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Carisma, precisión y hasta un feliz cumpleaños en la apertura de la temporada del Mozarteum

Como entrada a una temporada llena de platos fuertes (que incluye, entre otros, a András Schiff, Jakub Józef Orliński, María Dueñas, Philippe Herreweghe con su Orchestre des Champs-Élysées y Christophe Rousset al frente del Monteverdi Choir y los English Baroque Soloists), el Mozarteum Argentino abrió su serie de conciertos en el Teatro Colón con la presentación de los Prague Chamber Soloists y Radek Babórak. Extraordinario cornista y ex integrante de orquestas de primer nivel, Babórak viene desarrollando desde hace tiempo una doble carrera que lo presenta también como director. Aquí, el carismático artista checo asumió ambos roles.

El programa trazó un diálogo entre el clasicismo vienés y sus herederos. El principio, con Mozart, tuvo algo de simbólico, por tratarse del compositor que da nombre a la institución y también por su relación de amor con Praga, la ciudad que lo aclamó en vida. La tercera Sinfonía de Salzburgo (en rigor de verdad, el Divertimento en fa mayor) K. 138 fue una segura carta de presentación para el conjunto y para su director, que contagió energía.

Después de cambiar la batuta por el instrumento que lo hizo famoso, Radek Babórak volvió al centro del ensamble para abordar el Concierto para corno n° 1 en re mayor de Haydn; aquí lució todo su virtuosismo, apoyado en las posibilidades técnicas del instrumento moderno, y deslumbró con cadenzas audaces y un sonido tan terso como infalible.

Esta cualidad fue más evidente aún en la otra obra concertante del programa: el mucho menos frecuente Romance para corno y cuarteto op. 3 de Leone Sinigaglia, compositor italiano de origen judío que falleció de un paro cardíaco en el momento en que la policía nazi estaba por deportarlo a un campo de concentración, en 1944.

Lejos de una pieza para instrumento y acompañamiento, se trata de una creación en la que la línea solista se va entrelazando a la de las cuerdas (fue especialmente bello el diálogo con la viola de Karel Untermüller) hasta diluirse en el conjunto.

La Sinfonía simple de Britten es engañosa por su aparente sencillez (enunciada desde el título), pero pone a prueba a todo ensamble, justamente por la claridad de su escritura y los recursos que exige. La versión de los Prague Chamber Soloists planteó contrastes entre fuerza y nervio rústico en los movimientos de apertura y cierre y una gran delicadeza en el segundo (el famoso Playful pizzicato, tocado aquí con velocidad moderada) y el tercero, la bellísima Sentimental sarabande.

El final fue con la magnífica versión que Gustav Mahler realizó para orquesta de cuerdas del cuarteto en re menor D. 810 de Schubert (conocido como La muerte y la doncella). También aquí surgieron contrastes: incluso dentro del clima opresivo de una obra cuyos cuatro movimientos están en modo menor, los fragmentos luminosos aparecieron llenos de brillo, y efectos como el pasaje tocado sin vibrato antes de la coda del primer movimiento realzaron estos claroscuros.

Schubert planteó el segundo movimiento (Andante con moto) como una serie de variaciones sobre la canción que da nombre al cuarteto: en ella una muchacha dialoga con la muerte (sustantivo masculino en alemán), que pretende seducirla. Estas variaciones no se desarrollan estrictamente sobre la melodía, sino sobre la textura armónica, formando un paisaje lúgubre; Mahler suma una tercera dimensión a este paisaje al tejer un entramado que va de lo íntimo a lo grandioso. El ensamble checo, en el que se lució especialmente la concertino Martina Bačová, destacó este carácter, con bellísimos diálogos y un logrado equilibrio entre las partes.

Después de tal dosis de tensión era necesario un final festivo, y Baborák lo logró en sus tres bises. En un correcto español, el artista agradeció los aplausos y anunció dos de las Melodías jasídicas de Lev Kogan, que permitieron un despliegue de virtuosismo para el corno. Hubo espacio incluso para que el público del Mozarteum cantara un espontáneo Feliz cumpleaños a Hana Baboráková Shabuová, cellista del ensamble y esposa de Radek, y como final sonó también un agradecido homenaje a nuestra tierra, con Fracanapa de Astor Piazzolla.

Mozarteum Argentino, temporada 74

Compañía: Prague Chamber Soloists Corno y dirección: Radek Babórak Obras: de Mozart, Haydn, Britten, Sinigaglia y Schubert Sala: Teatro Colón, 5 de mayo.

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