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La leyenda viva más veterana del cine porno tiene 90 años y no se arrepiente de nada

Era bastante chata de atrás y de adelante. No tenía una cara especialmente bella. Georgina Spelvin llegó para subrayar la imagen de mujer del “porno chic”, género cinematográfico que el mismo realizador ya había transitado un año antes con Linda Lovelace y Garganta profunda, la del clítoris a la altura de las amígdalas.

Pero hablamos del siguiente filme de Gerard Damiano: El diablo en la Señorita Jones (1973), un largometraje que pudiendo ser una experiencia inmersiva a un refugio de vida silvestre, es el título que condecora la Edad de Oro del Porno. Todo a manos del tal Damiano, un rústico peluquero del Bronx neoyorquino que se encargará de extender su filmografía a salas convencionales y a críticos que no tendrán más remedio que acompañar los estrenos como si se tratara de una de Steven Spielberg.

Fuerzas diabólicas se apoderan de la incalculable Justine Jones y le dan a la virgen suicida la posibilidad de rehacer su vida, siempre y cuando, a pura lujuria, sepa inclinarse como la Torre de Pisa. La película es inmediatamente mimada por la industria, entre otras cosas porque cuenta con música de Ennio Morricone y el sugestivo comienzo está editado con el tema Como un puente sobre aguas turbulentas, de Simon & Garfunkel. Las revistas hacían encuestas comparativas y la gente decía que Spelvin (la señorita Jones) era “mucho más seductora que Linda Lovelace”, la fatídica chica de las gárgaras.

El diablo oficia de maestro en fellatios y la discípula demuestra estar sobrada de de energía para serpientes y tríos.

Georgina, la protagonista, recibió dos sueldos por separado: uno por tener mucha imaginación sexual. Y otro por cocinar. Un día antes de arrancar, Damiano se entera que la protagonista original había tenido una inflamación en la muela de juicio y eso le impediría capacidad de maniobra. La aspirante quedó de lado, pero por suerte la encargada del catering evidenció ser lo suficientemente extrovertida.

Con veintipocos, Damiano ya tenía una cadena de peluquerías de barrio y además hacía fotos y filmaciones para cumpleaños. Cuentan que a fuerza de parar la oreja, se volvió un chismoso experto en historias íntimas. Eso lo animó a filmar en un rubro que venía rindiendo sus frutos en el under de la industria. Pronto llegaría el guion inaudito de la mujer de garganta profunda.

La crema de la cultura enloqueció. Norman Mailer hablaba de Damiano como de Francis Ford Coppola. “Se encuentra entre el delito y el arte”, dijo y nos conquistó. Las personalidades ilustres de Hollywood, encabezados por Jack Nicholson, Warren Beatty y Shirley McClaine, apoyaron públicamente la existencia de ese tipo de cine. Garganta profunda y La Señorita Jones tuvieron un reconocimiento casi tan unánime como El Padrino y volvieron lucrativo el negocio del Cine XXX.

Habla Georgina Spelvin: “No, no creo que estuviéramos haciendo una declaración política con nuestros fuck-films. ¿Cien dólares por día? Ahí voy, dije”. El diablo... tuvo otra vida con seis secuelas entre los ’80 y los ’90 y una remake con Jenna Jameson con un cameo de Spelvin, en 2005.

En su debut, La señorita Jones alcanzó el séptimo lugar en la lista de Variety de las diez películas más taquilleras de 1973. Hubo reseña: “Es una película pornográfica hardcore que se acerca a una forma de arte”. El texto no se privó de compararla a la obra de teatro existencialista A puerta cerrada, de Jean-Paul Sartre. Terminaba diciendo: “Programar una película de esta calidad técnica en una sala de cine porno estándar equivale a tirarla al basurero”.

Durante una antigua entrevista con Georgina, alguien -un productor- interrumpió la charla con el periodista: “¿Creés que las estrellas no hicieron porno? La primera vez que vi a Joan Crawford, compartía protagonismo con un gran danés. Y Marilyn Monroe también lo hizo”.

Georgina mordió su manzana y retomó la conversación con todo el carácter sobre el grabador. “Mi opinión sobre la explotación sexual es simplemente esta: si un hombre quiere pagar dinero para verme en películas, ¿quién está siendo explotado? Él es quien paga. Yo trabajo, gano dinero y ejerzo la actuación, que me apasiona. ¿En qué se diferencia eso de cualquier mujer que hace aquello para lo que es competente?

Y, con ligero ánimo defensivo, continuó: “Comprendo las reivindicaciones de algunas mujeres. Fui ejecutiva en una cadena de tiendas y descubrí que cobraba menos que cualquier otro vicepresidente. Eso no es justo. Así que renuncié. Toda mujer tiene derecho a seguir adelante y mejorar su situación”.

Georgina Spelvin, nacida en 1936, tiene 90 años y vive en Los Angeles retirada del mundo del espectáculo tras su legendaria carrera como emblema erótico. En la década del ’80 participó de Locacademia de policía (1984) y Locademia de policía 3 (1986). Hizo de prostituta.

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