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Un recuerdo de María Nieves, por qué fue la reina del tango

La última vez que vi bailar a María Nieves fue en mayo de 2023, durante el cierre del Campeonato de tango salón del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. No recuerdo el nombre de su compañero, pero sí que era evidente el cuidado con que llevaba (porque en el tango se trata de “llevar” y ser “llevado” ) a esta intrépida señora de casi 89 años.

Ese día, a María Nieves se la veía frágil y muy delgada; y sin embargo comunicaba, como siempre lo había hecho, la felicidad que el baile de tango le producía.

Los aplausos del público no eran condescendientes (“fijate qué bien, y tiene casi 90 años”), sino el reconocimiento a una gran artista y a una bailarina singular por donde se la mire.

“Nunca aprendí a bailar”, dijo alguna vez. Fue en las milongas a las que solía ir con Ñata -su hermana mayor que no le permitía bailar, porque Nieves era todavía una nena- donde a fuerza de mirar había adquirido todo lo necesario: “La primera vez que salí a bailar un tango, simplemente sabía”.

María Nieves había nacido en un hogar modestísimo, trabajaba desde muy joven como empleada doméstica y las milongas de los sábados y domingos aparecían siempre como el horizonte de sus máximas aspiraciones.

Ya sabemos de su encuentro con Juan Carlos Copes en la milonga del Club Estrella de Maldonado, de la legendaria pareja que formaron y de la influencia que ejercieron en el concepto del tango escénico. Y al decir esto, también es necesario detenerse en qué se ha distinguido María Nieves, ella sola, como bailarina de tango.

A partir de su origen totalmente popular, el del baile de las pistas, María Nieves fue internándose en la danza profesional a la que se dedicó con un gran rigor y una gran disciplina. No tenía, a diferencia de un inmenso número de bailarinas de tango de las últimas décadas, una formación académica; es decir, ningún tipo de técnica de danza salvo aquella –nada menos- que proviene del puro ejercicio de bailar. Sí, desde el principio, se propuso un modelo: la actriz y bailarina estadounidense Cyd Charisse.

Su aplomo escénico, su disposición a enfrentar cualquier desafío que le propusiera Copes, su enorme comunicatividad y su estilo tan personal, hicieron de María Nieves una artista única. Sentíamos, al verla, que no estaba cumpliendo una tarea para la que había sido contratada, sino que navegaba bella y dichosamente en la música que tanto amaba.

En alguna charla con ella, porque decir “entrevista” sería otorgar demasiada formalidad a las animadas conversaciones que sosteníamos, contaba que el mejor momento de sus innumerables giras era volver a Buenos Aires, como las que hizo con el espectáculo Tango argentino, que dio la vuelta al mundo.

Y es aquí, en la Legislatura porteña (Julio A.Roca 590) donde este lunes María Nieves será velada a partir de las 17 horas, a pasos del Salón Montevideo, donde se despide al célebre actor Luis Brandoni.

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