Los monumentos más raros, locos y bizarros de la Argentina, reunidos en una película


Un sifón de soda hecho de piedra en Santa Fe, nueve Manuelitas que compiten por ser las únicas de Pehuajó, un Gaturro destrozado por la gente y vuelto a reconstruir para ser otra vez saboteado en Buenos Aires, un mate gigante creado en Mar del Tuyú, en Gualeguaychú o en Saladillo: los monumentos más estrafalarios emplazados a lo largo y ancho del país están siendo clasificados por Néstor Frenkel en su próximo documental.
Mis monumentos: un catálogo de monumentos no convencionales es el título del nuevo proyecto de Néstor Frenkel, el director de Buscando a Reynols (2004), Todo el año es Navidad (2018) o Después de un buen día (2024). Pero esta vez no va a ser sólo un documental, sino un amplio proyecto transmedia, que incluirá también un libro y un mapa interactivo.
Existe algo así como un universo Frenkel, y es que las obras del realizador están conectadas entre sí como si fuera una hilera de dominó: de Construcción de una ciudad (2007) surgió el odontólogo y cineasta de Super 8 que luego protagonizaría Amateur (2011), mientras que haciendo este mismo documental oyó hablar de las curiosas entregas de premios retratadas luego en Los ganadores (2016).
Y Mis monumentos… eclosionó literalmente de un huevo, de aquella obra de arte inclasificable de Federico Peralta Ramos, retratada en el documental que bucea en su vida y obra, El coso (2022).
“Muchas ideas que tenía ese documental quedaron afuera y una era esta. Volvió con fuerza y pareció que podíamos hacer con eso una película en sí misma. El huevo de Federico es como la madre de esto, de alguna manera oblicua. No se trata de obras de artistas, ni de Federico ni mucho menos, pero se trata de estos objetos extraños con los que inconscientemente aprendemos a convivir”, afirma Frenkel en diálogo con Clarín.
El monumento al mate, en el Palmar de Colón, Entre Ríos, es parte del nuevo documental de Néstor Frenkel.Las cuatro piezas de un proyecto transmedia
La fascinación atraviesa la filmografía de Néstor Frenkel, fuera a causa de los hombres que una vez por año se disfrazan de Papá Noel, fuera por el fandom que generó tal vez la “mejor peor” película del cine nacional, o fuera por un mago reconocido a nivel mundial que perdió su brazo a los 9 años. Y en su siguiente proyecto el objeto de estudio de aquella fascinación implicó una estructura diferente a la usual, una colaborativa, y la convocatoria, a pesar de que el documental esté cerca de concluirse, sigue abierta.
“¿Cómo hago para encontrar monumentos no convencionales si no es pidiendo que la gente me los muestre? Porque no están en internet, no hay catálogos, no están ordenados ni sentados por nadie. Justamente eso es lo que los vuelve interesantes, que es una información totalmente libre, desorganizada, anárquica. Entonces, es ir atrás de eso y para eso, ¿cómo hago?”, reflexionó en su momento Frenkel, tras lo cual optó primero por crear un Instagram, @mismonumentos, en donde sigue abierto a recibir fotos y videos.
Néstor Frenkel, un cineasta con una visión particular.Esa búsqueda en pos de armar un catálogo de aquellas estructuras relegadas del ojo hegemónico, lejos de los conocidos y reconocidos Obelisco, Monumento a la Bandera o la Pirámide de Mayo, se va a traslucir en el documental, que va a exponer “cómo la película se construye a sí misma, cómo se busca, cómo se encuentra, cómo se acomoda toda la información. Es la búsqueda imposible de catalogar algo descatalogado e infinito”, dice Frenkel.
La connotación digital e internauta que distingue a este de sus anteriores documentales se traslada también a su lanzamiento múltiple, un inventivo proyecto transmedia en el cual se encuentra trabajando junto a su equipo, del cual forma parte vital en guion, producción, fotografía y cámara su colega, socia y también esposa Sofía Mora.
Aparte del documental y del Instagram, ambos están editando un libro con 25 autores invitados, en el que cada uno escribirá un texto sobre un monumento de su preferencia.
En Liebig, Entre Ríos, está este monumento al Corned Beef.Entre sus páginas resuenan nombres como los de las escritoras Ana María Shua y Leila Guerriero, los humoristas gráficos Esteban Podetti y Pancho Pepe, los dramaturgos Mariano Tenconi Blanco y Damián Dreizik, los artistas Daniel Santoro y Candelaria Frías, entre muchos más. “La película estaba avanzando mucho y la frenamos un poquito para salir con las dos cosas a la vez”, explica Frenkel.
Pero hay también un cuarto elemento, con el que se constituye un poderoso combo: “El plan es que haya una pata más, que sea la última y la definitiva y la infinita, que es un mapa que pueda ser colaborativo, sin la intervención nuestra, que ya cualquiera pueda subir sus materiales y ubicarlos en un mapa de la Argentina donde nos quede a todos una hoja de ruta para viajar por el país visitando monumentos no convencionales”, anuncia el realizador.
La invención de un futuro
Un monumento a John Fitzgerald Kennedy, en Quemú Quemú, La Pampa.Un nuevo cine argentino se está inventando, como prefiguró Lucrecia Martel en el libro que reúne varias de sus conferencias, Un destino común, editado por Caja Negra. Hoy, películas sin apoyo estatal y con muy poco presupuesto, como La noche está marchándose ya o Para hacer una película sólo hace falta un arma, están saliendo al ruedo de forma exitosa con lo que se dispone. Un escenario funesto que reclama otro tipo de cine, ni mejor ni peor, resiliente a los acontecimientos y que reclama cierto ejercicio de imaginación y creatividad.
Y es ahí donde radica otra de las razones de por qué la estructura de la obra es colaborativa. Con un INCAA desfinanciado, la vía que encontró Frenkel para dar vida a su nueva obra fue utilizar los recursos a disposición y exprimirlos.
“No hay apoyo al cine. Lo hace Netflix, y si queremos hacer un cine realmente argentino, no sé cómo se hace, hay que inventarlo. Por lo menos el que hago yo, que es independiente y que no es masivo. Este es el cine posible: uno hecho de a muchos, que no se va a escuchar muy bien, pero que se va a ver muy bien. Es el que podemos. Hoy somos un cine pobre”, sostiene Frenkel.
En Chimpay, localidad de Río Negro, está este monumento llamado “Las manos”, con una berenjena y un tomate, que Néstor Frenkel rescató para su película.Los monumentos desperdigados por el mapa del país constituyen un terreno de análisis fértil que puede disparar muchas capas, como sugiere el director: la cultura espontánea, el símbolo de lo nacional y de lo popular en tiempos en donde es atacado, la idea de trascendencia o inmortalidad. Frenkel encontró en su último objeto de estudio una posición sobre la cual plantar bandera en este momento socio-político.
“Es un rastreo también de un costado de lo que se hace llamar cultura popular y rescatar eso también, darle un valor, mirarlo a los ojos y hasta reírse. Pero entenderlo, pensar en eso y comprender que tiene un lugar en nuestra cultura es un gesto político también en esta época donde todo lo que tiene que ver con la cultura nacional está tan menospreciado y atacado”, declara.
Todos los monumentos, el monumento
“Un huevo”, la obra de Federico Peralta Ramos que fue disparador para “Mis monumentos: un catálogo de monumentos no convencionales”, la nueva película de Néstor Frenkel. Foto: Cortesía de la familia Peralta Ramos, © e-flux.Con la búsqueda del catálogo surgen historias. Cada fragmento de piedra caliza, granito, hormigón, bronce o hasta plástico expresa una memoria, una idea y una intención que Frenkel fue recabando y clasificando. El director dejó entrever batallas entre Manuelitas, y ciclos de muerte y resurrección de Gaturro, así como huellas de monumentos que jamás fueron, como el Monumento al Descamisado, un coloso que se iba a construir en el lugar donde ahora está la Floralis Genérica y que fue frustrado por el golpe de Estado de la Revolución Libertadora.
“Hay guerras, hay gente que destruye un monumento, gente que no quiere que un monumento esté, dos que compiten por ver de hacer el mismo monumento, a ver cuál es mejor. Hay de todo: se destruyen, se roban, se decapitan, se reconstruyen”, relata.
Las fronteras entre qué es un monumento y qué no se diluyen y se solapan en la búsqueda, y diferentes clasificaciones asoman, como los que denomina “emergentes”, objetos más personales que encuentran un lugar en la vía pública. Pero los más de 200 que componen el documental tienen algo en común. “Es el recuerdo, es el homenaje, es la puesta en valor. Expresa acuerdos entre gente porque la gran mayoría de los monumentos parten de un acuerdo de una comunidad. El monumento pretende ser inmortal y también inmortalizar algo o a alguien importante”, adhiere el cineasta.
Manuelita, uno de los tantos monumentos dedicados a la tortuga creada por María Elena Walsh que hay en Pehuajó.Y agrega: “Estos objetos están construidos por cualquiera por el amor de decir algo, comunicar algo y dejar algo para la posteridad, y si valoramos eso, es una forma de valorar todo lo que somos, todo lo que hacemos y una forma de querernos también, de decir que esto tiene un sentido. Hay toda una parte del ser humano que tiene que ver con el espíritu, el alma, el arte, no es que lo único que tenemos que hacer es especulación financiera y apuestas online y criptomonedas. Modestamente es una forma de responder a eso”.
El ciclo de de proyecciones de Después de un buen día, su último documental sobre el fenómeno de culto Un buen día (2010), está llegando a su fin y ya se encuentra disponible en la plataforma de streaming Avalon. Una puerta se cerró para ir entreabriendo otra, porque Mis monumentos… ya tiene una fecha estimada de estreno. “Lo empecé hace un poquito más de un año. Y la verdad que a esta altura ya casi la tengo lista. El año que viene salimos con el combo”, anuncia.
Mientras, el Instagram sigue abierto a recibir filmaciones y fotografías de los monumentos menos hegemónicos de Argentina. Atraigan por su rareza, por su desprolijidad o por su gracia, por su mística o por su imponencia, Néstor Frenkel podrá sumarlas a un catálogo en construcción que pronto recorrerá las salas de cine.
En Saladillo, el homenaje al campeón del mundo ’86 con la Selección argentina: Julio “El vasco” Olarticoechea.


