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El reencuentro de Pablo Echarri y Paola Krum sobre un escenario, en una obra que reflexiona sobre ser feliz y en la que la gente no para de reírse

Una comedia muy divertida y reflexiva acaba de estrenarse. Se llama Maldita felicidad. Pablo Echarri, Paola Krum, Carlos Portaluppi e Inés Palombo encarnan a los personajes que buscan, encuentran, pierden y en algún caso hasta sufren o desestiman la felicidad. Se trata de una puesta que tiene la enorme virtud de sostener la atención del espectador durante toda la función, con un ritmo tan preciso que no da chance a la platea de distraerse ni aburrirse.

¿Qué es la felicidad? ¿Se puede ser realmente feliz? ¿De qué depende la felicidad? Estas y otras preguntas se hacen los personajes de esta obra que sube a escena en el teatro Metropolitan; y también se las hacen los espectadores a la salida de la función.

Maldita felicidad, escrita por Agustina Gatto, con versión y dirección de Daniel Veronese, propone desborde y mesura, entretenimiento y profundidad, comicidad -sobre todo- y drama, realismo y absurdo. Busca permanentemente el equilibrio y lo logra.

Al comienzo, el desequilibrio de Peter (Echarri), un escritor que se deprime ante el éxito, sugiere una puesta con predominio del desenfreno; pero pronto los personajes se van delineando y sus comportamientos van cobrando verosimilitud. Tal vez al principio la obra insinúa un planteo más superficial, por el desborde de la situación inicial; pero enseguida los roles se definen y la historia encuentra “felizmente” su cauce.

La felicidad no es solo un sustantivo abstracto. Es lo más concreto -el fin último de la vida humana, según Aristóteles, cita que aparece en la obra- a lo que desea llegar cualquier ser humano; ¿pero eso es posible?

Guido (Portaluppi) y Celeste (Krum) constituyen un matrimonio. Son dueños de una pequeña editorial que publicó la primera novela de Peter, un peculiar escritor. La pareja recibe en su casa al autor para celebrar que su obra se convirtió en best seller, mientras acarician la felicidad. Aunque Peter no cree que haya nada que festejar. “Triunfar es insoportable”, sentencia un escritor abrumado por su logro; deprimido ante la posibilidad de ser feliz.

Inés Palombo, Carlos Portaluppi, Paola Krum y Pablo Echarri, el elenco completo de "Maldita felicidad", una obra con un ritmo muy eficiente y marcado. Foto: Prensa

Vínculos complejos

Los une no sólo una relación comercial, sino también una amistad; y entonces aparecen las complejidades de los vínculos, abordadas con humor. Y a veces con dramatismo. Pero inmediatamente surge el verdadero conflicto, que se instala con fuerza y atraviesa todas las situaciones, aunque no siempre se manifieste expresamente.

Un conflicto que pone en riesgo la felicidad de Guido y Celeste, que ven amenazada la posibilidad de crecimiento de su editorial emergente. Una gran editorial ha tentado a Peter con un contrato irresistible y eso los dejaría fuera de juego. Entonces deciden ayudar al novel escritor en su proceso creativo para que se sienta comprometido a publicar su próxima novela, cuyo tema será la felicidad, con ellos.

Llega a continuación Ari (Palombo), amiga -o un poco más que eso- de Peter, que será sometida a una entrevista, como parte de la investigación sobre la felicidad. Allí, entre los cuatro, empezarán a aflorar los dolores, miserias y felicidades de cada uno.

Aunque no es el tema central, el recorrido que hace la pieza sobre el proceso creativo de un autor es interesante: el bloqueo, el desbloqueo, la investigación, la inspiración. Y la necesidad de escribir sobre las obsesiones.

La escenografía recrea el living de la casa. En ese espacio, los personajes beben vino y whisky permanentemente, y aunque no se habla sobre la bebida, las acciones insinúan la necesidad de tomar alcohol no tanto para celebrar, sino más bien para soportar la felicidad y la infelicidad, según corresponda.

En síntesis, es una propuesta seductora por su elenco convocante, por el humor y por los debates que propone sobre la felicidad, la creatividad, los vínculos humanos, la soledad y la verdad. También porque Carlos Portaluppi es garantía de buen resultado; un actor con una destreza enorme para arrancar carcajadas -a veces apenas con sutiles gestos, miradas, tonos de voz- y conmover.

Pablo Echarri y Paola Krum, en "Maldita felicidad". La obra reflexiona sobre la amistad y también sobre el bloqueo y la inspiración de los artistas. Foto: Prensa

También porque Paola Krum y Pablo Echarri vuelven a encontrarse en una ficción -y el público lo celebra- y convencen con sus actuaciones; aportan a sus personajes y a la relación entre ellos, los matices que van requiriendo. Y porque Inés Palombo logra una muy buena composición, que logra ponerse en sintonía con el resto. El mayor logro de Maldita felicidad es que hace felices a los espectadores durante la casi hora y media que dura la función.

¿Por qué ese título? ¿Cuál es la intención? Maldecir la felicidad para, paradójicamente, invitar finalmente al público a no dejar de buscarla. Maldecir la felicidad cuando se vuelve insoportable. Maldecir la felicidad cuando les pertenece a otros. Pero defenderla, como un poeta uruguayo defendía la alegría.

Ficha

Maldita felicidad

Calificación: Muy buena

Elenco: Pablo Echarri, Paola Krum, Carlos Portaluppi e Inés Palombo Libro: Agustina Gatto Versión y dirección: Daniel Veronese Dirección de arte: Nico Rejlis Escenografía: Rodrigo González Carrillo Iluminación: Matías Sendón Vestuario: Lara Sol Gaudini Funciones: Jueves a domingo Teatro: Metropolitan, Corrientes 1343, CABA

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