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T-MEC: Origen del capital

El Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) podría incorporar nuevos criterios sobre el origen del capital, lo que podría modificar las decisiones de inversión y la integración productiva en Norteamérica. La seguridad económica es un tema que ha generado una mayor preocupación en la región, y la discusión sobre el origen del capital podría ser un factor clave en la revisión del tratado.
La revisión del T-MEC podría llevar a que las reglas de origen se centren no solo en determinar dónde se fabrican los componentes de un producto, sino también en identificar de qué país proviene el capital de las empresas que los producen. Esto podría afectar especialmente a las inversiones chinas en sectores considerados estratégicos, como la industria automotriz. Gabriela Soni, Head of Investment Strategy de UBS en México, explicó que los especialistas en comercio han comenzado a plantear que la próxima etapa de integración regional podría ir más allá del contenido regional establecido actualmente para industrias como la automotriz.
Hasta ahora, las reglas de origen se concentran en determinar qué porcentaje de un vehículo, una autoparte u otro producto fue fabricado en México, Estados Unidos o Canadá para acceder a los beneficios arancelarios del tratado. Sin embargo, la discusión sobre el origen del capital podría implicar conocer no solo dónde opera una fábrica, sino quiénes son sus propietarios y de dónde proviene el capital que controla sus operaciones. Esto podría ser particularmente relevante para industrias relacionadas con la seguridad nacional o económica, donde Estados Unidos podría buscar limitar la participación de capital chino.
La estratega de UBS advirtió que se trata todavía de una discusión novedosa y difícil de llevar a la práctica, debido a que rastrear con precisión el origen último del capital de una compañía puede ser considerablemente más complejo que identificar la procedencia física de una pieza. Sin embargo, el eventual establecimiento de criterios relacionados con la propiedad de las empresas podría abrir una nueva variable para las decisiones de inversión, y México podría tener dificultades para identificar de manera precisa el origen de algunas inversiones extranjeras. Esto podría modificar la manera en que se había concebido hasta ahora la llegada de capital chino a México, incluyendo alternativas como asociaciones con empresas mexicanas o norteamericanas para generar empleos y transferencia tecnológica.

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