó hace tres semanas y sigue en cartel. Tal vez un sábado a la noche sea un buen momento para verla: una película sobre dos parejas e ideal para ir de a cuatro.
Después se encienden las luces y cada pareja verá qué hace con la suya.



