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Natalia Oreiro, después del Martín Fierro de Oro: “Estamos demasiado pendientes de la mirada ajena”

Natalia Oreiro subió al escenario de los Martín Fierro de Cine y Series 2025 para recibir el premio que la dejó sin palabras: el Oro. Lo ganó por su protagónico en La mujer de la fila, una película que la devolvió al drama más íntimo y que la conectó –según dice– con la parte más profunda de sí misma. Todavía con la adrenalina de la noche y con la emoción a flor de piel, habló con Clarín sobre el triunfo, su carrera, la confianza y el amor por la ficción.

En La mujer de la fila, Natalia Oreiro es Andrea, una mujer de clase media, cuya vida cambia drásticamente cuando su hijo de 18 años acaba en la cárcel acusado falsamente de un delito menor que no cometió. Ahora ella debe dedicar sus días a liberarlo de la prisión.

Oreiro recordó el instante exacto de la noche en el que escuchó cuando la nombraron ganadora. “No sabía qué decir. Vi a la Nati niña cruzándose en mi cabeza, confiando en sí misma. Y eso hoy falta en la juventud: más confianza. Estamos demasiado pendientes de la mirada ajena”, reflexionó.

Esa imagen la conectó de inmediato con su propia historia. “Se me vinieron los treinta y dos años que hace que estoy en este país”, dijo sobre el escenario de la Usina del Arte, donde también agradeció a la Argentina por haberla recibido cuando recién empezaba.

Natalia Oreiro, con la respiración agitada y entre lágrimas afirmó: “Le dedico el premio a todos los que me ayudaron a ser una buena actriz, porque eso se construye”. Es que no es fácil para una profesional con tantos años de trayectoria haberse embarcado tan pequeña para actuar. Y sobre eso insistió: “Confié en mí cuando todavía nadie confiaba. Por eso, también me lo dedico a mí”.

Sobre la exposición pública y cómo logra mantenerse fiel a sí misma, fue contundente: “Soy una persona ordinaria con un trabajo extraordinario, sé de dónde vengo”. Y sobre eso afirmó que lo verdadero es cómo vivimos cuando no hay cámaras, es decir, cuánto aceptamos la diferencia y cuánto evitamos hablar mal de otros.

También recordó el sueño que la trajo desde su Montevideo natal a Buenos Aires. “Estaba en el Obelisco y veía la calle Corrientes y decía: ‘Un día yo también voy a estar ahí’. Cuando dije que quería venir a Buenos Aires, mi mamá pensó que iba a volver a Uruguay. Pero yo sabía que me iba a quedar. Tenía más convicción de la que tengo hoy”, contó, mientras sostenía entre las manos el Martín Fierro de Oro que ahora confirma aquel impulso inicial.

La charla derivó luego en la ficción televisiva, un terreno en crisis. “Intenté mucho para que vuelva. Incluso tenía un contrato para una ficción que no salió”, reveló. “Hay que adaptarse como el bambú: se mueve con el viento pero no se quiebra. La imaginación no nos la van a quitar”, remarcó.

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Trailer de “La mujer de la fila”

En ese repaso por su trayectoria, recordó a Alejandro Romay, una figura determinante en sus inicios: “Quise agradecerle en el momento y me olvidé. Él amaba la ficción y a los actores. Ya no existe alguien así”. Y señaló a Adrián Suar como heredero de ese espíritu: “Quiere a los actores y hace mucho para que la ficción siga existiendo”.

También destacó la necesidad de apoyar al cine argentino en un contexto complejo. “En momentos como este, es necesario visibilizar las películas para que la gente tenga ganas de ir al cine y este área siga creciendo”, señaló.

Para cerrar, la actriz insistió en la importancia de abrir camino a nuevas generaciones: “Hay que darle oportunidades a los que recién empiezan. Ahí está el semillero de las próximas décadas del cine argentino”.

Texto: Valentina Fonseca y Lola Blasco, de la Maestría de Clarín

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