Alicia en el País de las maravillas: una obra de otra dimensión, como nunca antes se había visto en el Colón


El Ballet del Teatro Colón que dirige Julio Bocca, junto con todas las áreas técnicas y artísticas de esta gran institución porteña, llevaron a cabo una verdadera proeza: el montaje de Alicia en el País de Maravillas, creada por el coreógrafo británico Christopher Wheeldon y estrenada en Londres en 2011 con el Royal Ballet.
Ha sido una proeza en el sentido de las grandes dimensiones y la enorme complejidad de su puesta en escena: ya se había anticipado aquí que detrás del escenario se precisan una cantidad de personas -nada menos que 60 entre técnicos, iluminadores, maquilladores, utileros y vestidores-, que es el mismo número de bailarines a la vista del público.
Es decir, todos aquellos que asisten a la obra con sus respectivas responsabilidades, deben ejecutar una “coreografía” detrás de escena con la misma precisión y exactitud que la coreografía visible. No debe haber ni el mínimo choque ni la mínima distracción.
Empezar por este punto el comentario sobre Alicia en el País de las maravillas es sólo el ineludible reconocimiento al gran trabajo del Teatro Colón en esta, y es necesario usar la misma palabra, proeza.
Alicia y la malvada Reina de Corazones, en “Alicia en el País de las maravillas”, que puede verse en el Colón hasta el 26 de julio. Foto: Carlos VillamayorUn clásico universal
El breve y extraordinario relato de Lewis Carroll, que prácticamente todo el mundo conoce gracias a sus múltiples adaptaciones, fue publicado en 1865 y devino en la fuente de filmes, obras de teatro y de danza, comedias musicales y cine de animación.
El verdadero nombre de Carroll era Charles Dodgson, diácono anglicano, profesor de lógica, matemático y fotógrafo. Había nacido en el condado de Cheshire (el mismo de donde proviene el misterioso gato de Alicia…) y pasó la mayor parte de su vida en instituciones universitarias. Fue precisamente en Oxford donde Dodgson concibió Alicia…, primero como un relato oral, durante un viaje en bote de 8 kilómetros, destinado a las tres pequeñas hijas de su amigo Henry Liddell.
Como un aporte más para describir el inmenso mundo de Alicia, hay que mencionar que la novela breve de Carroll inspiró a John Lennon para su Lucy en el cielo con diamantes, que él atribuyó a su lectura de los cuentos de Lewis Carroll; Charly García, por su parte, tomó al personaje de Alicia para su canción Canción de Alicia en el País como una metáfora del clima político en la Argentina durante la dictadura militar iniciada en 1976.
El dúo de Alicia y Jack estuvo a cargo de Caterina Stutz y Facundo Luqui, en esta versión de “Alicia en el País de las maravillas”, en el Teatro Colón. Foto: Carlos VillamayorLa Alicia de Christopher Wheeldon
En un prólogo al volumen que reúne todas las obras de Carroll traducidas y editadas por Eduardo Stilman y con ilustraciones de Hermenegildo Sábat, Jorge Luis Borges escribió: “Quien escribe para los niños corre el peligro de quedar contaminado de puerilidad y el autor se confunde con sus lectores”. Cosa que no ocurre con tantos autores que Borges admira y por supuesto, tampoco ocurre con su venerado Carroll.
El ballet de Wheeldon no está de ningún modo contaminado de puerilidad y eso lo hace precisamente disfrutable para los más amplios públicos.
Hay una gran imaginación puesta en juego por el coreógrafo y sus colaboradores en la tarea de hacer de la puesta en escena un vehículo propio, en el que por supuesto es imposible que quepan los juegos de palabras y el ingenio lógico y matemático de Carroll, elementos que en el libro son aspectos fundamentales de la trama.
Es así que Wheeldon y el dramaturgo Nicholas Wright introducen una incipiente historia de amor entre Alicia y Jack, el hijo del jardinero de los Liddell y una escena inicial encantadora en el jardín de la familia. Varios de los personajes que aparecen en esta merienda estival son duplicados en el sueño, o pesadilla, de Alicia: su padre y su madre son respectivamente el Rey y la Reina de Corazones; el propio Carroll será el Conejo Blanco y Jack, la Sota de Corazones.
La partitura de Joby Taylor, escrita especialmente para este ballet, juega con múltiples géneros y citas de otras músicas acompañando así el curso de las escenas que contienen mucho del absurdo y el delirio de la historia original.
El viaje de Alicia y el Conejo Blanco por el mar de lágrimas. La puesta de “Alicia en el País de las maravillas” es una verdadera proeza. Foto: Carlos VillamayorLa portentosa escenografía, que mezcla distintas influencias estéticas, se apoya -afortunadamente no de una manera excesiva- en recursos tecnológicos, dando de esta manera una dimensión muy lograda a este universo siempre tan extraño de los sueños.
Wheeldon, que fue bailarín del Royal Ballet, es un coreógrafo tan reconocido como amplio en sus diversas inclinaciones: obras para compañías de ballet, coreografías para la comedia musical de Broadway -recibió dos premios Tony por Un americano en París y MJ sobre Michael Jackson- o el cierre de los Juegos Olímpicos de Londres en 2012.
Su lenguaje, indudablemente, es el del ballet clásico -o quizás mejor, neoclásico- y esto toma cuerpo en las muchas variaciones coreográficas de los personajes de Alicia y de Jack y de los dúos que comparten. Pero en la segunda parte, toma otro vuelo en la desopilante escena de la Reina de Corazones, que incluye una cita alterada del Adagio de la rosa del ballet La bella Durmiente, interpretada de una manera absolutamente genial por Natalia Pelayo.
La Alicia de Caterina Stutz es realmente preciosa, deliciosa, y recorre la obra entera con todos los cambios de ánimo que su personaje adolescente requiere. Juan Pablo Ledo hace un Conejo Blanco estupendo y Facundo Luqui es no menos estupendo en su adorable Jack.
Pero todos los personajes secundarios, y sería demasiado extenso nombrar a la totalidad, más el cuerpo de baile, lograron espléndidamente alcanzar los propósitos de este gran espectáculo.
Alicia y el misterioso Gato de Cheshire, en este onírica versión de “Alicia en el País de las maravillas”, que puede verse en el Teatro Colón. Foto: Carlos VillamayorFicha
Alicia en el País de las maravillas
Calificación: Excelente
Coreografía: Chistopher Wheeldon Música: Joby Taylor Intérpretes: Ballet del Teatro Colón, director Julio Bocca Sala: Teatro Colón (Libertad 621, CABA) Funciones: hasta el domingo 26 de julio.



