Cannes 2026: vivir, dormir, comer y ver películas no es fácil hasta para el público local



El mar sigue siendo de un azul profundo a metros de la orilla de las playas de Cannes. Eso no cambió de un día para otro. Pero desde ayer Cannes se ha transformado. Del otro lado de la playa, es un mar… de gente.
La vida del cannois (gentilicio en francés para el habitante de Cannes) cambia en un cerrar y abrir de ojos, de ayer a hoy. El inicio del Festival de Cine de Cannes revoluciona la “villa”, que de 70.000 habitantes durmiendo cada noche, se triplica. Tal es el aluvión de recién llegados. Y va en aumento.
Lo mismo sucede para el visitante, que “sufre”, no por triplicado, pero bastante, el aumento de los precios de lo que sea. De una botellita de “Orangina” al precio de una habitación de hotel. El cuarto de hotel de este enviado se encareció de la noche del lunes, cuando aún no había comenzado el Festival, al día siguiente, un 50%. Y probablemente aumente llegando al primer fin de semana del Festival, que es cuando, casi literalmente, Cannes estalla.
Lo que es común para el cannois y para cualquier acreditado al Festival es el valor de las comidas en los restaurantes, que también aumentan. Un plato de pasta, con gaseosa (no vino) puede llegar a los 30 euros. O más.
Pero ¿se queja el cannois?
En absoluto. El que vive y trabaja en Cannes sabe que estas dos semanas de la muestra de cine son fundamentales: son las fechas en las que más trabajo (y mejores propinas) tiene.
También todos padecemos el caos de tránsito. La Croisette, el mítico boulevard pegado a la costa del Mediterráneo, está cortado con las vallas blancas de siempre, restringiendo el acceso y directamente vedándolo por completo cuando las limousines en que lleguen las estrellas -este año de Scarlett Johansson a Pedro Almodóvar, pasando por John Travolta y Catherine Deneuve, Adam Driver y Cate Blanchett- impidan el acceso cerca del Palais des festivals.
Cannes es un centro turístico de vida activa todo el año, preferentemente en la temporada de primavera (actual) y verano. Los yachts atracados en el muelle son de una dimensión y un lujo descomunales. Y habrá más durante el fin de semana, cuando llegue una nueva multitud de turistas, inclusive en cruceros.
Las entradas del Festival de Cannes no tienen precio. Ya contamos que no es un eufemismo, sino que los tickets para las funciones del Festival no tienen precio porque no están a la venta. No hay una boletería. Y ayer ya había en los alrededores del Palais des Festivals decenas cannois, con vestido de largo ellas, de moñito ellos, pidiendo con carteles una entrada para alguna gala.
Un ticket s’il vous plaît (una entrada por favor) escriben a mano, en papeles A4, cartulinas, lo que sea. Pero los tickets a los que accedemos los acreditados, seamos periodistas, productores o invitados, tienen prohibida su venta, a costo de perder la acreditación…
Así se vive Cannes. O así se empieza a vivir el Festival más importante del mundo.



