Lali Espósito es un torbellino, puro frenesí en el documental de Netflix



No debe haber músico reconocido, a estas alturas, que no quiera tener un registro fílmico, sea una biopic, un documental, una serie que lo refleje en cuerpo y alma. Lali Espósito se suma a la oleada con Lali: La que le gana al tiempo, que Netflix acaba de estrenar.
Y lo primero que hay que aclararle a los fans, porque está dedicado a ellos, es que el documental, corto (no llega a una hora y cuarto) no es sobre la vida de la cantante y actriz, sino que apenas toma los últimos años. De la pandemia al presente.
Claro que hay registros anteriores, videos hogareños de Lali cuando era una niña y jugaba ante un espejo a ser lo que es hoy, una estrella pop, y posteriores también. Lali se preocupó por armar una película casi familiar, y no solamente porque quien lo dirige, Lautaro Espósito, es su primo, con antecedentes en videos de otros músicos, como Fito Páez o los Miranda!
También aparece la mamá, Majo Riera, que es una de las productoras del filme, su hermana Ana Laura, sus sobrinos. El registro es cuidado, casi como si fuese un PYME familiar en la que la artista se debe haber sentido tan cómoda como cuidada.
El filme arranca con Lali preguntándose qué hacer con su vida en plena pandemia de Covid. Hacía un año que no se presentaba en púbico y no grababa un tema y viaja (¿huye?) a España, donde, por 2020, nadie la reconoce. Y de pronto vuelve, sorprende a su familia y regresa recargada. Las angustias desaparecen.
El filme es un compendio de imágenes registradas en distintos conciertos del Disciplina Tour, el que arrancó colmando dos Luna Park, saltó al Movistar Arena y muestra a Lali llenando no uno sino cinco estadios de Vélez Sarsfield.
Al mostrar la trastienda de los ensayos de los shows y, más rico aún, la etapa de encierro en estudios -y en una finca en José Ignacio, en Uruguay- para crear junto a Mauro de Tommaso y Juan Giménez Kuj, habituales colaboradores musicales, ya sea en la escritura, en la composición como en la producción de sus canciones, el documental le acerca una parte que el público, el fan, no conoce. Tampoco es que se desnude cómo es el proceso de composición con De Tommaso y Giménez Kuj -qué bueno hubiera estado saber un poco más-, pero no es ése el espíritu.
La Lali que vemos y observamos es la Lali música, no la actriz, aunque sus dotes interpretativas se cuelen por aquí y por allá y ayuden a expresar lo que ella quiere. Está el incesante contacto con su gente, su familia, y su público, fiel e inalterable, que la banca siempre.
Además del fin promocional -se aproxima el quinto Vélez, el 16 de diciembre-, el documental no les esquiva a los cuestionamientos que Lali tuvo desde el presidente de la República. Los mensajes, como “Qué peligroso, qué triste”, el tweet que Lali escribió sobre Javier Milei, y los destratos (“Ladri Depósito”) saltaron del otro lado, se suman a su embanderamiento con la comunidad LGBTIQ+, el empoderamiento femenino y la lucha por la legalización del aborto, que siempre la tuvo hiper recontra activa.
Al fin, pensado y concebido para que lo disfruten sus fans, Lali: La que le gana al tiempo (el título toma unas letras de la canción 33, que Lali compuso con Dillom este año) la muestra como el torbellino que es.
“Lali: La que le gana al tiempo”
Documental. Argentina, 2025. 74’, SAM 13. De: Lautaro Espósito. Con: Lali Espósito. Disponible en: Netflix.



