Ariel Ardit y sus mil vidas: luchador de catch, cantor del Himno para la Selección y Maradona y un tanguero con Sandro metido bajo la piel


Un día, hace siete años ya, Ariel Ardit (51), sinónimo del tango contemporáneo, empezó a sentir la necesidad de buscar otros caminos interpretativos y sorpresivamente -o no tanto, como se verá- eligió el repertorio, produjo y grabó Sandro Así, disco que vio la luz en la última Quinta Luna de Cosquín y presenta el 13 de marzo en La Trastienda.
Cuando en 1998 debutó en “El boliche de Roberto”, en Almagro, lo bautizaron Gardelito y con su voz dio la vuelta al mundo como cantor de la Orquesta El Arranque y luego como solista. Su pasión por Gardel es tal que lo lleva tatuado en el brazo y en 2015, a 80 años de su fallecimiento, realizó el homenaje con la Orquesta Sinfónica de Medellín en el aeropuerto Olaya Herrera, donde murió en 1935.
Previamente Ariel Ardit hizo de todo: mozo, parrillero, trabajó en un sex shop, fue “El Joven Fama” en Los Colosos de la Lucha, la troupe de Mister Moto, su ídolo. Ya consagrado, le cantó el himno nacional a Diego Maradona en Dubái y siete veces -seis en el Monumental y una en la cancha de Boca- a la selección de Scaloni.
Con dos premios Gardel (Álbum Artista Masculino de Tango), un Konex (Cantante Masculino de Tango de la década) y dos nominaciones a los Grammy Latinos, el racconto de la vida artística del cantor cordobés no comienza por el Zorzal criollo sino por el Gitano.
Primero, Sandro
-Tu romance con el escenario empezó en el teatro Luz y Fuerza de Córdoba. Tenías cuatro años, camisa de raso azul y cantaste “Rosa Rosa”.
-¡¿Podés creerlo?! Mi abuela -Blanca, pero yo le decía “La Bele”- era jefa de hemoterapia del Hospital de Clínicas y alquiló el teatro para que actúen su hija -mi mamá, Adriana Oviedo, cantante de folclore- y sus otros dos hijos, Guillermo y Daniel. Ellos hacían imitaciones, y me subieron a cantar Rosa Rosa, que lo hacía en las reuniones familiares. Tengo como las fotitos de esa noche, la camisa de raso azul que me hizo doña Calandra, la modista, el vértigo que me daba el escenario y el murmullo de la gente cuando canté. O sea, mi carrera empieza como imitador.
Ariel Ardit, una voz prodigiosa a la que todos los géneros le quedan bien. Foto: Ariel Grinberg -¿Solo de Sandro?
-De él y del “Hacha” Ludueña, ídolo de Talleres. Mi tío hacía de “El Negro” Brizuela, el relator más famoso de Córdoba, yo tenía una peluca lacia como el pelo de “El Hacha”, la camiseta y el shorcito de Talleres. Ese fue mi debut.
-¿Cuál de tus tíos imitaba a Sandro?
-Guillermo, el abogado, que estudiaba mientras viajaba con los shows de provincia a provincia. Mis tíos eran recontra fanáticos de Sandro, sonaba todo el día en el Winco, tenían la guitarra parecida a la suya, veían sus películas… Se retiró cuando murió su hermano Daniel, mi padrino. Guillermo fue al primero que le conté de mi disco y no lo podía creer, porque yo era su sobrino “el tanguero”.
–Sandro Así, ¿puso contra las cuerdas al cantor de tango, fue tan intenso como parece?
-Fue mucho más que intenso, fue traumático. Me planteaba mi papel en el tango, no me gustaba cómo estaba cantando, sentía que tenía que hacer otra cosa, pero también era como despojarme de algo que es lo más importante de mi vida. Me arrimé al flamenco y después apareció Sandro. Tampoco sentí que me estaba corriendo muy lejos, porque ya estaba ahí.
-Nunca se había ido…
-Claro. Cuando tenía ocho años vinimos a Buenos Aires con mi vieja y César, mi hermano. Y tengo imágenes del departamento donde vivimos con mis tíos un tiempo, que seguían escuchando Sandro todo el día y en el baño había un duchador con un caño flexible, negro como un micrófono, y yo cantaba Atmósfera pesada.
Ariel Ardit, a los 4 años. con la guitarra de sus tíos. Cantaba “Rosa Rosa”.El fútbol, otra gran pasión
-Igual, excepto cantar en la ducha, te concentraste en el fútbol.
-Soy hincha de Talleres y quise ser futbolista. A los catorce me probé en River y en Huracán, no quedé. Venía de Los Paraísos, un barrio de Córdoba y acá todavía se conservaba eso de los chicos jugando en la calle. Salía del colegio y con mi hermano nos íbamos a jugar al fútbol a la feria de San Nicolás o a la plaza Petronila con los amigos, que con algunos todavía me veo.
-Con los años volviste a River, no con una pelota sino con un micrófono para cantarle el Himno a la selección. La última vez, el 23 de marzo de 2023 en “la fiesta de los campeones”, hasta hiciste llorar al Dibu.
-¡Fue muy emocionante! Uní las pasiones de mi vida, cantar y el fútbol. Es hermoso cantarle el Himno a los jugadores de la selección, soy el que más veces lo hizo, seis en la cancha de River y una en la de Boca. Propuse hacerlo a capela en 2018 y en 2021 me llamaron. Y todas las veces le fue bien a la selección, como en el 4-1 a Brasil y el 3-0 a Uruguay. Imposible explicar qué se siente, creo que nadie lo disfruta más que yo.
Ariel Ardit, cantando el Himno antes de un Argentina-Perú, en el Monumental. Foto: Captura TV-También se lo cantaste a Maradona en Dubái.
-Es al primero que se lo canté. Ya lo había grabado en versión tanguera en homenaje a mi abuela y lo incluí en el disco Yo lo canto hoy. Ese mismo año, 2013, sale un viaje con mi orquesta para ir a Dubái, Vietnam e Indonesia. En el avión rumbo a Dubái, que íbamos con la misión de 300 empresarios Pymes, avisan que está invitado Maradona.
Cuando me estoy cambiando para el show de pronto lo veo a Diego solo, sentado, en la otra punta del vestuario. No quise ser “el plomo que lo joda” y no me arrimé, pero por un mozo le hice llegar el demo del Himno. Empiezo el show, al rato: “Imagino Diego que te vas a cantar un tema”. Con el dedo en la tapita del disco -que tenía la bandera argentina- me dice: “No, Fiera, lo único que sé entero es la letra del Himno”.
¡Me tiró un centro! Se paró delante mío y se lo canté. Ovación total por Diego, le acerco el micrófono: “Les quiero agradecer que estén acá porque estar afuera de la Argentina, ustedes no saben lo que es… es como que tu vieja te niegue un beso”. ¡Tremendo!
El Joven Fama, Mister Moto y Gardel
Ariel Ardit y Mister Moto, en uno de los conciertos del cantor.-Otro de tus ídolos fue Mister Moto, ¿cómo lograste ser luchador de su troupe?
-Lo veía en Titanes en el ring, su personaje me llamaba la atención por varias cosas, por el lomo que tenía, la moto, la rubia linda que llegaba con él… ¡Practicaba en casa con mi hermano tirándolo de los muebles! Y mirá lo que son las cosas en segundo año de secundaria entra un alumno nuevo, Alejandrito Rodríguez, ¡el hijo de Mister Moto!
Nos hacemos compinches y le cuento que soy fanático de su papá. A los días vamos al gimnasio, Thames y Santa Fe, me lo presenta, me invita a ver el entrenamiento y cuando termina le digo a Mister Moto que quiero luchar: “Lo que pasa es que estos muchachos son grandotes”. Medio como que me tocó el orgullo: “¿Si me pongo más grandote puedo luchar?”. Me mira: “Vení al gimnasio, no te cobro nada”. Iba todos los días a entrenar gratis y en seis meses aumenté ¡veintidós kilos! Empecé a luchar, me quebré varios dedos, pero disfruté mucho esos dos años y pico.
-¿Cuál era tu personaje?
-“El Joven Fama”, el más chiquito de Los Colosos de la Lucha, la troupe que Mister Moto había armado en paralelo a Titanes… Los fines de semana íbamos a clubes o colegios que nos contrataban. Mi traje era muy gracioso, malla de lycra con hilos dorados y botas. Después, Mister Moto se fue a vivir a España a armar una troupe, trabajó en circos, pasaron muchos años y un día vuelve, abre un diario y ve que yo era un tipo que cantaba tangos. Así nos reencontramos, ha ido a ver mis shows varias veces.
Ariel Ardit dice que su trabajo más divertido fue en un sex shop. Foto: Ariel Grinberg-En el camino trabajaste de parrillero, mozo, vendedor ambulante…
–El trabajo más divertido que tuve fue en un sex shop, uno de los primeros que había en Argentina, tenía un rol principal en el depósito porque clasificaba los productos importados. También fui mozo y lavacopas, después cubrí un tiempo la parrilla.
En el que más duré fue en el negocio de fotografía, cinco años en los que renuncié tres veces, buscaba algo de menos horas para estudiar canto, y la tercera les dije: “Esta es la última, no vuelvo más”. Había entrado en la Orquesta El Arranque y no volví, ¡todavía!
-Nada parecía indicar lo que vendría.
-Mi mamá cantaba recontra bien, mis tíos eran graciosos, les iba muy bien a cada uno en su profesión y me daba vergüenza confesar que me quería dedicar a lo mismo. Sólo cantaba en los cumpleaños y en las pruebas de sonido de los shows de mis tíos. Hasta que al final le conté a mi vieja: “Entonces, estudiá canto”, me aconsejó.
Ariel Ardit comenzó estudiando canto lírico, con un profesor que vivía en el mismo departamento que su familia. Foto: Ariel Grinberg-¿Por qué lírico?
-Porque había un maestro en el edificio. Mi idea era estudiar cinco años, audicionar e ir a Europa para seguir formándome. Pero a los 19 o 20 años, apareció Gardel. Fue un viernes a la noche jugando al truco con mi tío Vardi -hermano de mi abuela-, mis tíos, mi hermano y yo. Mientras jugábamos se escuchaba Mercedes Sosa, Nino Bravo, Queen, Sandro, Víctor Heredia, Serrat y Gardel… ¡que me llevó puesto!
Recuerdo esa sensación corporal que me produjo escucharlo, porque hacía de una manera natural lo que me sonaba a veces medio artificial en el canto lírico. Gardel apareció con una contundencia tal que apenas dije “Yo soy esto”, estaba trabajando en Europa, giras con El Arranque, grabando discos. El tango fue como ir a probarme un traje y que no haya que hacerle ningún arreglo.
Rosas y cosas maravillosas
Recién llegado del Festival de Tango de Medellín, recuerda que Sandro volvió a su vida hace tres años en el show que hacía con Lidia Borda en el Torquato Tasso, donde decidieron cantar un tema suyo cada uno.
Grabó Sandro Así, entre diciembre de 2024 y julio de 2025, con arreglos de Dani Vilá y Noelia Sinkunas, eligió: Penumbras, Porque yo te amo, Quiero llenarme de ti, Trigal, Así, Rosa Rosa, Cómo te diré y el rock Atmósfera pesada.
Al relatar cómo fue realizar el arte de tapa -en donde por decisión propia no está ni su imagen ni la de Sandro- describe asombrado dos hechos dignos de la magia gitana:
Ariel Ardit se dio el gusto de hacer un disco con canciones de Sandro, que presenta en La Trastienda el 13 de marzo. Foto: Ariel Grinberg“Le cuento a Douglas Delfino -artista que ha hecho asistencias de diseño para Madonna y Caetano Veloso– que quiero simbolizar el arte de Sandro. Él no lo conocía y a los días me propone: ‘Imaginé que el arte de él le brota y son muchos cantores, por eso son rosas’. Le pregunto si había escuchado Rosa Rosa y me contesta que no. ¡Increíble!
El segundo, fue antes de un show en Funes, Santa Fe. Joel Tortul, el pianista dueño del lugar, me pide que lo acompañe a buscar una bolsa de carbón al galpón -allí guarda objetos del almacén de ramos generales que tuvieron sus padres- y lo primero que veo ¡un maniquí viejo! Me lo regaló. Senté el cuerpito, le puse el cinturón de seguridad, ¡y vine por la ruta manejando con el maniquí que iba a terminar en la tapa de mui disco a mi lado!”.
-Y este 28 de enero llevaste a Sandro a Cosquín. Fuiste con tu saco con solapa de raso negro, forrado con rosas como el pañuelo de bolsillo.
–¡Me la jugué! Y sí fui ¡con mi super saco! Fue una gran travesura, Cosquín es un festival de folclore y, si bien afortunadamente ya hace tiempo que se viene abriendo a otras expresiones, los otros dos años fui como cantor de tango. Entonces le avisé a la Comisión: voy a hacer Sandro porque saqué un disco con sus temas y me dijeron, “Bueno”. Fui con todo y me encantó hacerlo.
La tapa de “Sandro Así”, el nuevo álbum de Ariel Ardit. Foto: Prensa-El público del tango es especial, pero Las Nenas son leyenda. ¿Qué les dirías a ellas?
-Lo que siento. Llegué a Sandro por una gran admiración y un gran respeto, y este disco es una mirada muy cariñosa y muy respetuosa hacia él y me encantaría que les guste.
-¿Qué dijeron tus nenas?
-Mis hijas Nina (19) y Renata (tiene 17) son curadoras de este repertorio y de las fotos. Han ido acompañando el proceso, sus opiniones son muy importantes porque tienen una mirada generacional muy diferente a la mía.
-¿Y tu mamá?
-Mi vieja… ¿Sabés que me sorprendió, porque de entrada fue a la única que no le pareció piola la idea? Para mí le daba miedo cómo lo iba a tomar la gente del tango. Después cuando lo escuchó le encantó y el tema que más le gustó es ¡un rock”, Atmósfera pesada. Y la que no había confiado, me dijo: “Yo que soy tu mamá te aseguro que te va a ir bien y haceme caso, tenés que ir a Cosquín, pararte en esa plaza y cantarle Atmósfera pesada, porque las que escucharon a Sandro se van a acordar lo que les pasaba, porque a mí me pasó cuando lo vi en Río Ceballos: ¡se volvían locas!”.
-¿Vas a seguir siendo cantor de tango?
-¡Sí! El público tanguero se empezó a expresar sutilmente. Mensajes cuando subí a mis redes el flyer que iba a Colombia: “Eso es lo tuyo”, “No dejes nunca el tango”, “Por favor, ¡volvé al tango!”. Hay una cosa como de vida o muerte en esta concepción sobre lo que hace el artista, Sandro lo puedo cantar un año o toda mi vida, pero ¿por qué dejaría el tango? Además, me escucho y está el cantor de tango en esas canciones, me reconozco ahí. Soy un tanguero que se metió en la piel de la música de Sandro.



