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La historia de Leila Harlac, la chica que con 10 años se subió a tocar con Paul McCartney en La Plata y hoy es una figura del punk mundial

Con sólo 20 años, la joven cantante y bajista Leila Harlac se transformó en la revelación del ambiente punk argentino e internacional. Y pensar que todo empezó en 2016, en el Estadio Único de La Plata, cuando su madre la llevó a ver a Paul McCartney.

En estos días, con numerosas presentaciones en míticos espacios como el Whisky a Go Go o el Rainbow de Los Ángeles -por donde desfilaron, en sus inicios, gigantes como Metallica, entre otras estrellas del rock and roll-, Leila Harlac viene despertando ovaciones entre rockeros de talla y el público estadounidense.

El inicio de esta esta historia tiene su punto de partida cuando Leila 10 años y su mamá fueron al show de Paul McCartney, en mayo de 2016, en el Estadio Único de la Plata, en el marco de su One on One Tour.

Esa noche, apostada en las vallas y con un cartel con un mensaje para el Beatle, logró captar su atención. ¿Qué sucedió después? Paul la invitó a subir al escenario y tocaron juntos la clásica canción Get Back.

A partir de entonces, el rock fue su elección de vida y lo sucedido en su niñez se transformó en una carta de presentación ante innumerables figuras del rock mundial, que la eligieron para abrir sus conciertos, tanto en los Estados Unidos como en la Argentina: teloneó, entre tantos, a Stephen Pearcy, cantante de Ratt; a los famosos L.A. Guns; y nada más y nada menos que a The Exploited, una de las bandas ícono del punk mundial.

En solamente dos décadas de vida, Harlac vivió experiencias inolvidables y aún le queda por experimentar muchísimo más aún. Por ejemplo, en el mes de agosto saldrá de gira junto al norteamericano Dr. Chud, ex baterista de The Misfits, por países como Uruguay, Chile, Colombia y Brasil, además de que tocarán en Buenos Aires.

Es pasado el mediodía en Buenos Aires. Avenida Corrientes, en su típica congestión de vehículos en plena semana. Leila vive apenas a diez cuadras del bar donde se produce el encuentro: aparece lookeada con el logo de The Misfits estampado en su remera oscura, un candado que cuelga de su cuello (típico símbolo del mundillo punk) y un bajo en mano, atrayendo miradas de transeúntes y curiosos, pues se trata de una rockera hecha y derecha desde que nació.

Leila Harlac tiene 20 años y lleva adelante su propia banda, en la que canta y toca el bajo y la acompañan un baterista y un guitarrista. Foto: Guillermo Rodríguez Adami.

Luego, desenfunda su bajo, sale a la calle, se deja fotografiar, regresa al bar y se pone a hablar prácticamente sin cesar. En principio, sobre su amor por Paul McCartney, pese a transformarse en chica punk.

Muchacha punk, pero con amor a Paul

“Cuando tenía cuatro años estaba en la casa de mi abuela paterna y mi papá estaba mirando el video de Hey Jude en la PC. Y cuando vi a Paul en primer plano, pensé: ‘Quiero tocar el bajo y ser como él’. Es que fue mi primer ídolo’”, rememora.

Tras empezar a estudiar música, ya desde pequeña, en 2010 se perdió la posibilidad de ver por primera vez a su ícono del bajo. “Teníamos la entrada para un show, pero cuatro días antes se perforó mi tímpano y enfermé: quedé frustrada. Por suerte, en 2012 mamá me llevó a verlo a Belo Horizonte y la gente me puso bolsos para que yo, que tenía seis años, pudiera conseguir altura para poder verlo. Llevé un cartel, pero no sucedió nada, no logré que sea visible”, agrega después.

Aunque por fin llegó su revancha cuatro años más tarde: “Sucedió el 27 de mayo de 2016. Decidí hacer un cartel enorme para que sí o sí lo leyera Paul, que decía así: ‘Quiero tocar el bajo con vos y que me firmes mi peluche’. Era un osito de peluche que tuve desde los diez años, que siempre llevé a sus shows”.

El cartel con el que Leila Harlac y su madre consiguieron llamar la atención de Paul McCartney. A partir de allí, se le abrió el mundo.

Claro, el cartel que preparó la audaz Leila, siendo aún una niña, era tan enorme que imposible pasara desapercibido ante los ojos del autor de Yesterday.

“Paul me señalaba todo el tiempo, hasta que antes de sus bises, vino a buscarme un asistente: me levantó por debajo de mis brazos, le pidió a mi mamá que nos acompañara y terminé por subir al escenario. De pronto, él me preguntó si quería que me firmara mi peluche, pero yo le dije que yo quería tocar el bajo con él”, relata la joven rockera.

Suspira y prosigue: “Después le pedí al bajista suyo que me prestara el bajo, lo señalé. Y cuando Paul me preguntó si sabía los tonos de Get back y apoyé los dedos mostrándole los acordes correctos, se dio cuenta que sí sabía tocar la canción. Entonces tocamos juntos y también la cantamos a dúo. Un recuerdo imborrable para mi vida”, describe.

Sapo de otro pozo

Posteriormente llegó la secundaria y Leila, que iba a un colegio privado, se sentía sapo de otro pozo ante sus compañeros de aula, que preferían escuchar otras músicas, por fuera del rock.

Muchacha punk. Leila Harlac fue llevando sus gustos hacia el punk rock, pero su primer ídolo fue Paul McCartney. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

La mayor parte de la gente de mi edad no escucha rock. En el colegio muchos escuchaban trap. Yo me sentía distinta. Pero por suerte la música me hacía sentir quién soy, no compartía mucho con compañeros, me sentía desplazada, sólo tenía una compinche por aquel entonces”, rememora.

El amor por el rock en esta joven porteña dice haberlo percibido desde la panza, cuando aún no había nacido: “Es que mamá solía escuchar Strawberry Fields y dice que yo bailaba desde su vientre. Y mi primer recuerdo tiene que ver con haber mirado, a los tres años la película Yellow Submarine”, agrega.

-¿Y cómo fue que te transformaste es una chica punk?

-Sucedió que entre mis ocho y nueve años escuché algo de los Ramones. Y después me enamoré de Green Day. Fue impresionante cuando escuché su disco American Idiot, me voló la cabeza. Con el tiempo retorné a los Ramones, me interesé por los Sex Pistols, también por The Clash y hasta que me hice súper fanática de Offspring.

El sueño de Leila Harlac es abrir un concierto para Metaliica. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

El bajo y el equipo que se quemó

Enseguida, llegaron las clases de bajo, aunque antes Harlac recurrió a un profesor particular de guitarra, pero sólo durante cinco meses, “porque lo mío era el bajo, lo tenía en claro”, aclara.

En unas vacaciones por los Estados Unidos, su madre compró un bajo pequeño con un equipo de sonido por tan solo 120 dólares, pero sucedió un accidente inesperado. “Mamá lo enchufó a 110 voltios cuando el equipo estaba preparado para los 120; por lo tanto, se quemó. Fue un error fatal por una cuestión de inexperiencia”, remarca Leila.

Tras resolver el incidente doméstico, llegó la pandemia y, a la par, se encaminó la carrera musical de Leila. Ella recuerda ese tiempo como crucial: “Justo iba a una escuela de música privada y como conocí a dos compañeros que tocaban guitarra y batería, les pedí de armar algo juntos para el momento. Empezamos con covers de Green Day, los Ramones y Mötley Crüe. Después, cuando se liberó el asunto, ahí armé mi banda”. Leila compone sus canciones en inglés.

A sus 20 años, Leila Harlac ya conoce la movida de bares en Los Ángeles y tocó en el célebre Whisky a Go Go. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

Las noches del Whisky A Go Go

Llegado 2002, junto a su madre volvió a viajar a Estados Unidos y se enteraron que tocaría L.A. Guns en el Whisky a Go Go, sacaron entradas y allí la joven le contó a su mamá que soñaba con subirse a ese escenario. “Mamá se puso a hablar con unos músicos y yo les conté que toqué con Paul McCartney en Argentina. Indiana Bradley (músico de pos punk) fue nuestro primer contacto y nos ofreció tocar allí”, recalca.

Y suma algo importante, a partir de aquello: “En coincidencia, yo seguía al bajista de L.A. Guns a través de redes sociales. Y cuando lo vi, lo saludé y le comenté que lo conocía a través de su Instagram. Entonces conversamos y terminó por invitarme a abrir sus shows varias veces”.

En paralelo, por tratarse de tan solo una cuadra de diferencia entre el Whisky a Go Go con el Rainbow bar, las idas y regresos de Harlac junto a su madre eran moneda corriente y terminaron por generar relaciones con gente que trabajaba allí.

“Ahí nos enteramos que había un piso oculto en el primer piso de Rainbow, donde tocaban bandas. Y me ofrecieron abrir a Ratt. Cuando llegamos a la prueba de sonidos, los tuvimos al lado: fueron súper cálidos conmigo. Y se quedaron mirando el show”, evoca con nostalgia.

También en los Estados Unidos hizo nexo con un argentino: Stuka, el guitarrista de los Violadores, quien reside allí.

“Fue en The Pampa Grill, en Miami. Con Stuka ya nos conocíamos por redes. De pronto empezó a hablar con mamá y salió de nuevo aquel asunto con Paul McCartney. Y él planteó que sí o sí yo tenía que presentarme en ese bar. Aunque aún no sucedió, en 2023, él vino a Buenos Aires y nos reencontramos en Carnal, en Palermo. Como estaba solo, me propuso tocar la guitarra unos temas juntos y lo hicimos”.

Repentinamente, con tanto bagaje adquirido, y en cuestión de pocos meses, Buenos Aires empezó a hacerse eco de Leila: los espacios de punk y rock porteños empezaron a colmarse de público, además de aparecer propuestas para telonear a grandes bandas internacionales como Exploited y Michale Graves, ex vocalista de Misfits, entre otros artistas.

Entre algunas bandas norteamericanas a las que teloneó Leila Harlac, figuran Ratt, Exploited y L.A. Guns. Foto: Guillermo Rodríguez Adami

“Lo de Exploited sucedió en mayo de 2025. Los músicos escucharon la prueba de sonido y me felicitaron. Y después cuando estaba en el camarín, apareció Wattie, su cantante: primero preguntó quién sería el soporte, después se acercó a saludarme con amabilidad: ‘¡Es un gusto conocerte!’, me dijo. Después de tocar, vino a felicitarme y me dijo que tenía mucho futuro”, resalta con orgullo.

Y acerca de Graves, ex Misfits, también cuenta una anécdota fantástica: “Tocamos en Mar del Plata y en Córdoba, de soporte. Y cuando yo estaba armando una mesita con merchandising, él se acercó a mirar y se sorprendió por una remera donde figuraba una de las fechas que compartí con L.A. Guns. ‘¿Vos tocaste con ellos?’, me preguntó. Además, me dijo que era amigo del bajista”, relata.

Respira profundo y continúa: “¡Vos imagínate! Enseguida le dije que yo también era su amiga. Entonces sacó dinero de su billetera y me compró la remera. Luego se subió a varios shows con esa remera mía sobre los escenarios. ¡No lo podía creer!”.

-¿Te hace sentir una privilegiada tener tantas vivencias tan poco frecuentes para una chica de tu edad?

-¡Sí, por supuesto! Soy una agradecida. También lo mío es convicción. Sé muy bien el camino que tengo que hacer. No permito que nadie me tire abajo con su mala onda. Además de la música, yo estudio Economía y Finanzas en la UADE. Y también continúo con mis estudios en la Escuela de Música Contemporánea. Me preparo para más. Mi sueño es algún día telonear a Metallica. Quién dice que no pueda suceder, ¿no?

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