Quién es Luli González, la “hija” que Paula Chaves despidió entre lágrimas y dejó huérfana en el streaming



La despedida de Paula Chaves de Tapados de laburo no sólo marcó el final de una etapa para el programa de Olga. También dejó “huérfana” a Luli González, la creadora de contenido digital de 23 años que encontró en la conductora una compañera inesperada y con quien construyó una de las duplas más queridas del streaming argentino.
Durante poco más de un año compartieron una dinámica que conquistó a la audiencia. La diferencia generacional entre ambas, lejos de convertirse en una barrera, terminó siendo el motor del ciclo: Paula, de 41 años, representaba la experiencia de la televisión tradicional; Luli, criada entre YouTube, Twitch y TikTok, acercaba el lenguaje y los códigos de una nueva generación.
La noticia de la salida de Paula tomó por sorpresa a los seguidores del programa. La conductora explicó que atraviesa “muchos proyectos dando vueltas” y que un ciclo diario exige una dedicación que, por la manera en que le gusta trabajar, hoy no puede sostener. Al mismo tiempo, dejó en claro que su decisión no tiene que ver con Olga. “No hay día que yo no venga a trabajar a Olga con alegría y de buen humor”, aseguró.
La emoción se apoderó del estudio cuando llegó el momento de despedirse de Luli. “Nosotras dos nos llevamos 20 años y así y todo nos llevamos bien”, bromeó Paula, resumiendo el espíritu de una relación que nadie imaginó cuando comenzaron a trabajar juntas y que terminó convirtiéndose en el corazón de Tapados de laburo.
Antes de llegar a Tapados de laburo, Luli González ya tenía una comunidad propia en internet. La influencer de 23 años construyó su carrera en YouTube y Twitch, donde ganó seguidores gracias a un estilo espontáneo, alejado de la estética tradicional de los creadores digitales. En sus transmisiones habla de la vida cotidiana, reacciona a videos, juega, conversa con su comunidad y hace del humor y la improvisación sus principales herramientas.
Esa autenticidad también se refleja en su imagen. Mientras muchas de sus colegas priorizan producciones elaboradas, Luli suele aparecer con ropa deportiva, zapatillas, sin maquillaje y con un estilo descontracturado que ella misma convirtió en parte de su identidad. Esa forma de mostrarse terminó siendo uno de los principales contrastes con Paula Chaves, cuya trayectoria estuvo siempre ligada a las pasarelas, la moda y la televisión.
Por eso, cuando le propusieron sumarse al programa, Luli no estaba convencida. Acostumbrada al mundo del streaming independiente y con un recorrido construido en plataformas como YouTube y Twitch desde que tenía 15 años, sentía cierto recelo por trabajar con una figura de la televisión. No sabía si iba a encajar con alguien que venía de un universo tan distinto al suyo.
Esa idea cambió por completo apenas conoció a Paula. Lo que comenzó como una sociedad laboral rápidamente se transformó en una amistad que también se trasladó a la pantalla. Entre ellas apareció una relación casi maternal, alimentada por los 18 años de diferencia y por el contraste permanente entre sus personalidades.
Mientras Luli le enseñaba a Paula los modismos de la generación Z, le explicaba los códigos de las redes sociales y hasta le creó una cuenta de TikTok para grabar tendencias virales, Paula la animaba a salir de su zona de confort. En distintos programas le enseñó a modelar, a posar frente a cámara y hasta intentó convencerla, entre risas, de maquillarse o usar vestidos, algo que la influencer siempre evitó porque hace de la naturalidad una marca registrada de su contenido.
Ese ida y vuelta se convirtió en uno de los principales atractivos del programa. Los seguidores disfrutaban tanto de las clases aceleradas de cultura digital que recibía Paula como de los intentos de la conductora por introducir a Luli en un mundo completamente ajeno para ella.
Uno de los momentos más recordados del ciclo ocurrió cuando un refugio de animales visitó el estudio para promover la adopción responsable. Incentivada por Paula, Luli decidió adoptar a una de las perritas que buscaba familia y la bautizó Miga, a quien desde entonces presenta como su “hija”.
“Sos mi hermana mayor amiga. Aprendo muchísimo de vos. Me encanta escucharte, me encanta hablar con vos. Yo sé que vamos a trabajar juntas muchísimo tiempo más y de hecho tenemos cosas en mente. Por eso sé que no tiene sentido llorar. Te amo. Estoy súper agradecida de haber aceptado el programa y haberte conocido. Gracias a vos crecí mucho en lo laboral y en lo personal. Gracias a vos soy mamá“, expresó González entre lágrimas.
La química entre ambas también tuvo reconocimiento fuera de Olga. Fueron nominadas como Dupla del año en los Martín Fierro del Streaming y, aunque finalmente no se quedaron con el premio -les ganaron Germán Beder y Joaquín Cavanna de Vorterix-, figuraban entre las grandes favoritas de la categoría.



